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LA CUBANA AL DESNUDO




Pasamos la tarde con Jordi Milán, Xavi Tena, y Meritxell Duró, de LA CUBANA


Amparados por el vacío del vestíbulo del teatro Compaq Gran Vía, esperábamos, impacientes la llegada del alma de una de las mejores, sino la mejor, compañía de teatro cómico de España: La Cubana.

Nuestra cita, nada más y nada menos que con su creador, ideólogo, guionista y director, Jordi Milán, se nos antojaba, cuanto menos, de las más interesantes que teníamos el gusto de recordar. Y así, de manera natural, apareció nuestro entrevistado, dispuesto a todo, menos a callar cualquier pregunta que pudiéramos hacerle. La conversación comenzó, casi, sin esperarlo, como surgen las genialidades en escena, a través de una boca abierta, capaz de contener la respiración durante el tiempo que dure el clímax de una escena que, sin darnos cuenta, comenzábamos a escribir junto a él...

R.T: Cuéntanos un poco cuando fue la primera vez que te subiste a un escenario...

J.M: De niño. De hecho, es la primera pregunta que hago a la gente que viene a hacer un casting. La gente confunde la primera vez que subió a un escenario con la primera vez que fueron profesionales. Yo como muchos otros catalanes, pienso que la tradición de hacer teatro es intrínseca con la sociedad catalana. Lo era más antes, ahora no tanto.

R.T: Es una tradición...

J.M: Una tradición de hacer teatro de aficionados. En Cataluña hay una tradición antigua de hacer teatro. Todas las entidades y todos los centros recreativos tienen su teatro. Todos los pueblecitos tienen su teatro.
Y esta tradición continua, no como antes, pero la hacen continuar.
Se hacían muchas fabulas sobre los reyes, los pastores y los demonios. También sobre La Pasión, y participaba todo el pueblo.

R.T: Es como algo sacramental, casi medieval, ¿no?

J. M: Claro. Aparte de todo esto, se hacía teatro en los centros recreativos. Yo soy de Sitges, un pueblo muy chiquito, y había tres teatros y tres diferentes grupos.
Creo que la primera vez que hice teatro debía tener 11 años.

R.T: ¿Y cuándo sentiste que tu vida era puro teatro?

J.M: Más de mayor, cuando me he dado cuenta más de las cosas. En aquel momento no sabes lo que es. Te gusta mucho. Yo era una persona muy tímida, muy introvertida. Y creo que el teatro es un poco para los tímidos, porque la persona extrovertida no tiene nada que sacar, y en el teatro encuentra una manera de sacar cosas, y de decir cosas que en su vida no las diría y ponerse en otros personajes que no son ellos.
En la práctica he visto que los buenos actores han de ser grandes tímidos. No es que yo sea un gran actor...
Un tímido tiende a almacenar y a la hora de crear y transmitir emociones, yo creo que lo hace mejor una persona que tiene “almacén” que una que no lo tiene.

R.T: En estos orígenes de los que hablas, estuviste en un grupo: Gall groc...

J.M: Eso fue lo anterior a La Cubana

R.T: Claro, es el origen de lo que será luego La Cubana...

J.M: Sí, así es. Mira, en los pueblos, el teatro es una cosa que se hace, como ir a jugar al tenis o la que va a hacer punto de media. Es una cosa que te coge y vas a hacerlo después de cenar. Se creó una compañía a expensas de una sociedad recreativa que se llamaba casino Prado. El presidente era un gran aficionado al teatro y como habían decaído mucho las compañías, se propuso rescatar ese “ambiente”. Esto fue en el año 70 y pico. Juntó a gente que se dedicaba al teatro en el pueblo y nos dio todas las posibilidades de crear una compañía. Ahí fue donde yo me metí a dirigir. Yo no tengo vocación de director, eso lo tengo en claro. Lo he estado haciendo pero, pero tengo vocación de teatrero. En realidad, me gusta hacer un poco de todo, tanto un decorado como actuar, como coser... Pues bien, en este grupo fue donde se creó la base. A partir de ese grupo fue cuando, en 1980, Vicky Peña y yo nos marchamos, sin nada, y fundamos La cubana, empezando a hacer teatro en la calle. Por los pueblos, sí, pero en la calle. Íbamos a un pueblo y buscábamos el lugar que encajaba más con lo que teníamos montado. En la puerta de una iglesia, un mesón... Porque lo que hacíamos era una cosa costumbrista y se adaptaba a cualquier cosa.

R.T: ¿Cuál era el ideal artístico o base artística de La Cubana inicialmente?

J.M: Ese precisamente: teatro en la calle, con el público, teatro cercano. En las últimas épocas de Gall groc se hacía lo que se podía. Hacíamos desde “la cantante calva”, pasando por una cosa que no se había estrenado de arrabal, hasta zarzuelas...
En ese momento se le daba la posibilidad a compañías amateurs de hacer teatro por los pueblos. Y “la cantante calva” la hicimos por pueblos de 1000 habitantes y la gente se reía y después venían y te decían “Lo hemos pasado tan bien... pero no hemos entendido nada”.
Y con La Cubana la intención era hacer una cosa costumbrista para que la gente lo entendiera. Eso fue un éxito. Y visto el éxito surgió Cubana´s Delikatessen, que lo preparamos para hacer en Sitges, en cuestión de dos meses...

