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LA DISTORSIÓN (Nuestra Crítica)




En un mundo donde el amor es ley...


La ciencia ficción es un género generoso a la hora de contar una historia, pero plasmarlo en escena, sobre todo en teatro resulta un poco más complejo o difícil de lograr de una manera exitosa.

“La distorsión” es ciencia ficción, pero también es realidad. Con la dramaturgia y dirección del joven Lalo Lanusse que logra resolver con la elección de los actores para encarnar en piel y hueso los cuatro personajes de una historia que recorre la comedia y una pizca de drama generando un juego entre el tiempo y el espacio, como si fuesen los flashbacks en el cine, pero en vivo y en directo.

Esto genera que los textos tengan que ser precisos, dichos en el momento justo, sin falla ni titubeo. Es por eso que la elección del elenco me parece atinada, ya que ellos no sólo logran seguir este ritmo complejo entre el presente y los flashbacks que recorren en su historia, sino que también tienen naturalmente tanta frescura que generan esa empatía y conexión con el público.

La historia se basa en una especie de asociación impuesta por el gobierno del turno, donde ponen en una especie de terapia no convencional a las personas que tengan cierta “discapacidad emocional” para lograr vivir sus vínculos amorosos como corresponde. Es así que hacen un análisis de por qué no pueden ser pareja o si pueden serlo cómo lograrlo.
En esta caso una pareja que no es pareja (tan solo compartieron un par de encuentros ocasionales) interpretados por Nina Spinetta y Santiago Mendizábal, que se mueven dentro del guion con suma naturalidad. Caen en manos de una doctora que no es doctora, una persona muy extraña y sensual, vestida con un catsuit blanco y negro muy futurista, interpretado por la divertidísima Fanny Bianco y por último un testigo que los conoce en su búsqueda de un departamento, de casualidad (¿seguro de casualidad?) interpretado por Guillermo Pérez Gaviola.

También cuentan con la banda sonora del grupo indie AlvySinger, con temas como por ejemplo “Que duela”, “Empezando a terminar”, entre otros.
. La puesta en escena es simple, pero logran hacerte imaginar cada habitación de la casa que recorren, o te hacen creer lo futurista que es el lugar en donde están haciendo el análisis, con una silla de peluquería antigua y unos pequeños banquitos.

Es una obra divertida, para pasar un buen rato. Con muchos gags de situaciones que le pueden pasar a cualquiera y demostrando que a veces lo único que impide el amor son los puntos de vista subjetivos de cada parte y el simple temor a enamorarse.

GRETA BELÉN FERREIRA
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