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CALÍGULA, EL MUSICAL (Nuestra Crítica)




"Perversiones"...


Todas las obras del dúo Cibrián-Mahler son garantía de calidad, y más allá de que sus piezas tienen fieles seguidores, siempre suman nuevos espectadores. Se podría decir que son un clásico dentro de la cartelera de Buenos Aires y año tras año nos traen nuevas obras o bien sus reposiciones, como es éste el caso.

“Calígula” se estrenó en al termino de una época de por más triste en nuestra historia como país, la dictadura; y a Pepe se le ocurrió hacer un paralelismo llevando a las tablas en San Telmo, justamente, la historia de éste déspota, un demente y degenerado, como lo fue quien se convertiría en emperador de Roma, tras asesinar a su antecesor y padre adoptivo, Tiberio.

A uno se le viene a la memoria la controvertida película del reconocido director erótico, Tinto Brass de 1979, film que pasó por diversos problemas, al punto de pedir que se sacara de los créditos finales a justamente su director y a diferentes actores que supieron ser y hoy en día son astros reconocidos a nivel mundial (Hellen Mirren, Malcolm Mcdowell, Peter O´Toole).
Como dato curioso, la misma fue producida por la revista “Penthouse”, quien decidió añadir al corte del director que duraba 110 minutos, 45 más, de corte netamente condicionado, éste fue el motivo por el cual muchos de los artistas decidieron bajarse de la edición final.

Es fácilmente reconocible que esta puesta (que ya se había reformulado en el 2002) sin caer en la vulgaridad o lo obsceno, logra transmitir el clima transgresor de la película. La música también se re-adaptó para esta puesta 2013, donde nuevamente vuelve a brillar y a ser necesario su protagonista excluyente: Damián Iglesias.

Es muy interesante ver en escena una combinación extraña, pero lograda, de todo el encanto de Cibrián-Mahler con el musical más joven de Nicolás Perez Costa. Esto se dice ya que Nicolás no solo interpreta eficientemente al servidor del emperador, Mnester, sino que suya es la coreografía y también comparte escenario con muchos artistas de sus propios musicales.

Muy bien elegido el espacio teatral, ya que el Konex, resulta ideal por su amplio escenario, aunque no tanto por su prácticamente inexistente inclinación de las plateas.

En esta versión, digamos renovada, se puede percibir un cambio en su música, con más variedad de registros musicales, una puesta que juega con la desnudez, pero volvemos a repetir no llega a ser vulgar ni explicita, su mejor ejemplo es Joan Ramis, que con su esclavo, casi se presenta desnudo en el escenario y debe ser difícil no solo exponerse de esa manera, sino también entonar los temas musicales y Joan lo hace muy bien.

Si bien podríamos decir que ésta es una obra eminentemente “masculina” y el reparto femenino no tiene gran oportunidad de lucimiento; el personaje de Drusila, encarnado por la carismática y multifacética Gabriela Bevacqua, sobresale.

Pero “Calígula” es Damián Iglesias, se nota en él una maduración del personaje (por algo siempre lo viene realizando) con mención especial y dedicación del espectáculo a Cesar Pierry. Damián está estupendo, no solo en su pisada y entrega escénica, que es total, sino también cuando entona los temas musicales.

Con una excelente iluminación de Cibrián y Carlos Gaber, que realmente es participe fundamental en la puesta, “Calígula” se presenta imponente, desinhiba, aunque como gusto personal, no está tan cantada, como otras de las puestas del dúo autoral.

Es tiempo de mucho movimiento y descontento en el país, momento oportuno de llevar nuevamente al escenario a este personaje tan llamativo y provocador como lo fue el tercer César.

“Calígula” tiene todos los elementos del mejor teatro de Cibrián-Mahler, con muchos aciertos y muy pocos desaciertos, donde un gran intérprete es fundamental en su desarrollo.

GUSTAVO MARTÍN SCUDERI

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