R.T: Este espectáculo, además, es toda una declaración de intenciones de la compañía...

J.M: Sí. Pero, además no lo hicimos pensando en profesionalizarnos, sino pensando en divertirnos. Que la gente vaya paseando y se encuentre teatro, que es lo que hace falta en Sitges. Esa era la idea y surgió intuitivamente.
Hacer teatro en un viaje en autobús, por ejemplo. Eso fue un éxito que nos sorprendió a todos y nos contrataron para hacerlo en Barcelona en Enero del 84. Y no sabíamos si queríamos continuar siendo amateurs o dedicarnos profesionalmente. Y en ese momento todos decidimos que íbamos a ser profesionales. Nadie pensó que duraría tanto, la mayoría de nuestros miembros pensó que era una cosa temporal de unos meses.
Yo veo a las familias cuando llevan a sus hijos para enseñarlos vestidos de comunión con orgullo y me imagino que un poco nos pasó eso. Nosotros enseñábamos a nuestro niño, nuestra filosofía teatral. Todo fue intuitivo. La teoría la hicieron los de afuera. Y a partir de ese momento lo poco o mucho que he aprendido, lo he aprendido de eso, del contacto con la calle. Toda la filosofía de La Cubana se engendra en Delikatessen.

R.T: Tenía varias preguntas sobre Delikatessen...

J.M: Y las respondí todas de golpe, ¿verdad?

R.T: ¡Ja, ja, ja! ¡Sí! Cosa que, por otro lado, me facilita el trabajo y te lo agradezco.
Yo te suelto una pregunta y te dejo hablar libremente, ¡así da gusto! Por ejemplo, en 1987 tenéis una pequeña crisis...

J.M: Una pequeña de las muchas que hay, que pueden aparecer mañana y pueden estar pasado. Todos los que nos reunimos para enseñar al niño por las casas dijeron…

R,T: Que el niño era muy mayor para enseñarlo

J.M: No. Que ya estaba enseñado. Que ellos eran jóvenes y habían dejado estudios y familias. Y en ese momento Vicky, que fue la que creo conmigo La Cubana, dijo que ella quería ir por otros derroteros. Yo también estuve tentado, pero hubo tres personas que se quedaron y me hicieron ver todo el esfuerzo que habíamos hecho hasta el momento. Todo ocurrió después del paso de las delikatessen a “la tempestad”. En “la tempestad” nos dimos cuenta de que, realmente, con lo de con lo de calle teníamos mucho éxito pero no se podía vivir, teníamos que volver a los escenarios. Aplicando todas las experiencias vividas, pero en el escenario. Entonces hicimos “la tempestad”, que fue un espectáculo que tuvo mucho éxito, pero para mi gusto fue pensado con el culo. Lo pensé yo, pero fue pensado con el culo. Era más cinematográfico. Era muy complicado de hacer. Pero conseguimos que la gente nos conociera mucho. No tanto como vendría después, pero la gente ya sabía lo que era La Cubana. Y estas tres actrices que se quedaron en el momento de crisis, me hicieron ver eso y me dijeron: ¿Todo este esfuerzo para qué ha servido si no lo continuamos? y yo les dije: “yo continuo si esto se hace “así”. Y, a partir de ahí fuimos a buscar más gente, hicimos “Cubanadas a la carta”, que es un poco un símil de “Delikatessen” “Cómeme el coco negro” que era teatro dentro del teatro y “Cubana maratón dancing”. Si nos contrataban todos los espectáculos le hacíamos un precio por los tres. Porque la idea era hacer todas las cosas que habíamos aprendido por separado, en una trilogía que, en realidad era conjunta: teatro de calle, teatro de sala y teatro con participación de público.
En realidad, cuando estrenamos “el coco” fue un boom impensable, y continuamos haciendo “Las cubanadas” unos meses más, pero ya no continuó la trilogía

R.T: Con respecto a “Cómeme el coco”, ¿cómo surge la idea de hacer teatro dentro del teatro?

J.M: Surge, precisamente, de “La Tempestad”. Mira, “La tempestad” era un espectáculo matador en donde llovía, terminábamos la función agotados, mojados. Teníamos que llevar todo a un trailer inmenso y no nos contrataban por temporada, era un día o dos días y cada día la misma historia. Y mojados íbamos por los pasillos llevando los hierros y nos mirábamos y nos reíamos. Y ahí surge la idea de hacer un espectáculo sobre un desmontaje. Que la gente vea lo que pasa después de que termina la función. Sin pensar que lo que estamos haciendo es mostrar lo efímero que es el teatro. La gente piensa que el teatro es una cosa que está montada, no es como el cine que la crea mucha gente y la dejan ahí y al cabo de 100 años es igual. El teatro no, es un arte nuevo cada vez. Tu repites un texto pero que no es igual, porque no se dice igual, el ambiente no es igual, no se crea la misma atmosfera. Depende del público, de los actores. Dos horas antes de empezar no hay nada y dos horas después de terminar no hay nada. Es una cosa que se crea cada vez. Eso es el teatro.

R.T: Tú eres consiente de que, en aquella época, estáis haciendo algo que no se ha visto nunca aquí. Es algo nuevo.

J.M: Eso no se piensa. Eso se hace.

