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LA PASIÓN NOS ENCANTA... SOMOS UNOS INCONSCIENTES




Mayo 2008-Estuvimos en la rueda de prensa de “Animales artificiales”, para comprobar que, por mucha sociedad que tengamos, los orígenes siempre nos acompañan.


Si alguien, a día de hoy, se encuentra por la calle a un cisne con sombrero, una mujer con un considerable bigote o, incluso, un bicho con zapatos rojos, pensaría que este mundo se ha vuelto, cuanto menos, loco, si no del revés. Pero si te dicen que todo eso es posible, que lo puedes ver en un mismo tiempo y lugar porque es producto de un montaje teatral… la cosa cambia. Eso es lo que ha querido reflejar la creadora y directora del nuevo espectáculo llamado “Animales artificiales”, Ana Vallés, que se expone entre los días 7 y 11 de mayo en el nuevo teatro Fernán Gómez: la delgada línea que hay entre las reglas que impone la sociedad y el instinto animal que todo hombre lleva dentro, y del cual suele ser fruto todo lo que juzgamos como “extraño” o fuera de lo normal, sin olvidar que lo “normal” no es más que producto de una costumbre que hemos adquirido con el tiempo, pudiendo ser válida cualquier cosa, y en el escenario se demuestra.

No sabemos muy bien por qué pero está visto y comprobado que cualquier cosa es posible encima de los escenarios. A las tablas se les conceden ciertas licencias que en la sociedad están prácticamente, no ya prohibidas, sino fuera de toda lógica. Pero es muy fina la frontera que separa el mundo animal, del cual venimos, del mundo social que hemos creado, en el que vivimos, y del que creemos ser perfectos habitantes.

La mañana del pasado martes, día 6 de mayo, la directora del mencionado teatro, y la directora de la obra, muy bien acompañadas por parte de los 9 miembros del elenco de artistas que componen el espectáculo, nos presentaron, como se merece, “Animales artificiales”, coproducida por el Festival Internacional de teatro de Málaga, el teatro Fernán Gómez y el Instituto Gallego de las Artes Escénicas y Musicales; desentrañando algunas de las dudas que nos surgen al escuchar un nombre de ese calibre.

Ante todo, una Ana Vallés seria y muy en su papel, quiso agradecer al teatro por la invitación para enseñar al público su nueva propuesta, puesto que hacía ya tiempo que querían pisar sus tablas. Parece ser que el premio del público en la Feria do Teatro de Galicia 2005 al Mejor Espectáculo, o el premio al espectáculo más innovador y original del XI Festival Internacional de Teatro y Artes de Calle de Valladolid, entre otros varios, han sido más que suficiente para acabar convenciendo al teatro de la plaza de Colón de que, Matarile Teatro, surgido hace 20 años buscando la gestión del teatro Galán (actualmente inactivo) y con un criterio de divulgar las artes escénicas y la danza contemporánea, es una buena idea para llenar sus tablas.

Se trata de un espectáculo teatral, ante todo, pero compuesto por bailarines/actores, un músico y un contratenor (tuba), que contribuyen a crear el desfile de variedades, de personajes, y de nacionalidades que componen el equipo. La variedad era lo primero que buscaba Ana para dar vida a este número, con gente proveniente de Madrid, Canarias, Alemania… de distintas edades, culturas y experiencias; veteranas en la disciplina y, con recorrido, a sus espaldas, a lo largo y ancho de la sociedad que describen. No tiene texto previo pero tampoco se deja mucho espacio a la improvisación, que Vallés valora por requerir mucha generosidad y ser muy arriesgada, por lo que se van conjugando las distintas variedades de actuación para acabar creando la “estructura asociativa” que describe la autora, anteponiéndola a la estructura narrativa. Se vale de distintos textos y de los diferentes lenguajes teatrales para llevar a las sensaciones que pretenden producir, pero siempre por asociación de ideas, por relación de elementos y conexión de recuerdos.

Ana Vallés parte de la idea del equilibro, existente, en el que vivimos, por un lado con nuestra parte animal, y por otro con la parte relacionada con el mundo construido, artificial, en el que nos movemos, acabando convirtiéndonos en “animales sociales”. Animales sociales, porque, entre otras cosas, tenemos rasgos que nos distinguen de los animales, tales como la empatía: la capacidad de ponernos en el lugar del otro y entender las situaciones ajenas.

Otros temas paralelos, que definen al ser humano frente a la naturaleza animal, serían el cambio de imagen, la transformación, como búsqueda de la intimidad y la individualidad de cada uno, en un mundo en el que queremos pasar desapercibidos, pero al mismo tiempo pretendemos destacar y reivindicar nuestra identidad. Todo ello mostrado en un espacio en el que se da una eterna contradicción: el escenario, en donde se llevan a cabo las escenas en que se mezclan la naturalidad aparente que la profesionalidad de los actores deja creer, y el artificio que lo acompaña, de estar desarrollando un papel y todo lo que ello conlleva.

Funde lo actual con la tradición, además de las diferencias de los actores, la fusión de textos, en un largo etcétera de componentes que, aderezados con el humor intranscendente más sano, el de reírnos de nosotros mismos, dan lugar a un disparatado caldo de cultivo que nos lleva a establecer la relación entre, lo que somos hoy en día y lo que, realmente, somos: animales.

Ana Isabel Auñón

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