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ENTREVISTA A LA ESCRITORA CLAUDIA PIÑEIRO




“Para ser escritor hay que empezar por leer, de una manera bulímica, caótica, todo lo que te llega”…


Entrevista a Claudia Piñeiro en la Feria del Libro, escritora, guionista de televisión, dramaturga y contadora argentina, Claudia Piñeiro, contó cómo fueron sus inicios en la escritura y dio algunas claves para aprender a escribir.

AM: - Claudia, hay algo que me llama la atención que es cómo se originan las cosas, cómo nacen, cómo es que uno se convierte, por ejemplo, en escritor. He leído que, en un viaje de trabajo a San Pablo donde tenías que hacer una auditoría, como Gerente de Administración de una empresa, decidiste que ibas a dedicarte a escribir. ¿Cómo fue ese momento?

CP: Yo escribo desde que sé escribir, me parece que, para algunos escritores, la escritura es casi ontológica. No podés ser la persona que sos si no escribís. Después, ante esa necesidad de escribir, tuve que aprender a escribir porque una cosa es escribir y otra cosa es hacerlo bien.
Y, cuando iba a San Pablo, iba leyendo el Ámbito Financiero, que es el diario que leemos los contadores, y vi el recuadrito chiquito que decía Editorial Tusquets, concurso de novela y dije: “¡bueno, basta! Vuelvo y pido una licencia y escribo una novela”. Y, cuando volví, pedí la licencia, en ese momento no había internet, no podías rápidamente buscar las bases del concurso fácilmente, tuve que irme hasta Tusquets que, en ese momento quedaba pasando Barracas, era lejisimos, para pedir las bases y era un concurso que se llamaba “La sonrisa vertical”, que ahora van a lanzar de nuevo la colección, que era sobre literatura erótica. Así que, además de escribir la novela, tenía que ser erótica y eso ya me agregó una complicación más.
Claudia escribió, para ese concurso, “El secreto de las rubias” que no se publicó a pesar de haber quedado entre las diez finalistas del Premio. Su primera novela publicada fue “Un ladrón entre nosotros”, en 2004 —también año de su primer estreno teatral: “Cuánto vale una heladera”—, que fue distinguida por el Grupo Editorial Norma de Colombia. En 2005, publicó “Las viudas de los jueves”, por el cual obtuvo el Premio Clarín de Novela, y fue un éxito rotundo. Cuatro años después, el director Marcelo Piñeyro la llevó al cine con el mismo nombre. Alejandro Doria (1936-2009) comenzó la preproducción de la película “Tuya”, basada en la novela homónima, pero su muerte le impidió realizarla. En 2015, fue finalmente estrenada, con dirección y adaptación de guión de Edgardo González Amer y la actuación de Juanita Viale, Jorge Marrale y Andrea Pietra. En 2011, Piñeiro publicó Betibú, la cual fue llevada al cine en 2014, dirigida por Miguel Cohan y protagonizada por Mercedes Morán, Daniel Fanego y Alberto Ammann.

Sobre las versiones cinematográficas de sus libros:

AM: - ¿Una vez finalizada la obra, el escritor murió, simbólicamente? Digo, la obra está finalizada, ahora es de ustedes: tómenla, interprétenla, háganla…

CP: Tal cual. Yo lo noté, por primera vez, en la feria del libro porque, cuando salió La viuda de los jueves, el libro salió cerca de diciembre, vino todo el verano, hubo presentaciones pero todavía la gente lo empezaba a leer. Cuando llegué a la feria en marzo, en la feria del libro, cuando se hizo la presentación oficial, después de todo el verano, que lo había leído todo el mundo, me siento y la gente me empieza a hacer preguntas y me empieza a decir cosas del libro que, para mí, no tenían nada que ver con lo que yo había escrito. Y ahí sentí que el libro ya no era mío. Porque, aparte, yo no le podía decir: No, no es como vos pensás porque es una conclusión que sacó la persona. Sartre decía que, si no estuviera el lector, que mete las palabras escritas en su cabeza, lo que escribimos no sería más que manchas negras sobre un papel.

AM: - Exacto, cada lector hace su propia interpretación y, entonces, existen tantas historias, tantos libros, tantas posibles versiones como lectores.