R.T: Se hace pero, a la vez, es un negocio que hay que pensar.

J.M: En mi forma de hacer no me gusta pensar mucho en qué pasará. Yo lo tengo que disfrutar. En este caso sorprendió la forma de hacerlo. La forma de actuar en el coco no era nueva porque la habíamos puesto en práctica en “La Tempestad”. La “Delikatessen” sí que pienso que era una cosa nueva, era como un juego de niños. Hacer teatro en la calle, que la gente se encontrara el teatro de una forma casual, pero que no lo tuviera anunciado como teatro, que se lo encontrara. Y que nosotros tendiéramos a hacerlos jugar, no a hacer teatro de cualquier manera. No ponernos una peluca e ir vestidos de cualquier manera. Vale confundir, mezclar la realidad y la ficción, pero, si quieres que sea creíble hay que ir bien vestido, el pelo bien puesto, la peluca que no se vea que es peluca, el bolso cuando lo abres, con cosas en su interior...

R.T: En cuanto a la credibilidad de la que hablas, es, también, una constante de la compañía que anunciéis la entrada en cualquier ciudad por la calle, interpretando con los personajes del espectáculo en cuestión, por ejemplo con el coco. Continuáis lo que es la fantasía de la escena, la hacéis más creíble…

J.M: Pero eso siempre ha sido igual desde el principio.

R.T: Es una de las tónicas de la compañía...

J.M: En La Cubana los personajes son los primeros que tienen que existir de verdad…. Se crean a partir de pequeñas ideas textuales, y ellos van definiendo el guión.
Es decir, surge la idea y la tienes escrita. Sabes los personajes que quieres. Eso no se explica a los actores. Se crean personas, que sean naturales. Pero yo no les enseño nunca el texto hasta que no están los personajes. Si yo no sé el personaje que va a decir un texto, no le digo lo que tiene que decir. Porque, si no, pasa lo que nos pasa a los teatreros, que nos aprendemos un guión de memoria y nunca pensamos quién lo está diciendo. Los personajes han de ser reales, creíbles y, ¿por qué no? Salir del teatro por las calles. Yo tengo pensado, por ejemplo, que salga una señora por la derecha y diga “que frío que hace”, pero prefiero ver cómo lo diría la persona que lo va a interpretar. Tal vez no utilice las mismas expresiones que yo había imaginado, aunque el mensaje se mantenga. Es decir, el texto real lo deciden los actores. Pero siempre en función del personaje.

R.T: Son unos personajes muy bien trabajados y sobre todo muy esperpénticos

J.M: Yo no estoy de acuerdo. Te voy a decir lo mismo que le dije una vez a un directivo de telecinco. Tú coges el metro y vas por la calle y observas... nuestros personajes no son esperpénticos. Compáralos con lo que has visto en el metro, en la calle, observa...

R.T: No me refiero a lo esperpéntico como una imagen deformada de la realidad. Me refiero a esa realidad exagerada o llevada al extremo del cómico.

J.M: Tú lo ves como exagerado, pero cuando lo ves en la calle, no lo ves así. Porque en la calle no consideras que sea teatro, consideras que es verdad, es normal. En la calle lo ves todo normal. Pero si lo ves en un teatro te parece exagerado.

R.T: No lo había visto yo desde ese punto de vista...

J.M: Bueno, míralo. Mira una conversación en el metro, en la calle, en la vecina de arriba hablando con su marido... Tú observa. En La cubana, todo esta muy medido para crear el juego, pero la gente habla de la forma en que hablan en la calle
R.T: Das una imagen tal cual de la calle. He leído muchas veces que vosotros os inspiráis en la calle. La vida es puro teatro.

J.M: Yo creo que todo el mundo hace teatro. Tú, en tu trabajo haces teatro. Yo por descontado. Y en mi vida particular hago teatro. El político ni digamos. Además yo lo voto para que haga buen teatro. Yo quiero que me engañe bien, porque si me engaña mal, no lo voto. Yo quiero que me hagan teatro del bueno. Y los maestros hacen teatro. La vendedora en el mercado hace teatro. Tiene que hacerlo, porque, si no, no vende.
Un boda... ¡más teatro que una boda no hay! Un entierro, un accidente en la calle.
¿Tú no has visto nunca cuando cambian los escaparates y tapan todo y la gente se para a mirar por un agujerito?, o ¿cuando hay una obra y están todos los viejos mirando lo que están haciendo las escavadoras? Un incendio... ¡Todo es teatro!

R.T: Es curioso lo que comentas, pero argumentado de esta forma, no puedo negarte que tienes toda la razón. Siguiendo con vuestra historia, después de “Cubana Marathon dancing” y “Cómeme el coco, negro”, llega “Cegada de amor” que ha sido vuestro mayor éxito...

