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AQUARIUS (NUESTRA CRITICA)




El film político y humano dirigido por el cineasta brasilero, llega a las salas porteñas...


KLEBER MENDONÇA FILHO: “La memoria no está vista como un elemento lucrativo y eso es muy fuerte”.

Aquarius, el film político y humano dirigido por el cineasta brasilero, llega a las salas porteñas.

El film del brasilero Kleber Mendonça Filho, con el impecable protagónico de la talentosa y siempreguapa Sonia Braga, que vio la luz en la Competencia Oficial de la última edición de Cannes y que fue premiado en festivales como los de Mar del Plata, Biarritz y Lima, se estrenó esta semana en la cartelera porteña.

Un lujito que me di en noviembre pasado en “la feliz” fue, sin duda, haber formado parte de los cientos de almas que aplaudimos a rabiar este maravilloso film que se proyectó en el Teatro Auditorium, en el marco del 31º Festival Internacional de Cine de Mar del Plata y que mereció, era cantado, el valioso premio del público, para empezar.
Narra la historia de doña Clara, una crítica musical jubilada de 65 años, viuda y madre de tres hijos emancipados, que vive sola, rodeada de su música y sus recuerdos, en un viejo edificio de los años '40, llamado “Aquarius”, con una privilegiada vista al mar en la costanera de Recife, Brasil. Pero una corporación inmobiliaria ha comprado el resto de los departamentos y le ofrece mucho dinero para que lo abandone con la intención de construir allí un moderno emprendimiento. Cuando ella se niegue, iniciarán todo tipo de presiones y hostigamientos (legales y de los otros).

Clara, interpretada por Sonia Braga –Astor de Plata a Mejor Actriz en el Festival de Mar del Plata-, es una mujer sabia, culta, inteligente, valiente, luchadora, frágil y fuerte a la vez. La película tiene dos ejes bien diferenciados que, sin embargo, hacen parte de un mismo relato.

Por un lado, se centra en los mundos íntimos que hacen a la historia de punto de apoyo. La solitaria vida de Clara, como detenida en el tiempo, en su departamento que mira al mar. La vemos quitarse la ropa y mostrar una cirugía de extirpación de seno que da cuenta de un cáncer superado hace décadas y que lleva dignamente como estandarte de guerra; la vemos ducharse, hacer sus ejercicios matutinos, desayunar, ir a nadar al mar. La vemos saludar a los guardavidas de la costa con familiaridad, “Tenga cuidado doña Clara”, le aconsejan. Presenciamos su intimidad, sus discos de vinilo -que escucha para que escuchemos-, la estrecha y fiel relación que mantiene con su criada, la presencia en su vida de un sobrino, a quien siente más cercano que a sus propios hijos… la vemos discutir con su hija que, ajena a la realidad de su madre, recurre a ella solo para que cuide de su pequeño hijo… En el fondo, este relato de base nos habla –también- de la soledad que llega, a veces, con el paso del tiempo y que va tejiendo un hilo que atraviesa el imperativo de la sexualidad, el miedo a los robos y otras consecuencias que Clara aprendió a resolver con hidalguía.

El otro eje, que se apoya en el anterior y que es el que hace avanzar al relato, es el político. Clara resiste a las presiones de los nuevos dueños del complejo edilicio “Aquarius”. Resiste casi como una obsesión. Su temperamento la obliga a plantar bandera y defender su territorio. Se juega, entonces, allí, una fuerte dicotomía entre la memoria colectiva y el espíritu lucrativo con un final impactante.

Sonia Braga, Genio y Figura.

La rutilante estrella del cine brasilero, con grandes interpretaciones en su haber, como la de la memorable “Doña Flor y sus dos maridos”, la de “Gabriela Cravo y Canela”, ambas dirigidas por Bruno Barreto sobre libros del gran escritor baiano Jorge Amado. Con su extensa trayectoria en Hollywood, dirigida nada menos que por Robert Redford en “Un lugar llamado Milagro”, por Clint Eastwood en “El Principiante”, junto a Charlie Sheen y Raúl Juliá con quien también co-protagonizó –con William Hurt- un film que marcó toda una época, como es “El beso de la mujer araña”, de Héctor Babenco y cuya espléndida labor le valió su primera nominación a los Globos de Oro. La actriz icónica de la época de oro de las telenovelas brasileras de O Globo,entre ellas la inolvidable "Dancing Days", además, con todo ese bagaje de experiencia y su fino talento, da vida -en “Aquarius”- a una Doña Clara, humana, creíble, profunda. Una mujer sabia que libró las mil batallas. Una mujer digna, entera, frágil y fuerte a la vez. Un papel que le va como anillo al dedo y que la muestra consolidada como una actriz de porte.

Kleber Mendonça Filho, director de Aquarius.
Luego de la proyección del film en el 31 Festival de Cine de Mar del Plata, el cineasta dio algunas precisiones acerca de su film:
Sobre la música: “Tengo una relación muy fuerte con los discos, libros, fotografías… La música es una serie de documentos que atraviesan nuestras vidas. Nosotros cambiamos pero la música sigue siendo la misma. Los soportes cambian: vinilos, casettes, spotify, la música sigue siendo la misma. En muchas películas la música viene de una manera arbitraria pero yo quería que, en mi película, fuera la gente la que pusiera físicamente la música. Es como preparar una playlist para el cumpleaños de un amigo en tu casa. La banda sonora del film es muy emotiva y muy personal.”

Sobre el edificio “Aquarius”: “El edificio real se llama Oceanía. En una época, la moda era poner esos nombres a los edificios costeros: Agua, Mar, Atlántico, Pacífico, Poseidón, Nautilus, Náutico, Costanera, entonces busqué un nombre en esa línea, que fuese corto, sonoro y propio: “Aquarius”. Escribí el guión para otro edificio que fue demolido antes de poder hacer la película. Este es el único que sobrevive.”

Sobre trabajar con Sonia Braga: “para mí es muy especial porque Sonia es parte de mi vida, de la misma manera que Al Pacino es parte de mi vida. Ella ahora es mi amiga. Se enamoró del guión y lo interpretó enseguida. Fortaleció el personaje de Clara porque es una mujer muy fuerte. Cuando Clara discute con los hijos, después del almuerzo, es Sonia discutiendo con los hijos que no tuvo.”

Sobre el mensaje de la película: “La memoria no está vista como un elemento lucrativo y eso es muy fuerte”.

Por: Adriana Muscillo, para Redteatral.


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