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LA CUBANA: 28 AÑOS DANDO "LA LATA"




Un recorrido por la exitosa vida de esta compañía catalana


Dos MAX, un Ercilla, varios premios en diferentes convocatorias del Festival Internacional de Teatro de Sitges, un premio Fotogramas por votación popular… Y muchísimos (muchísimos) más galardones son los que avalan a una de las mejores compañías de teatro que ha visto nacer la geografía española: ‘La Cubana’.
La compañía fue creada por Jordi Milán y Vicky Plana en Sitges en 1980, con una clara voluntad de dar salida a las ganas de hacer teatro en un pueblo como aquél. Ni siquiera ellos podían imaginar entonces que estaban emprendiendo una andanza de tales magnitudes, si bien estaban seguros de querer emociones fuertes y aventuras, como demuestra el nombre que le pusieron al grupo (‘cubanos’ eran todos aquéllos que se habían marchado a hacer las Américas, lo que implicaba un fuerte sentido de la responsabilidad y una decisión firme, y habían vuelto a España con dinero). La clave de su éxito ha sido su forma de trabajar, pues siempre han abogado por un método arriesgado a la vez que seguro, que se basa en el juego con el público, la improvisación en muchas ocasiones, y el factor sorpresa en cada uno de sus espectáculos. Además, nunca se han detenido ante problemas con los medios técnicos de los teatros, porque ni siquiera les hace falta un teatro canónico de cuatro paredes para desarrollar su magia.
A pesar de los años que han pasado desde su formación, de los premios que ha ganado, de la repercusión que tiene allá donde va, ‘La Cubana’ mantiene los ideales de las pequeñas compañías ambulantes y de los grupos de teatro amateur: cada uno de sus componentes es una persona de teatro completa, como lo fueron en su día Lope de Rueda, Federico García Lorca o Jacinto Benavente. Se implican en el proceso creativo; se encargan de diseño de luces y escenarios; si tienen que coser, cosen, y si tienen que barrer, barren. Montan, desmontan, cargan furgonetas o pintan decorados según convenga.

Si tuviéramos que quedarnos con un género de todos los cultivados por ‘La Cubana’, elegiríamos el teatro sin dudar. Sus obras y espectáculos han sido, y continúan siendo, referente para compañías más jóvenes, e incluso siguen dando lecciones de maestría con la frescura que desprenden obras de más de veinte años de edad.

(¡ATENCIÓN! A CONTINUACIÓN SE DETALLAN LOS ARGUMENTOS Y TRAMAS DE LOS ESPECTÁCULOS DE ‘LA CUBANA’. NO SIGAN LEYENDO SI QUIEREN SORPRENDERSE CON SUS REPRESENTACIONES)

En 1981 se les ocurrió organizar el espectáculo “Dels vicis capitals” (“De los vicios capitales”), que consistía en la representación de tres entremeses mallorquines del siglo XVIII, pero de tradición más bien medievalista. Si bien no podrían considerarse de una originalidad manifiesta, sí que empezaron a marcar el camino de ‘La Cubana’: comicidad exagerada, situaciones populares y carácter itinerante. La compañía movió su espectáculo por distintos pueblos, y los propios artífices cuentan que la escenografía era tan sencilla que ni siquiera necesitaban escenarios ni medios técnicos.

En 1982, ‘La Cubana’ representó “Agua al siete”, original de Josep Perea. La pieza, un verdadero desfile de personajes y tipos, seguía la estela cómica que se había iniciado con el espectáculo del año anterior. El marco, en esta ocasión, era un burdel en el que los clientes alternaban los números cómicos con los musicales.

Podría decirse que en 1983 la compañía se dio una verdadera vuelta de tuerca: Jordi Milán, su director, ideó “Cubana’s Delikatessen”, un espectáculo basado en la improvisación y en la representación callejera. Aquello implicaba un contacto directo con el “público”, que se encontraba por casualidad con los números representados, y cambiaba con sus diálogos espontáneos el guión. Una vez más, lo de menos era el escenario (valía un mercado, la calle… ¡incluso una conversación telefónica!), lo realmente importante era hacer teatro y llegar al público.

Quizás una de las obras más curiosas de ‘La Cubana’ sea “La Tempestad”, de 1986. Aquí, la compañía contaba con el elemento sorpresa, y ésa ha sido desde entonces, una de las constantes en los espectáculos del grupo. La obra consistía en representar dentro de un teatro de cuatro paredes el principio de la obra homónima de Shakespeare, con trajes vistosos, recitadores, escenarios… y cuando el público quedaba persuadido de que estaba presenciando una obra clásica, el espectáculo daba un giro de 180º y comenzaba la burla: se convencía al público de que, curiosamente, había una tempestad fuera del teatro asolando la ciudad. Gracias a efectos técnicos, se conseguía una representación bastante creíble en los exteriores del teatro, de manera que el público no tenía más remedio que creer lo increíble.