J.M: En cuanto a público fue muy exitoso. Fue costoso. Se tardó un año entero en producirlo. Se hizo, salió bien, y ya está. Para mi gusto es un espectáculo que no está terminado porque hubo muchas cosas entre medio, problemas, hubo gente que se marchó. Tuvimos que volver a grabar cosas porque una persona se había marchado. En definitiva el argumento y la base del espectáculo era un espectáculo que cada diez minutos desorientaba al público, pero que, además, intentaba responder a la pregunta de por qué el cine, que es una cosa parecida al teatro, es mucho más creíble que el teatro.
Yo lloro viendo una película, pero me cuesta llorar viendo teatro. Me puedo emocionar por otras cosas, pero en el teatro, que tienes a los actores ahí, que te escupen incluso, no se genera esta sensación de manera tan intensa.
El juego era si en la película es creíble. Era una lucha entre el cine y el teatro.
El espectáculo fue un éxito, pero como creador tengo que decirte que siempre me he quedado pensando que le faltaba algo.

R.T: El publico entregado. A mi me resultó un espectáculo redondo. Yo tenía 15 años y todo lo que ahorraba era para la función... “Cegada de amor” es una ruptura de la cuarta pared.

J.M: En realidad, es lo mismo que en el Coco y en la Tempestad. Cuentas con otro medio. Otro arte o llámalo como quieras. Es la mezcla entre el cine y el teatro.

R.T: Cinco años de gira...

J.M: Un millón y pico de espectadores. Nos fuimos a Argentina. Hicimos temporada en Argentina, en Buenos Aires. Pero fue abrumador, matador, demasiado cansado. Ya te digo que mucha gente se fue de la compañía después de nueve o diez años. Eso es lo que la gente aguanta en la compañía. Aguanto yo porque estoy loco. Pero hay momentos en los que te planteas otras cosas, porque a mi lo que me gusta, realmente es el teatro y no las empresas.

R.T: Siempre queda la opción de volver a la calle.

J.M: ¿A hacer teatro aficionado? Eso lo tengo clarísimo. Yo en teatro toda la vida.
La cosa creativa no me cansa. Me cansa la cosa burocrática.

R.T: Son dos contrarios que se unen en este tipo de empresas...
Antes de “Una noche de Opera” hacéis “Equipaje para el 2000” que es una exposición.

J.M: Es una de las cosas más bonitas que hemos hecho. Pero se quedó en Barcelona y no viajó. Porque lo hemos hecho para el Centro Cultural Barcelona que nos viene a buscar y nos proponen hacer una exposición. En Madrid no hay nada que se parezca a esto. Es un centro donde hacen exposiciones muy bien montadas, muy escenográficas. Son 2000 metros cuadrados de exposición donde tú pasas y vas viendo por medio de audiovisuales y otros medios. Muy teatral sin haber actores. Pero en este caso había actores. Fue una exposición sobre el paso del tiempo. La pregunta era: si pudieras coger un invento del siglo pasado, ¿cuál sería? Estaba la bombilla, el frigorífico, el coche, la píldora, el bolígrafo... Es curioso, porque todos habían aparecido en los 50 años últimos, por la guerra.
La gente escogía uno y le dábamos una maleta. Toda la exposición iba con la maleta en la mano. Después lo subían a la primera planta donde había una exposición. Y después les preguntaban si todo lo que habían escogido eran inventos para ganar tiempo. En realidad todos habían escogido el tiempo, porque todos los inventos servían para eso, para ganar tiempo. A partir de ahí, comenzaba, realmente la exposición, con apartados que eran el miedo al tiempo, el paso del tiempo, el ganar tiempo, el perder tiempo, etc.
Como experiencia fue una cosa bonita. Lo que no me gustó es que tenía que verla mucha gente y teníamos que tener doble compañía para poder descansar. Y eso no me gustó porque no podía controlar tanto.

R.T: Y de nuevo al teatro con “Una noche en la opera”

J.M: Ese fue el espectáculo que más trabajo me ha dado a mí, pero, probablemente, el que más he disfrutado.

R.T: Y que no hemos podido disfrutar en otras ciudades...

J.M: No... Eso es algo que los teatreros tenemos que tener en cuenta; se hace una cosa tan grande que después no te pasa por la puerta para salir.
Lo hicimos durante un año y medio en Barcelona. Pero el montaje escenográfico era tremendo. Era una opera vista por delante y por detrás. Todo coordinado por video. Lo que era por delante lo veían en unos monitores que estaban grabados, y eso correspondía a lo que hacían los actores por detrás.
Es un espectáculo muy bonito. La gente no se daba cuenta del trabajo que había detrás.
Tuvo éxito pero no pudo viajar. Si viajábamos era una ruina. Era para hacer una temporada y si no hacías un 80% de ocupación, perdías dinero.
Yo en aquel momento no quise. Y “mamá quiero ser famoso” surge, precisamente, a partir de eso porque dejamos de hacer temporada y no hicimos gira en pueblos desde los cocos. Porque “Cegada de amor” no se podía. Así que “Mamá quiero ser famoso” se hizo para salir de gira.
La verdad es que este espectáculo fue un poco raro para la gente, porque terminaba de una forma poco “Cubana”. Te hacía reflexionar y pensar. Mucha gente se sorprendió, porque veías que, a partir de la risa, se podía hacer pensar. Te mostraba esa cosa de querer ser famoso cueste lo que cueste.
Todo viene por un programa que hicimos con Mercedes Milá, que se llamaba “El martes que viene”. Ella decía que la gente, detrás de la cámara, decía muchas cosas, pero que delante de las cámaras no lo decía. Y nos cogió para eso, para que dijéramos lo que quisiéramos, sin que la gente supiera que éramos actores. Esto fue en el año 90 o 91. Pues, desde entonces hasta el 2003, que fue cuando se estrenó “mamá quiero ser famoso” se había perdido todo el pudor en la televisión.
Ese espectáculo funcionó mucho; hicimos temporada en Madrid, en Barcelona.

