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Pedro Muñoz Seca

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Pedro Muñoz Seca se convirtió durante los años 20 y 30 del siglo XX en uno de los autores con más éxito y más representativo del teatro de principios de siglo, equiparable a otros autores de su época como los hermanos Joaquín y Serafín Álvarez Quintero, Carlos Arniches, e incluso, al Premio Nobel de Literatura, Jacinto Benavente.

Muñoz Seca nació en El Puerto de Santa María (Cádiz) el 21 de febrero de 1879 en el seno de una numerosa familia. Respecto a su fecha de nacimiento, el propio autor creó un equívoco situándola en 1881 por su peculiar afición a los números capicúa. Los estudios primarios los realizó en el Colegio de San Luis Gonzaga, perteneciente a los Padres Jesuitas, donde fue compañero de estudios de Juan Ramón Jiménez y Fernando Villalón.

Una vez finalizados sus estudios en El Puerto se trasladó a Sevilla, donde cursó Filosofía y Letras y Derecho concluyéndolos en 1901.

Durante esta época de estudiante, Muñoz Seca ya demostró inquietudes artísticas estrenando entre 1898 y 1899 las primeras obras de teatro en su ciudad natal: República estudiantil, Un Perfecto de pasivas o El señor de Pilili. Será en el último año del siglo XIX coincidiendo con su estancia sevillana cuando el joven autor teatral ponga en escena Las Guerreras, en el Teatro del Duque.

Finalizados sus estudios universitarios, el autor se trasladó a Madrid movido por dos objetivos: obtener el título de Doctor en Derecho y abrirse camino en el mundillo teatral. Al poco tiempo de establecerse en la capital de España comenzó a trabajar impartiendo latín, griego y hebreo entrando posteriormente en el bufete de D. Antonio Maura.

En una de las tertulias a las que habitualmente asistía, Muñoz Seca conoció a Sebastián Alonso con quien estrenó El contrabando en el Teatro Lara en 1904. En 1908 consiguió un puesto en la Comisaría General de Seguros, dependiente del Ministerio de Fomento. Poco después contrajo matrimonio con Dª. Asunción Ariza Díez de Bulnes, con quien tuvo nueve hijos.

Paralelamente, el comediógrafo comenzó a colaborar en revistas que se encontraban entre la prensa más prestigiosa de España a principios de siglo: “Blanco y Negro”, “La Ilustración Española y Americana” y “Nuevo Mundo”.
A partir de 1911, la figura de Muñoz Seca se consolida como autor teatral y empieza a colaborar con diversos autores destacando entre ellos Pedro Pérez Fernández a quien conoció en 1911. La primera obra conjunta de los dos se tituló Por Peteneras y la colaboración de ambos se sitúa por encima de las 100 obras. Otro colaborador importante será Enrique García Álvarez. En 1914 estrenan Fúcar XXI, obra escrita en común por los tres autores.
En el teatro de Muñoz Seca se va perfilando una peculiar forma de hacer comedia: el astracán o astracanada, subgénero que exagera y deforma hasta lo increíble los rasgos cómicos utilizando todo tipo de recursos con el único fin de hacer reír. Se considera al autor portuense su creador.

Se iran sucediendo estrenos y éxitos importantes: Trampa y Cartón (1912), El roble de la Jarosa (1915), Los cuatro Robinsones (1917), El rayo (1917), etc.

La venganza de don Mendo con el subtítulo de “caricatura de tragedia en cuatro jornadas, escrita en verso, con algún que otro ripio”, se estrenó el 20 de diciembre de 1918 en el Teatro de la Comedia. Es la obra maestra de Muñoz Seca y parodia al teatro romántico, tan en boga en los escenarios españoles de principios de siglo. De esta genial obra merece destacarse la calidad y variedad de la versificación y el gran dominio de los recursos humorísticos.

Tras el estreno de La venganza de don Mendo, su popularidad alcanzó las cotas más altas y su producción teatral fue muy abundante, cosechando grandes éxitos: La pluma verde (1922), Los chatos (1924), La tela (1925), Los extremeños se tocan (1927) “opereta sin música pero con cantables y evoluciones”; todas estas obras en colaboración con Pérez Fernández. En su obra hay una cierta evolución porque abandona el costumbrismo de los Quintero y se afianza en la astracanada con cierto acercamiento a la alta comedia.

Muñoz Seca, monárquico convencido y con amistad con Alfonso XIII, no ocultó su postura tras el advenimiento de la II República en 1931. El número de obras estrenadas disminuye, pero no el éxito: La Oca (1931), La voz de su amo (1933), Anacleto se divorcia (1932), La EME (1934), La plasmatoria (1935). En estas obras predomina la alta comedia astracanada y la comedia de salón con elementos culturales, posiblemente en respuesta a la crítica.

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