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"CORREAS, LA VOLUNTAD DE VIVIR" (NUESTRA CRÍTICA)




“Enseñar”...


Muchas veces el teatro resulta ser una poderosa herramienta educativa. Si bien por medio de esta disciplina, hay oportunidades en las que podemos perdernos en mundos llenos de fantasía, también podemos conocer y hasta aprender sobre personajes y acontecimientos reales.

El teatro del Pueblo es un espacio que hay que apoyar y defender, en primer lugar porque sus propuestas son muy interesantes y en segundo para evitar su cierre.
Esta vez tuve el placer de ver una lección de teatro, no sólo por sus actuaciones, sino por la creación misma de la obra. "Correas, la voluntad de vivir" te susurra al oído, te acaricia el alma y a la vez te abre la cabeza.

Carlos Correas fue un profesor de filosofía, traductor, narrador y hasta crítico cinematográfico, quien tuvo un desenlace muy triste cuando se quitó la vida a los 70 años. Carlos fue homosexual y heterosexual, condición que se retrata a la perfección gracias a la interacción con los otros dos personajes que tiene la obra, una prostituta y el fantasma o recuerdo de su amante. La obra sumamente sensible y detallista nos contará las vivencias de este personaje aquejado por sus culpas y demonios.

El trío protagónico es una delicia, está realmente sublime y da cátedra de actuación. Como Correas está Raúl Rizzo, Johanna es María Zubiri y Pablo es Daniel Toppino. Raúl aplica una sensibilidad impactante a su personaje, en la que considero es una de sus mejores interpretaciones. A María la vi por primera vez y quedé maravillado por su performance, su entonación y movilidad en el escenario son perfectas. Daniel le pone todo su ímpetu a un personaje pintoresco, casi tragicómico.
La pieza de Bernardo Carey es perfecta para la puesta de Daniel Marcove, este logra una simbiosis entre actor / personaje que delata su mano experimentada.

"Correas, la voluntad de vivir" es una obra que si te gusta el teatro, no puedes dejar de ver. Grandes actuaciones y un libro ajustado a la obra, que parece lograr la perfección en este querido espacio.

GUSTAVO MARTIN SCUDERI
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