R.T: Y llegó vuestro aniversario...

J.M: Celebramos los 25 años con una gran fiesta y con toda la gente que había pasado por La Cubana, con un espectáculo que se hizo para ese día.
Yo, por aquel entonces, había montado “el Coco” para Edimburgo (“Nuts Coconuts”) y me decidí a llevar a escena, de nuevo, este montaje para celebrar el vigésimo quinto aniversario; en principio, era para un año, porque tenía otros proyectos, que aún conservo, pero la cosa ha durado más. Ya se acaba. Y después a otra cosa mariposa.

R.T: Cada función es una nueva vuelta de tuerca. Quizás vuestro espectáculo sea vuestra manera de inventar una nueva propuesta.

J.M: No hay pretensión. Si lo hacemos perfecto. Es como si me preguntaras qué espectáculo me gusta más. “La noche de opera” me gustó mucho hacerlo; a “El coco” le tengo un cariño tremendo por mucha circunstancias; “Cegada de amor” por otras...

R.T: Todos son como hijos.

J.M: Yo como no voy a tener hijos... Pero si tuviera varios hijos diría lo que dicen los padres, que a todos los quieres por igual. Unos me gustan por una cosa, otros por otra.
Yo creo que el teatro es una cosa que no te tienes que plantear, porque si te planteas muchas cosas es difícil que te salga. No creo en la creación poniendo fórmulas encima de la mesa.

R.T: No crees en la poética teórica.

J.M: La teoría viene después. Tú puedes decir si esto te gusta o no te gusta. Hay que hacer lo que a uno le gusta más. Si yo tengo que hacer un espectáculo que le guste a la gente y tengo que valorar que le guste al millón de personas que vinieron a ver “cegada de amor” me voy a volver loco y la voy a cagar. Yo tengo que hacer lo que me gusta. Dejando aparte si va a gustar, qué van a decir y todo eso.

R.T: En realidad, la poética de ser auténticos y consecuentes con lo que hacéis...

J.M: Una compañía de teatro, por mucha fama que tenga y por mucha historia, siempre ha de volver a empezar. Ahora se termina “El coco”. La Cubana existe, existe el nombre pero buscaré otra gente y haré otra cosa, empezando de cero. Realmente, es otra aventura. Tú vendrás y como fan de La Cubana que me has dicho que eres, puede ser que no te guste. Lo importante es que me guste a mí. Es mucho más fácil que yo te pesque a ti porque me gusta a mí, que pensando en hacer una cosa que te guste a ti

R.T: Además, es la única manera de ser autentico. Cambiando, de tercio, a tenor de lo que has comentado, ¿cómo es un casting de La Cubana?

J.M: Yo les hago una entrevista. Me gusta preguntarles cosas. “Por qué haces teatro”, “por qué te gusta La Cubana”... Y después de conocerlos como personas, comprobar si son observadores. Si tienen facilidad para hacer personajes. Yo no pido imitadores.
Y después hay otra fase, porque son una serie de entrevistas. Y después les doy un texto.

R.T: ¿Cuánta gente conforma la compañía?

J.M: La compañía se crea cuando hay un espectáculo y después se disuelve. Tengo gente muy afín. Pero La Cubana, como cooperativa se crea y se descrea.
Siempre va entrando y saliendo gente.

R.T: Y con respecto a los ensayos, ¿qué dinámica de ensayos tenéis?

J.M: Se trabaja mucho.

R.T: Os gusta pulirlo todo.

J.M: Yo soy muy maniático, sí.

R.T: Es cierto que, aunque parezca que las funciones son muy caóticas hay una línea perfectamente depurada.

J.M: Claro. Todo está súper medido. Tiene que parecer que los actores improvisan.

R.T: Pero está todo en el texto.

J.M: Sí, claro. Aún así, existen componentes de improvisación. Hay que saber improvisar y poder enseguida retomar el texto y llevarlo a donde tienes que llevarlo.

R.T: ¿Cómo se ejercita esa habilidad de improvisación ante un personaje impredecible que va a interactuar contigo, como es el público?

J.M: Si tú sabes quién eres, quién es tu personaje, y sabes lo que tienes que hacer, es muy fácil. El espectáculo se crea, se ejercita y se va arreglando en las funciones. El actor no puede dejar que el público se lo lleve, tiene que saber reconducir.

R.T: Sin embargo, parece que no tenéis límites. Os gustan los retos. Esa situación que sufre “Don Eduardo”, en “El coco”, al enfrentarse con un patio de butacas, cada noche...

J.M: ¡Uy!, da mucha adrenalina. Un día hasta eché a uno, porque me faltó al respeto muy duramente. Y después pensé... “qué tontería, si eso es lo que estamos provocando...”

R.T: ¿Podrías contarme alguna anécdota de estos 29 años de carrera?