Como toda compañía que se precie, ‘La Cubana’ entró en crisis hacia 1988, pues la mayoría de los componentes del grupo querían volver a sus antiguos trabajos y/o estudios. Sin embargo, supieron vadear el problema y siguieron adelante mostrando su cara más creativa y cómica: surgió la trilogía formada por “Cubanades a la carta” (“Cubanadas a la carta”), “Cómeme el coco, Negro” (1989) y “Cubana Marathon Dancing” (1992).
En “Cubanades a la carta” (“Cubanadas a la carta”), de 1988, se continuaba lo hecho en “Cubana’s Delikatessen” pero a lo grande. Una de sus originalidades es que presentaban el espectáculo en forma de carta, de manera que podía elegirse el menú de números que más conviniese al lugar o momento del día en que se fueran a representar.
Por su parte, “Cómeme el coco, Negro” puede considerarse una de las mayores genialidades de ‘La Cubana’, sin lugar a dudas. Lo que a simple vista es la representación de una típica revista musical, se convierte en una sorpresa monumental: el espectáculo comienza una hora antes de lo previsto, y por más que el gerente se empeña en excusarse ante el público, que llega tardísimo, diciendo que ha sido anunciado en todos los medios de comunicación, éste monta en cólera cuando descubre que es cierto, que el espectáculo se acaba minutos después de entrar ellos en la sala. Es entonces cuando empieza la verdadera representación: los actores comienzan a desmontar el escenario, recogen los vestuarios, cuentan intimidades de la compañía al público… ¡E incluso les piden ayuda para doblar los telones y les regalan un bocadillo de mortadela! Una verdadera obra maestra dedicada a todas las compañías ambulantes y/o autosuficientes que pueblan el panorama teatral.
En cuanto a “Cubana Marathon Dancing”, la idea básica de su creación es tan original como metafórica. Se trata de hacer participar al público activamente hasta las últimas consecuencias, sin público no hay obra posible. Después de unas cuantas horas bailando para poder pasar la prueba de personal de una empresa americana, el público cae rendido y extenuado sin haber alcanzado el premio prometido; sin embargo, se les da otra oportunidad, que es su propia vida personal, para seguir el camino del cielo o del infierno según prefiera cada uno.

En 1994, volvieron a sorprender con “Cegada de Amor”. Esta vez, preocupados por poner al alcance del público teatral la magia más puramente cinematográfica, decidieron proyectar parte de una película muy melodramática para después desvelar los secretos del rodaje de forma cómica tras el corte de una escena. Poco a poco, empezaba a palparse la indignación entre los asistentes, de manera que los actores de la película, desde la pantalla de televisión, pedían respeto a su público y establecían un diálogo con él. Lo más curioso es que los actores llegaban a salir de la pantalla como si tal cosa, creando espectáculos alternativos y varios focos teatrales dentro de la sala.

En 1999 preparan una obra para entrar en el nuevo milenio: “Equipatge pel 2000” (“Equipaje para el 2000”) después de recibir una invitación para participar en una exposición de inventos del siglo XX. Una vez más, el espectador era clave para el desarrollo del espectáculo, escogiendo un invento e iniciando un viaje por el tiempo para llegar a comprender qué significa este concepto en realidad.

Debido a la consolidada reputación de ‘La Cubana’, la organización ‘Ópera a su alcance’ los invitó a participar en 2001 en un espectáculo llamado “Una nit d’Òpera” (“Una noche de ópera”), cuyo objetivo era acercar este género al público de a pie. Como no podía ser de otra manera, la compañía concibió una idea genial: mostrar al público una representación de “Aída”, pero vista desde atrás, presenciando lo que ocurría en los bastidores, la utilización de los medios técnicos y los problemas que conlleva encargarse de ellos. Así, los espectadores podían comprender el ritmo frenético que se vivía entre cajas y podían ser testigo de lo que nadie veía cuando asistía a una función teatral, además de convertirse en técnicos de luces o sonido si se requería su participación.

La última obra que ha creado ‘La Cubana’ hasta el momento es “Mamá, quiero ser famoso” (2003). Se interpreta como una crítica a todos aquéllos que miramos la televisión sin cuestionarnos lo que vemos en ella y a quienes harían (y, de hecho, hacen) cualquier cosa por ser famosos, pisoteando la decencia y el talento como si fueran charcos de barro. El juego con el público es bestial, ya que incluso llegan a hacerse entrevistas por el patio de butacas (convertido en un plató de televisión) y a sacar gente al escenario para que aparezcan en las pantallas gigantes distribuidas por el escenario. Lo que se busca es hacer que los asistentes reflexionen sobre lo que realmente quieren ver, siempre mediante grandes dosis de humor, espectáculo y risas.

Pero la vida de ‘La Cubana’ no termina aquí. Han participado en series de televisión, programas especiales, promociones, inauguraciones, fiestas, pregones, convenciones y demás clases de actos importantes. Además, se encargan de preparar espectáculos para grandes eventos, de manera que ellos siguen trabajando sin parar entre obra y obra, función y función. Su creatividad no tiene límites, y son muchos los adictos que siguen sus producciones con devoción incondicional. Si todo continuase como hasta ahora, incluso podríamos soñar con la posibilidad de que ‘La Cubana’ nos sorprendiera con un nuevo espectáculo... Mientras tanto, yo voy a hacer mi equipaje para el 2000 con destino Cuba, a ver si en una noche de ópera sobre los vicios capitales me quedo cegada de Amor y, entre cubanadas a la carta y delikatessen cubanas cocidas con agua al siete, encuentro un Negro que me coma el coco para marcarnos un maratón de baile bajo una enorme tempestad y me hago famosa por fin.


Esmeralda López Muñoz

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