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DESAFIANDO LA LÓGICA… CON UN PAÑUELO Y UNA MONEDA




Grandes espectáculos de magia


Resulta normal pensar en el baile, la música y la interpretación como los componentes básicos a partir de los cuales se construye cualquier tipo de espectáculo de entretenimiento y que, gracias a la combinación de estos surge cualquier disciplina… mas, si nos paramos a pensar en el concepto de entretenimiento, es posible que nos venga a la mente otra forma que ha hecho las delicias de tantos y tantos en momentos de entretenimiento: la prestidigitación.

Y es que, a pesar de sus connotaciones claramente mágicas, la prestidigitación es un arte que nació con el fin de entretener con sus artimañas y “espejismos” haciendo posible lo imposible.
No se trata de otra cosa que el espectáculo de hacer que parezca real lo que no lo es, no se trata de un engaño, sino de una ilusión, de crear algo de la nada (aunque sea en la mente del espectador), esto es, un arte; y como tal, una disciplina encaminada al goce y disfrute, al entretenimiento de quién lo presencia.

Así la magia, como cualquier otro espectáculo, no puede entenderse sin una presencia escénica, sin una presentación que la enlace, que la presente, un vehículo para su arte. Así pues, el prestidigitador es un actor que adopta el personaje de mago para hacer su magia. Esto requiere pues unos componentes dramatúrgicos muy fuertes que en muchas ocasiones van a unirse a la música y al humor, sobretodo al humor.
¿En qué quedarían los espectáculos del vaudeville si se separase el componente irónico de la propia magia? ¿Cómo se llenarían los grandes vacíos de diálogo que se dan sin una música ambiental? Y, más aún, ¿qué sería de la atmósfera mágica sin esta música, sin el atrezzo… sin la distensión y cercanía creada con el público, sin su confianza dada por el humor?
No hay más que comprar entradas para un número de magia de esos que tanto abundan para entender este principio tan sencillo de acercamiento. Los magos de pequeñas salas se valen de la comedia para aproximarse al público, para encandilarle y abrir su mente a cualquier cosa que vaya a ocurrir durante el número (¿Quién puede afirmar que no ha reído o sonreído a la vez que se asombraba con un número de Juan Tamariz?). Y es que no es fácil romper las barreras del escepticismo hoy, donde lo que no es real parece ser absurdo y dañino, en vez de misterioso y encantador…
Y sin embargo, las salas siguen llenándose para presenciar estos prodigios: cabarets donde se deja la copa para quedar boquiabierto y reír; teatros pequeños (y no tan pequeños) con aforo completo para acoger “trucos” sobre sus tablas; despedidas de solteros, cumpleaños, circos, comidas importantes, reuniones, eventos de todo tipo, inauguraciones… ¡resulta impresionante la amplia gama de posibilidades que este mundo abre con tan solo buscar ofertas en un buscador cualquiera de Internet!
Pero más llama la atención la cantidad de apariciones televisivas en las que se dan este tipo de funciones, aún cuando los medios informáticos y de comunicación audiovisual permiten engañar descaradamente al espectador. Aún así, sabiendo que es más fácil, que todo es falso… incluso conociendo la habilidad del prestidigitador y el propio truco para los más observadores, incluso así, el “zapeo” se detiene, los padres llaman a sus hijos y se detienen a presenciar “la función” desde sus casas. Ya lo probó Doug Henning, pues contra todo pronóstico consiguió probar que la televisión era un espacio tan válido como otro cualquiera para dar alas a la magia; o Mark Wilson, otro de los pioneros, con su propio espacio en cadena : “Tierra Mágica de Allakazam”…
Pero más allá de estos artistas, hay otros que han conseguido prescindir de la dramaturgia común, que con su asombrosa habilidad han sabido construir un espectáculo que se centre en la mera proeza del “truco”. Magos que se han hecho con un pequeño hueco en las listas de la historia, junto a deportistas, escritores y otros grandes de sus disciplinas: Harry Blackstone sr., uno de los grandes de la magia del vaudeville, quien instauró un perfil muy particular a la hora de presentar sus números en espectáctulos; Richiardi, uno de los ilusionistas más hábiles e innovadores que han existido; Dante, como mago extravagante de los 50’; Harry Houdini, gran mago y showman, así como una leyenda del escapismo. Una referencia para todos los magos… incluso en la actualidad… Qué decir de David Copperfield, el mago de los espectáculos a gran escala por excelencia, atravesando la Gran Muralla China o haciendo desaparecer la Estatua de la Libertad.

Aún teniendo la certeza de que hay “trampa y cartón” detrás de la actuación, la prestidigitación tiene algo más. Un algo que va más allá del hecho que se representa, más allá del escenario, que se sirve de la función para ir más allá de la observación, que se hace entretenimiento… un algo que llama a la ilusión, a esa parte de nosotros que anhela romper las barreras de lo impuesto por la realidad… ese algo que algunos consiguen con un pañuelo y una moneda tan sólo.




Javier de la Morena Márquez.

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