J.M: Son infinitas. En la página web hay un montón. Siempre tienen que ver con lo que nosotros provocamos, a lo que jugamos. Mira, la última, hace poco, aquí, en Madrid. A un señor le dio una especie de infarto. Su mujer empezó a pedir un medico. La actriz que estaba en escena, vino a buscarme. Estuvo todo el montaje, media hora parado hasta que vino la ambulancia. Mucha gente se levantaba y preguntaba si eso formaba parte del espectáculo. Al señor no le pasó nada al final, pero se lo llevaron. Y al día siguiente salgo a la puerta y había una pareja esperándome y me pregunta si eso realmente era parte del espectáculo porque se habían echo apuestas entre ellos.
O, ya en la primera época, que se nos fue la luz al final y lo hicimos con una música de un cassette y nos alumbramos con las linternas de los acomodadores. Y a la salida estaba todo a oscuras y la gente decía: “han apagado el barrio para que parezca verdad”.
En “Cegada de amor”, en Barcelona, se nos cayó un rayo y se fue el sonido y tuvimos que parar. Y dijeron: “qué manera más original de hacer un intermedio decir que cayó un rayo”.

R.T: Realmente curiosas... ¿Alguna vez has pensado en escribir un libro recopilando estas cosas?

J.M: Sí, pero, en realidad, está en la página web que ya es, de por sí, un libro, porque es muy larga. Pero no somos muy de libros. Hay un video, eso sí, de la historia de La Cubana.

R.T: ¿Cómo ves el panorama teatral?

J.M: Pues lo veo mustio. La gente no busca el riesgo. Falta locura. Está apalancado.
Ponen en cartel una cara popular de la televisión que no ha hecho teatro y le importa un pito el teatro. No se ayuda a lo principal, que es la base del teatro: los jóvenes, los grupos amateur.... No los motivan. La gente joven esta mucho más preparada que en nuestra época. Y con ideas mucho mejores.
Lo que pasa es que lo montan entre dos o tres en el garaje de su padre y lo van a ver solo sus amigos y su familia.

R.T: ¿Qué nos depara el futuro para La cubana?

J.M: El futuro es incierto. Mañana no sé si estaré vivo o estaré muerto. Lo que está claro es que siempre tengo una palabra en mente: Teatro. Tengo tres ideas por las que me tengo que decidir, y después... ¡ya veremos! Tengo una propuesta de televisión que no sé si haré. Me gusta, pero para extraer todo lo que tiene de mentira la televisión que es mucho, y, lamentablemente, la gente se lo cree todo.

R.T: Muchas gracias por tu tiempo

Jordi marchó, pero aún nos quedaba conquistar el terreno teatral de una compañía que, desde sus inicios, jamás había dejado indiferente a nadie. En el escenario, dispuesto para inicial la representación de “Cómeme el coco, negro”, nos esperaba Xavier Tena, uno de los integrantes de la compañía más antiguos y, por lo que pudimos comprobar, uno de los más sabios y atentos...

- R.T: Eres uno de los miembros que lleva más tiempo...

- X.T: 20 años ya

- RT: ¿Cómo llegaste a la compañía? ¿Cómo sabias de su existencia?

- X.T: No sabía de la existencia de la compañía hace 20 años. Habían echo las “Delikatessen” y “La Tempestad”. Yo actuaba como hobbie en una escuela de teatro en Barcelona y nos llamaron para hacer unas pruebas para La cubana. Y seleccionaron a cinco. Uno era Santi Millán, otros tres chicos y yo. En esa primera tanda quedó elegido Santi Millán. Y a los dos o tres meses me llamaron a mí diciendo que había otra baja, si me quería incorporar. Y así llegue yo hasta aquí.

-R.T: Y no te arrepientes

- X.T: No. Porque es una cosa que me gusta.

- R.T: ¿Y el casting como fue?

- X.T: Para entrar en “Comeme el Coco”, en su primera versión, nos dijeron que necesitaban un “boy gay”. Yo entré en Mayo y en Junio se estrenaba. Tuve unos 15 días para incorporarme. Cuando yo llegué a los ensayos, tampoco sabía muy bien cómo funcionaba todo. Los veía que estaban ya de personajes en los ensayos. Me pasó lo que le pasa al público en general; que no sabe muy bien si eres así o no eres así.

-R.T: Eso forma parte de la magia de la compañía

- X.T: Si, sin duda. Fue muy divertido porque te lo hacían pasar bien. Te decían: “ahora eres bailarín”, eso era jugar y ver cómo te desenvuelves. Yo la verdad que salí satisfecho de ahí, porque por lo menos me lo había pasado bien, que en un casting es complicado. Y ahora que ya han pasado 20 años hacemos que los castings no sean tan serios. Porque eso limita. Nosotros hablamos y lo encaramos como un juego. Y todo el mundo nos dice: “lo he pasado fenomenal en el casting”. Y eso es muy bueno. Incluso a gente que está muy nerviosa le hemos dicho: “vete a casa y vuelves mañana, porque hoy no es el día”. Porque eso lo notas.

- R.T: ¿Y esta cosa que se crea de buen ambiente en los castings, se vive también entre los compañeros?