CP: - Y, en ese sentido, el director de una película es un intérprete más.

AM: - Antes dijiste que tuviste que aprender a escribir. ¿Y cómo se aprende a escribir?

CP: - Leyendo, en mi caso, al menos. Hay gente que hizo la carrera de letras y, seguramente, eso la habrá ayudado, si bien la carrera de letras no está pensada para enseñar a escribir, el hecho de la cantidad de información y la cantidad de literatura que leés, y de cómo la leés, me imagino que te ayudará. Para los que no hicimos ese camino, es leer de una manera caótica, bulímica, todo lo que te llega, siguiendo los pasos que te va marcando un maestro. Yo hice mucho taller literario. Primero, con Enrique Medina pero con el que hice más tiempo y a quien yo reconozco como mi gran maestro es Guillermo Saccomano. También estudié con Mauricio Kartun dramaturgia. Vas haciendo caminos por fuera de lo institucional. Pero, sobre todo, leer, leer y leer.
He viajado varias veces con Martín Kohan. Él, por ejemplo, va hasta la Patagonia en un colectivo. Yo voy descompuesta y él va con el librito apretado contra la ventana leyendo y le digo: “¿Por qué hacés esto?” Porque él tiene un método que consiste en leer, como mínimo, una hora por día y una hora por día es mucho. Parece que no pero hay que dedicarle una hora por día, todos los días de tu vida, a la lectura. Es un montón. Y, quizás, es más que eso pero, como obligación, me pareció un método extraordinario. Siempre digo que hay que aplicarlo como cuando decís, no sé, hago gimnasia, u otra cosa. Daniel Pennac, que tiene libros muy interesantes sobre el derecho del lector, sobre el derecho de editar un libro, etcétera, dice que la lectura es tiempo robado. Que hay gente que dice: “Yo no leo porque no tengo tiempo” y que eso es falso en el sentido de que siempre le tenés que robar el tiempo a otra cosa para leer y es como si vos dijeras, no me enamoro porque no tengo tiempo. Hay que hacerlo igual y robarle el tiempo a otra cosa.

AM: - Es que la lectura es para los escritores -y para muchos lectores- una necesidad, como una necesidad fisiológica. No podés no leer, siempre tenés que tener un libro en la mano. Y ese mismo método de dedicar una hora por día a la lectura, ¿se puede aplicar a la escritura, como mínimo, escribir una hora por día?

CP: - Yo tengo esa idea. Obligarse, no en el sentido de venir con un silicio a y me voy a flagelar en la espalda pero yo no creo en eso de que hay que esperar la inspiración para sentarte a escribir. Porque, por ejemplo, yo ahora estoy escribiendo una novela. Si yo me siento tengo cosas para hacer. A lo mejor no sé la próxima hoja que voy a escribir pero tengo para corregir, para buscar material, tengo para hacer un montón de cosas sobre lo que ya escribí, tengo ciento y pico de páginas escritas, que las corrijo permanentemente entonces, si no voy para adelante, puedo seguir recorrigiendo y revisando para atrás. Me parece que eso de sentarse, esa cosa del 10% de inspiración y el 90% de sudor es así. Me parece que el que está fuera de la escritura cree que uno se inspira y te dice: “Claro, vos eras contadora y un día se te ocurrió escribir”. No, te la pasas escribiendo como un trabajador.

AM: - Claro, es parte de tu vida. Y, ¿hay un momento del día ideal para escribir?

CP: - Antes, cuando mis chicos eran chiquitos, el momento para escribir era cuando los dejaba en el colegio. Ahora que ya son grandes y no me dan bolilla, me desordené un poco. Me pongo a escribir en cualquier horario. Me quedo dormida con facilidad pero soy capaz de despertarme a las 4 o a las 5 de la mañana y, a esa hora, ponerme a escribir.

AM: - Porque a esa hora el inconciente estuvo trabajando en los sueños y usás ese material. Te despertás y tu inconciente está todavía a flor de piel…

CP: - Sí, es muy buena esa hora para escribir.

AM: - Muchas gracias, Claudia, un gusto enorme.

CP: - Gracias a vos.

Para REDTEATRAL Adriana Muscillo

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