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ES NECESARIO EMPEZAR COMO PAYASO




Orígenes del circo y su relación con el teatro musical


El circo es una empresa construida a lo largo de muchos siglos, prácticamente desde que el hombre empezó a tener cultura. Los acróbatas, malabaristas y contorsionistas, tienen una larga historia, porque en los orígenes de la humanidad, esta cultura (la corporal), era algo que abarcaba todas las prácticas corporales y que posteriormente fue dividido en “especialidades” tales como el circo, la danza, el teatro, etc.

Desde el legado cultural dejado por algunas de las civilizaciones antiguas, desde el lejano Oriente, donde los malabaristas y acróbatas viajaban en troupes; todo tipo de objetos; hasta el Occidente griego o romano, donde los gladiadores realizaban juegos malabares con grandes objetos para demostrar su fuerza.

Estas sociedades, aproximadamente 3.000 años atrás, aportaron también la acrobacia o el equilibrismo, que tenían una utilidad para la preparación de guerreros, los rituales religiosos y las fiestas. Fueron los romanos, precisamente, los que dieron el nombre de circo a los espectáculos públicos.
Como un pequeño paréntesis: en la cultura griega, y otras del mismo período, las mujeres también hacían malabares y, en algunas, como la China, todavía lo hacen, y el éxito de su acto malabarístico tiene consecuencias sociales importantes.

Ya en el siglo XV, con los primeros viajes a América llegaron costumbres nuevas, como el antipodismo (malabares con los pies) de los aztecas.

Tras la decadencia de estas civilizaciones, las artes corporales perdieron su interés. Fue en la Europa de la Edad Media, cuando empezaron a recobrar su espacio. Pero hasta el Renacimiento los artistas circenses no volvieron a tomar las calles de Europa, ampliando el status social de dicha cultura. Era un arte del entretenimiento.

En este período las ”troupes de saltimbanquis” incluían en sus espectáculos música, baile, cuentos populares, además de habilidades clásicas como la acrobacia y los malabares en una forma “libre” de exploración de las posibilidades corporales.

El primer circo moderno fue inaugurado por Philip Astley en Londres, (Inglaterra) en el año 1768, y desde entonces ha experimentado muchas renovaciones, cambios, innovaciones y adelantos convirtiendo así, a este arte milenario, en algo que fácilmente se puede relacionar con las artes escénicas.

Y es que la familia de este arte escénico es muy amplia, precisamente por su hibridez, porque conjuga elementos tomados, prestados o directamente adoptados, de muchas otras artes que, aunque cercanas, no son del todo iguales. Uno de esos parientes, más cercano de lo que parece, es, sin duda, el circo, homenajeado en este artículo. Si algo caracteriza al circo y a los musicales, es su relación íntima para mejorar, innovar y conjugarse dando unos resultados sorprendentes y renovados.

Hoy, las fronteras de las artes son cada vez menos precisas. Tomando una afirmación de Mario Praz en la que viene a decir que cada lenguaje artístico contiene a todas las otras artes a través de una especie de recuerdo inmanente, aquel circo clásico se diluye en un compendio difuso de procedencias. La pista hoy acoge elementos propios de la danza, la música, la escenografía, el cine o la publicidad. Pero aportando al mismo tiempo nuevas señas de su propia identidad, formulando unas características que dan una nueva concepción circense ligada a la posmodernidad: la apuesta por un espectáculo total con un pequeño hilo argumental; y con innovaciones como la interculturalidad; aunque su rasgo distintivo quizá sea el carácter ecléctico de los espectáculos.

Por su parte la comedia musical ha podido experimentar algo muy similar. El teatro musical representa para el público algo jocoso y atractivo, pero también un poco ecléctico, o inespecífico. Es una alternativa, quizá superficial, para otras actividades artísticas que se entienden como más “profundas” o genuinas, porque son muchísimos los géneros que componen el universo del teatro musical: revista, zarzuela, concierto, representación, circo. Nuevamente sale la palabra circo, porque de éste último, el teatro, la danza o el vodevil se contagian enormemente. También el teatro, conocido como teatro callejero, en el que hay muestras de malabaristas, payasos y magos que se aunan con actores y cantantes para dar al público un gran espectáculo. Circo puro en estado máximo.

Un artista, que cuenta en su haber con especialidades como la de coreógrafo, dramaturgo o actor, Daniele Finzi Pasca, dijo en alguna ocasión, que para ser profesional del teatro, “es necesario empezar como payaso”, por ser ésta una figura siempre presente. Los especialistas en este tipo de artes, tienen muchas cosas en común, quizá por ser megalómanos o por entender el teatro de forma diferente.

Pero la cosa no queda ahí, porque este fenómeno basado en los “prestamos” de elementos de otras artes cercanas, no sólo afecta al circo, o a las artes escénicas, sino que se convierte en un asunto que incumbe a toda la cultura occidental de los últimos tiempos, aunque eso ya, es otra historia.


Ana Isabel Auñón

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