- X.T: Sí, claro. Se vive. Y muchas cosas que nosotros hacemos en personajes son de nuestra vida real. Tienes un problema con uno, pero a los dos minutos vas y lo hablas.
Cuando hicimos el casting de “El Coco” había un chaval que iba a hacer un personaje, que era muy bueno y se desenvolvía muy bien; pero tenía un carácter, que en los ensayos ya decíamos: “no va”. Y lo hablamos entre nosotros y cada uno tenía un problema con él. Y ya conocemos la historia; es mucho peor a media gira, echarlo y volver a hacer un casting. Eso lo vas aprendiendo. Y dijimos: “estamos a tiempo ahora”. Y mira que era muy bueno pero… No puedes estar trabajando con una persona con la que no te llevas bien. Y además tantas horas. Porque son horas de ensayo, de montaje, del trabajo, las ruedas de prensa...

- R.T: Y ¿cómo llevas el hecho de que en menos de un mes se acabe este ritmo de trabajo?

- X.T: Por un lado me da pena. “El Coco” es un espectáculo que ya lo hice yo hace 20 años. Hicimos 535 funciones y nos quedó muy buen sabor de boca. Y por eso lo hemos hecho otra vez. Porque ves que tú te lo pasas bien y la gente también. Y cuando hay un espectáculo así, uno lo agradece. Y es muy divertido, yo me lo paso muy bien. Poro eso da pena. Además, nos faltan muchos sitios para ir y muchos pueblecitos.
Es un espectáculo muy cansador también. Cuando hacemos temporadas más largas como Barcelona o Madrid cogemos gente para que nos ayude con el montaje. Estamos los primeros días enseñándole como se monta y ahora descansamos.

- R.T: ¿Si no lo hacéis vosotros?

- X.T: Es que si es un solo día... Hasta que le cuentas a la gente cómo se hace, lo haces tú más rápido. Pero no deja de ser más cansador.
Contratar a gente lo hemos hecho en Valencia que estuvimos tres meses. En Barcelona que estuvimos siete y aquí en Madrid que hemos estado también casi siete meses

- R.T: En La Cubana, por lo que me dices, veo que hacéis de todo. Estáis ahí, ahora mismo, por ejemplo, cosiendo. Yo soy fan de La Cubana desde “El Coco” del 89. Todo lo que habéis hecho aquí lo he visto.

- X.T: Menos “La noche de Opera”

- R.T: Eso no salio de Barcelona. Me estaba contando Jordi que es un montaje muy costoso

- X.T: Dijimos: “vamos a hacerlo más pequeño para ir de gira”. Pero claro, la Opera tiene que ser grande. Si no es grande no te lo crees. Una Opera se tiene que hacer grande, en un escenario grande. Y vamos a muchos pueblecitos en donde “El Coco” ni nos cabe; y “El coco” es pequeño, así que imagínate la Opera...

- R.T: De los personajes que has interpretado, ¿con cuál te quedas?

- X.T: No sé, todos son divertidos. Incluso luego los hacemos aquí detrás. Yo me cambio en el camerino con Mery Huertas y ella era la mujer de un personaje que yo hacía, y ahí andamos interpretándolos. Los personajes nunca se mueren, siempre quedan ahí y luego los reciclas. Yo a todos les tengo cariño.

- R.T: ¿Y de los de “El Coco”?

- X.T: A mí me gustan todos. Lastima que no puedo verlo (Risas) Ayer vino Sara Montiel que es una fan nuestra y ya era la undécima vez que venía y dijimos: “vamos a hacerle un homenaje”. Como se hizo “El Coco” en versión inglesa en Edimburgo, y una de las chicas que actuaban allí, está con nosotros aquí, y allí se había usado la canción “El Relicario” de Sara Montiel, salió a cantarla. Ella estaba cantando y estábamos todos mirándola.
Lastima que nos estemos cambiando porque si no, estaríamos viendo los números de los compañeros. Incluso cuando ensayamos nos bajamos a verlos, pero no los tenemos tan vistos. A mi me gusta mucho el primero

- R.T: El que no ve nadie.

- X.T: Ahora empieza a verlo mucha gente, porque el boca a boca ya se ha corrido. Me gusta porque estamos todos. La letra es muy de ven a pasártelo bien y a divertirte. Es un número que me gusta mucho.

- R.T: ¿Qué le recomendarías a toda la gente que en un futuro quiere estar en la Cubana? ¿Qué tiene que hacer? A lo mejor considera mucha responsabilidad estar en una compañía que lleva ya 29 años.

- X.T: La responsabilidad la tienes porque tienes un nivel y siempre tienes que estar a ese nivel. Pero la responsabilidad de salir ante el público es igual en una compañía amateur, que en una que lleva 30 años.

- R.T: Sí, el respeto al publico.

- X.T: Siempre hay que tenerlo. Hemos tenido un público siempre muy agradecido. La gente que nos conoce. También es cierto que, como siempre jugamos con una doble intención o a darle la vuelta a la historia, siempre hay gente que no entra en ese juego y hay que se cabrea.
Hay gente que viene a ver revista en “El coco”, y de ahí ya no lo sacas. Viene a ver culos y tetas y cuando ven a las chicas dicen: “¿y esto qué es? La obra ya se está casi acabando y te preguntan: “¿van a volver a hacer revista?”

- R.T: Todavía creen que es cierto lo que está ocurriendo en escena...

- X.T: Sí, y se cabrea mucho la gente que no sabe lo que viene a ver. Pero si vienes con la mente abierta y a pasártelo bien, lo pasas genial. Viene mucha gente que piensa que somos cubanos, que es como empieza la segunda parte. Piensan que es el teatro cubano de revista. Pero están las fotos fuera y ya se ve más o menos. Si fuera un teatro cubano yo me lo imaginaria de otra manera.

