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LA FUERZA DEL DESTINO NOS HARÁ REPETIR




Crítica a Hoy no me puedo levantar


Cuando ‘Hoy no me puedo levantar’ se estrenó en Madrid en abril de 2005, se presentó como un musical netamente español, compuesto en su totalidad por canciones del grupo ‘Mecano’ adobadas con un guión inteligente, picante e ingenioso. El riesgo que asumió Nacho Cano al lanzarse al panorama teatral con este musical fue grande, a pesar de los conocidos éxitos de otros refritos musicales nacidos en el mismísimo West End, pues la tradición española no apostaba por este tipo de teatro a menudo. Sin embargo, hoy lo avalan varios millones de espectadores en Madrid y México, adonde se exportó debido a su gran éxito durante cuatro temporadas en la capital española, y una gira por el territorio nacional en la que, allá donde va, cada noche se cuelga el cartel de “No hay entradas”.

‘Hoy no me puedo levantar’ cuenta una historia que tiene lugar en los años 80 en la capital de España, adonde llegan dos amigos (Mario y Colate) que deciden perseguir su sueño de formar una banda de música. En la ciudad se dan cuenta de que las cosas no son tan fáciles como esperaban y, para ganarse la vida, tienen que ponerse a trabajar en ‘El 33’, un bar que además, será el lugar donde darán sus primeros conciertos gracias a la simpatía que despiertan en el dueño, Anselmo. A partir de entonces, muchos personajes variopintos empezarán a cruzarse en sus vidas, de modo que se produce un desfile de caracteres diversos ante el público: una bailarina de flamenco llamada María, de la que Mario se enamorará perdidamente; Panchi, que se unirá a ellos como batería; Guillermo, un guitarrista homosexual que trata de esconder su orientación sexual debido a los prejuicios de la época; Patricia, una asidua del bar de Anselmo que hace buenas migas con ellos… Poco a poco se va mostrando que el éxito les sonríe, según van dándose a conocer en conciertos y concursos. Sin embargo, la fama, los excesos, el alcohol y las drogas se cruzarán en su camino, y comenzará para ellos una espiral de despropósitos y mala suerte en la que se verán envueltos sin remedio, y de la que tendrán luchar para salir. ‘Hoy no me puedo levantar’ se concibió para reflejar y denunciar ese ambiente de ‘la movida’ madrileña que tanto daño hizo durante la década de los 80 y que destrozó las vidas de los muchos jóvenes que se dejaron llevar él.

La bandeja, llena de deliciosos reclamos, estaba servida: la archiconocida música de ‘Mecano’ ligeramente arreglada para los oídos modernos de los nuevos espectadores, una historia seductora y unos personajes entrañables. A ello se unió un elenco impresionante, con voces estupendas y gran habilidad interpretativa, que va renovándose cada cierto tiempo, pero que, a grandes rasgos, mantiene la esencia original de los personajes y el montaje. Se redescubrió a Miquel Fernández, un joven actor catalán que había bordado su papel protagonista en el musical ‘We will rock you’, que llegaba con unas ganas tremendas de conocer a Mario y que, poco a poco, deslumbró al público con su carismática forma de actuar. Cabe destacar también el personaje de Colate, el amigo inseparable de Mario, que cayó originalmente en manos de Javier Godino, actor que consiguió meterse en el bolsillo a todos los espectadores que pasaron por la Gran Vía para disfrutar de sus venturas y desventuras. Tras la marcha de Godino, tomó el relevo Adrián Lastra, que ya se había ganado su lugar como alternante, y mostró un Colate ligeramente distinto, pero igual de emocionante. Del papel de María, flamenco, agitanado y muy sensual, se hizo cargo en un principio Inma Cuesta, arrebatadora en cada uno de sus pasos y canciones. Además, se contó con secundarios de lujo, como Fanni Alcázar en el papel de la novia de Colate, con una interpretación de sus canciones que ponía la carne de gallina; Diego Paris y Andreu Castro, ambos en el entrañable papel de Panchi (o Chakas, dependiendo de los cambios en el montaje); Javier Navares, que con su experiencia y facilidad actoral siempre interpretaba a un Anselmo lleno de matices, y David Carrillo, alocado y exagerado hasta decir basta.

Junto a todo ello, se cuidaron muchísimo las coreografías, siempre muy modernas y adaptadas a los tiempos actuales, y realizadas impecablemente por un cuerpo de baile profesional y muy entregado. Además, la puesta en escena es visualmente fantástica (aunque no se la calificarse de colosal), y cuenta con detalles que dejan atónito a un público que busca ante todo la originalidad: como ejemplo, merece la pena mencionar la escena de “Dalí y Laika”, con actores volando por el escenario y realizando coreografías complicadas, aderezados con maquillajes sobrecogedores; todo ello, bañado en luces de última generación, de todos los tamaños y potencias, que ayudan a diferenciar de forma precisa los momentos que transcurren en la realidad de los personajes (colores más naturales que sirven para acentuar simplemente los colores) y los que son fruto de su imaginación (azules, rojos y blancos eléctricos, generalmente).

A pesar de todo, y como suele ocurrir en los musicales cortados por el mismo patrón que ‘Hoy no me puedo levantar’, no todo el guión es perfecto. Podría decirse que incluía de manera bastante lógica la mayoría de las canciones de ‘Mecano’ dentro de la historia total del musical, pero no todas (ahí quedan ejemplos como los de “Mujer contra mujer” o “Lía”), porque se pretendió insertar el mayor número posible de éxitos, sin tener en cuenta a veces el contexto o la situación. Además, si bien el libreto original usaba chistes puntuales bien introducidos y gracias precisas, poco a poco fueron degradándose en cierto modo, pues cada actor fue metiendo gentilezas de cosecha propia que llegaban a hacer pesadas algunas partes de la obra.

Siempre es triste que el dinero y las desavenencias administrativas se cuelen como un veneno en el mundo del arte y lo destruyan con su ponzoña -ya decía el mismísimo Fantasma de la Ópera que “my managers must learn that their place is in an office, not the arts” (“mis administradores deben aprender que su lugar está en una oficina, no en el arte”)-, y por eso es una lástima que este rotundo éxito quedara empañado por los enfrentamientos surgidos en las altas esferas, que terminaron dando con los huesos de Nacho Cano y José Manuel Lorenzo (uno de los productores) en la calle, y con todo el elenco y equipo artístico completamente dividido entre un bando y otro.

Al margen de esto, debemos decir que el panorama musical español está de enhorabuena por la creación de este musical autóctono, muy interesante y con grandes dosis de emociones que dejan los sentimientos a flor de piel. Sin duda, la fuerza del destino nos hará repetir una y otra vez.


Esmeralda López Muñoz

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