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LA PATRIA FRÍA (Nuestra Crítica)




Vale la pena descubrir qué pasa en ese circo antiperonista...


“La Patria Fría” es el resultado de una indagación sobre la reactualización del grotesco, una búsqueda de un lenguaje teatral contemporáneo inscripto en la herencia formal y temática que dejaron los pioneros de ese género.

Es una de las obras más originales que ganó el Concurso de Proyectos Teatrales organizado por el Festival Internacional de Buenos Aires (FIBA) junto con el Instituto Nacional del Teatro (INT). Cuando el público ingresa a la sala, en cada asiento hay una sorpresa muy linda, una especie de souvenir que a uno lo hace sentir chico otra vez; el público es tenido en cuenta con ese recibimiento; un detalle absolutamente novedoso para predisponerse a ver una gran obra de teatro.

La escenografía recrea exactamente ese espacio circular característico de los circos, con paredes cubiertas con lonas rayadas en rojo y blanco. Dentro de la carpa se encuentran algunos de los principales actores: un enano que creció y quieren despedirlo a toda costa que toca la guitarra en vivo, aprovecho para felicitarlo por su talentosísima actuación; un payaso cooperativista; un tuerto alemán lanzador de cuchillos; un funambulista que desahoga sus pena bajo el alcohol; una contorsionista guaraní que confiesa estar embarazada sin saber de quién es; un presentador opositor; un crítico del pueblo y quien representa al público, todos reunidos con el fin de cómo pueden hacer para captar más gente. Cuando comienza la función, ellos nos van aclimatando y logran que uno entienda que está en el “backstage”, es decir, en el detrás de escena. Una obra mostrada de adentro hacia afuera. La idea es atractiva y está muy bien planteada. Los actores forman parte de una compañía de circo muy pobre, uno de sus integrantes la siente como una cooperativa. Este circo de los años ´50 viaja de pueblo en pueblo con bajos recursos. Como todo trabajo, necesitan dinero y así es que se esfuerzan por salir con una sonrisa para poder convocar gente y de esta manera, vender entradas. Sin embargo, el público se va yendo luego de ver los primeros trucos.

A éso se le suma que llega otro tren, el cual es el tren solidario de Eva Perón, en el que la gente está muy contenta porque les dan regalos. Si las noches de circo venían siendo duras, con la llegada de este tren popular, esa función en particular, se hace mucho más difícil llevarla a cabo. El público incentiva al artista desde cualquier punto de vista. En medio de toda esta situación, se ven las más crudas realidades individuales; las relaciones que tienen entre ellos; quedan expuestas las internas; la previa antes de la función; y uno como espectador vive junto a ellos el nerviosismo antes, durante y después de salir a escena.

Vale la pena descubrir qué pasa en ese circo antiperonista.

Lic. Paula Volman

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