- R.T: No me has dicho nada para la gente que quiere estar aquí en el futuro...

- X.T: Sí, claro. Que les guste el teatro. Y esta es una compañía como cualquier otra. Si que se trabaja mucho, no lo vamos a negar. Cada uno se encarga de una cosa de escenografía, de maquillaje, de peluquería, pero al mismo tiempo, todos nos hacemos responsables de todo y cuidamos las cosas.
Pienso que a una persona que le guste La Cubana, que sepa de qué palo vamos, qué tipo de teatro hacemos y luego que no se le caigan los anillos ni por conducir la furgoneta, ni por cargar la furgoneta, ni por coser un vestido... yo creo que éste es el sitio ideal para ellos. Aparte de que sea un actor que pueda hacer diversos personajes. Porque hay gente que es buen actor pero con un solo personaje. Incluso, una cosa curiosa, hay gente que por muchas gafas y pelucas y cosas postizas que le pongas...¡Siempre es él! No cambia. Y hay personas que con que solo se ponga bizco le cambia la cara.

-R.T: Muchas gracias por todo.

Pero no nos despedimos ahí; junto a él, subimos a escena, y pudimos saludar a todos los miembros de La cubana, entre bastidores, conocer los “entresijos” de este espectacular montaje, los secretos que provocan, cada noche, la sorpresa de un patio de butacas repleto de aplausos... Secretos que, por el bien de la magia del teatro, hemos decidido no hacer públicos. Tras unas cortinas, y momentos antes del inicio de la función, nos esperaba Meritxell Duró, otra de las integrantes de la compañía, vestida y preparada para dar vida a uno de sus personajes...

R.T: ¿Cómo llegaste a la compañía? ¿Cómo fue tu casting?

M.D: El casting fue muy largo y muy tedioso, porque tienes que hacer muchos personajes. Duró una hora y cuarto, hora y media. Que para un actor que le gusta su trabajo está muy bien. Y eso es lo que te pide La Cubana, que hagas un personaje y luego otro. Yo aquí hago la Mimi, Mercedes y una corista muy fea con el pelo rizado.
Todos han pasado el mismo casting, sea en la época que sea. Yo vengo de otros montajes. Pero la gente de ahora: Alex, Nuria... todos ha pasado el mismo casting.

R.T: ¿Qué le recomendarías a la gente que viene a ver La Cubana y dice: “quiero estar ahí”?

M.D: Se tiene que hacer a la idea de que es mucho trabajo.

R.T: Estabas cosiendo hace un momento...

M.D: Sí, aquí hacemos de todo. Para entrar a La Cubana o a cualquier teatro primero te tiene que gustar. Porque es mucho trabajo. Y te tienes que ganar al público cada día. Actuarás, por ejemplo, con fiebre.

R.T: ¿Cuál ha sido la peor circunstancia en la que has salido a hacer “El Coco”?

M.D: Muy afónica. Empecé canto hace dos años y ya empiezas a tener herramientas para salir del paso. Pero una compañera se tuvo que inyectar cortisonas. Pero sí salí muy ronca. Y te das cuenta que todos tus personajes salen roncos. Físicamente siempre me cuido mucho.

R.T: Porque tu cuerpo es tu herramienta.

M.D: Sobre todo la voz.

R.T: ¿Y de estos personajes que interpretas con cual te quedas?

M.D: Una que me da mucha libertad es la cantante folklórica, Mercedes. Tienes que seguir su historia, pero tienes que estar pendiente del ritmo de la escena.

R.T: ¿Me puedes contar alguna anécdota que no podrás olvidar?

M.D: Una con un compañero que en un cambio de vestuario que hacen muy rápido se puso mal una tanga y se le salía un testículo en escena, y, claro, la gente se dio cuenta.

R.T: Dejas La Cubana en un mes... ¿Cómo lo llevas?

M.D: Bien

R.T: ¿No te da lastima?

M.D: No, es otra etapa...

R.T: Consideras que se acabó esta etapa...

M.D: Nunca se sabe. La vida del actor es muy bonita porque trabajas en lo que te gusta. Pero es muy inestable.

R.T: Mucha suerte. Y gracias por todo.

Entonces sonó un timbre, se apagaron las luces... comenzaba la función. ¿Y el público? Rápidamente, por no molestar, salimos del teatro con la certeza de haber cumplido, con creces, con nuestro trabajo.

Ya en la salida, justo antes de abrir la puerta que separa la magia de la realidad de la Gran Vía, un señor, muy parecido a Jordi Milán, nos despidió con un fuerte apretón de manos... ¡Lo que es la vida! Por arte de magia, aquel Jordi Milán del principio de la tarde, se había transformado en Don Eduardo, que recibía, con bastante mala leche, a los pobres espectadores, incapaces de saber, siquiera, que todo lo que iban a contemplar durante las dos horas siguientes, era fruto de una magia madura y auténtica, de un trabajo sorprendente y siempre convencido, de una compañía que, con mayúsculas, se ha ganado a fuerza de aplausos el lugar más alto en el panorama teatral español: LA CUBANA.

Esteban García Valdivia

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