Enviar
Red Teatral
locos por los musicales

Categorias


Noticias

Articulos

¿POR QUÉ EL TEATRO?




Cuando poética y ocio se dan la mano, surge la magia


¿Por qué el teatro? Hoy que tenemos cines y películas que vuelven real lo imposible. Hoy que tenemos el cine en casa, que los dibujos se mueven y ya incluso son pixelados por programas informáticos… ¿por qué algo tan arcaico?¿Por qué repetir una y otra vez los mismos patrones, los mismos movimientos, las mismas frases una y otra vez...? ¿Por qué?

Aparentemente, la idea de teatro cobra sentido para una sociedad de trabajo estructurado y capacidad económica desenfadada, en las que irremediablemente urge un afán de desentendimiento con la rutina, de libertad, de dar un sentido al trabajo, a la propia vida. Esta explicación sería la más adecuada para razonar la proliferación de este arte en el la Grecia clásica y su transmisión a otras culturas. Así pues, la función de entretenimiento queda constatada aún hoy. Nadie que haya visto más de una representación en su vida se atreverá a decir lo contrario. Y aún habiendo presenciado un guión soporífero, tendrá que reconocer el mérito ocioso que éste consiguió.

Pero hoy nos sobra entretenimiento. Desde el deporte hasta los viajes más distantes, hoy puede hacerse casi cualquier cosa para justificar nuestra existencia… incluso la labor representativa del teatro ha sido “tuneada” para narrar a través de una pantalla. Y, con todo, hoy salgo a pasear por la Gran Vía de Madrid y, apenas recorridos unos metros, es un teatro lo que me encuentro, son dos, tres… con gente esperando en las taquillas para conseguir una entrada… no sólo esperando distraerse, sino esperando presenciar TEATRO.

Igual que obviamos la presencia de la pintura como arte, igual que valoramos la figura del pintor, que crea con sus manos, a pesar de poder fotografiar o imprimir imágenes en nuestra propia casa. Como aceptamos y esperamos los conciertos de música, durmiendo en la calle, asegurándonos entradas para escuchar lo mismo que suena a través de los auriculares del MP3… Igual que comprendemos todos estos matices que nos enriquecen, igual asimilamos la capacidad teatral como arte, como una obra que no acaba ni al bajar el telón, una creación que permanece latente, en un libreto o en una mente, hasta que alguien sube al escenario y deja que hable con su voz, que camine con sus pies… pero es tan etérea, más que una melodía que un cuadro, que reflejará lo mismo una y otra vez tendido en su pared.

Desde el mismo momento en que alguien enfatiza un relato, en que cambia la voz al emular el personaje de un cuento, desde ese momento en que queremos transmitir algo más que el simple mensaje y hacer partícipe al interlocutor para que sienta lo que sentimos, para darle lo que los griegos bautizaron como “catarsis”, desde ese momento estamos creando, haciendo un arte con nuestro cuerpo y nuestra palabra… estamos haciendo teatro.

Arthur Miller, dramaturgo estadounidense, decía que el teatro no puede desaparecer porque es el único arte donde la humanidad se enfrenta a sí misma. En cierta forma, ¿no es esa la finalidad del arte?, abordar nuestra propia psique materializándola para fundirla con un entendimiento colectivo.

Puede que el teatro surgiera como una respuesta lúdica a la paideia poética de la sociedad antigua, puede que sea un recurso metalingüístico para la comunicación, o una extrapolación de la evolución novelístico-narrativa… más bien, puede ser cualquier cosa desde el momento en que, ya bien sentado en una butaca, bien sobre el escenario o dirigiendo los focos, el mundo se rehace en cada acto y nos involucra en su propia realidad como si se tratara de un hechizo, de… magia.

Javier de la Morena Márquez

google+

-->