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LAS DIEZ CANCIONES MÁS DRAMÁTICAS




Un repaso a las diez escenas más dramáticas de la historia del musical


El mes pasado comenzamos una sección de la revista en la que hacíamos un repaso de las diez mejores canciones de amor en los musicales. La propuesta de febrero es un nuevo CD, pero esta vez, compuesto por las diez canciones más dramáticas, las que hacen que el espectador se remueva inquieto en su butaca porque no puede deshacer el nudo que le atenaza la garganta, y consiguen que se vea al borde de las lágrimas.

Por un lado, encontramos aquellas canciones que implican una petición desesperada. Generalmente se atribuyen a personajes en los que los demás han perdido la confianza, que se ven solos y desvalidos, y que intentan con todas sus fuerzas, abandonada ya prácticamente toda esperanza y mediante notas desgarradoras, volver a sentirse valorados y felices.

- ‘No llores por mí, Argentina’ (Don’t cry for me, Argentina), de “Evita”. Eva Perón dedica un canto a su amada Argentina, diciéndole lo mucho que significa para ella. Se intuye cierto arrepentimiento también, lo que contribuye a darle a la canción aún más tensión.

- ‘Memory’, de “Cats”. La gata Grizabella es repudiada por el resto de gatos de la manada debido a su aspecto y a la vida que ha llevado, y ella pide desesperadamente volver a ser querida, sentirse simplemente, una más. Es una canción dedicada a la angustia que provoca la soledad y está cantada de principio a fin con una congoja única, llena de recuerdos de tiempos mejores que ya no pueden regresar.

Sabemos que hay mil maneras de provocar la pena, pero sin duda, también somos conscientes de que la culpable de gran parte de los sufrimientos, pesadillas y llantos que nos acosan en esta vida es, simple y llanamente, la muerte. Cuando ella acecha y amenaza con su presencia, cuando empieza a agarrotar sus dedos largos y fríos para cerrar su negra mano sobre alguna vida, muchos son los personajes que sienten la necesidad de despedirse de sus seres queridos. Las canciones que cantan, salen al mundo con su último aliento, se podría decir que son casi una metáfora de la inminente expulsión del alma.

- ‘The sacred bird’, de “Miss Saigon”. Quizás, una de las canciones más tristes que se hayan escrito jamás. Cada una de las palabras que le canta Kim a su hijo desprende una pena infinita. La tristeza que ha ido envolviendo al espectador culmina con una explosión demoledora cuyo eco nos vemos condenados a seguir oyendo en nuestros corazones para siempre.

- ‘Una pequeña lluvia’ (A little fall of rain), de “Los Miserables”. Éponine llega herida de muerte junto a Marius, en cuyos brazos cae rendida. La desesperación de él se ve inmediatamente contrastada por la escalofriante serenidad de ella, a quien se ve casi feliz en un momento tan crítico, por estar al fin tan cerca de su amado. El dúo que ambos mantienen al pie de la barricada, rodeados de armas y desalentados estudiantes, es estremecedor.

- ‘For good’, de “Wicked”. Hastiada ya de luchar y a punto de terminar con su vida para dejar de ser un estorbo, Elphaba confiesa a Glinda que en realidad, se alegra mucho de que las vidas de ambas hayan cruzado sus caminos, pues cree que ello les ha ayudado a ser mejores y a crecer como personas, y Glinda concuerda con ella, respondiéndole con la misma dulzura. Es una declaración de amistad preciosa por parte de las dos brujas, que se piden perdón mutuamente para terminar con todas sus rencillas, y finalmente se despiden con unas notas impregnadas de ternura.

- ‘Getsemaní’ (Gethsemane), de “Jesucristo Superstar”. Jesús es condenado por su propio Padre a morir para salvar a la humanidad, así que le pide explicaciones de todos los sufrimientos que va a tener que padecer, e incluso le ruega que suspenda todo lo que, inexorablemente, tiene que ocurrir. Esta canción es un verdadero torrente de emociones encontradas, en la que el protagonista da rienda suelta a sus sentimientos y muestra a un ser humano indefenso, lleno de dudas y desesperado por el futuro que se le viene encima. Es una de esas escenas que no dejan impasible a nadie.

Por último, el llanto por los que han muerto. Prácticamente son canciones elegíacas, que ponen los pelos de punta y muestran un dolor más allá de lo imaginable, poniendo el corazón de quien la canta en la mano de quien la escucha. Es imposible resistirse a ellas, la lucha está perdida de antemano, pues tienen una fuerza devastadora que arrastra consigo al espectador y lo sumerge en ese mundo aciago y desolador en que se ha convertido el interior del protagonista.

- ‘Cuánto quiero yo volverte a ver’ (Wishing you were somehow here again), de “El Fantasma de la Ópera”. En esta canción, Christine recuerda a su padre muerto, que había sido su compañía y guía en la vida. La escena se desarrolla en un cementerio, y la chica hace continuas alusiones a los ángeles y lápidas que la rodean, que se convierten en los fríos compañeros de todos los que mueren.

- ‘Danza, mi Esmeralda’ (Dance, mon Esméralda), de “Notre Dame de París”. El horrible destino sufrido por Esmeralda y el amor que Quasimodo siente por ella, hacen que el apenado campanero le dedique esta dolorosa canción a la gitana, mientras la mece en sus deformes brazos y llora lágrimas amargas sobre las largas pestañas de ella. Esta canción cuenta con varias subidas de la música verdaderamente espeluznantes, y que van acompañadas por gritos lastimeros de Quasimodo mientras canta, con los que confiesa que la muerte en realidad, sería ahora un regalo para él, pues ambos infelices volverían a compartir el mismo mundo.

- ‘Me cuesta tanto olvidarte’, de “Hoy No Me Puedo Levantar”. Canción original del grupo Mecano que acabó formando parte de este exitoso musical. Mario expresa la pena ilimitada que siente por la brutal pérdida de su mejor amigo, a quien, por las circunstancias de la vida, había desatendido y casi olvidado. Los núcleos principales de esta canción son el arrepentimiento y la imposibilidad de olvidar al ser querido desaparecido.

- ‘Sillas y mesas vacías’ (Empty chairs and empty tables), de “Los Miserables”. Ésta es la única obra de la que tomo dos canciones, y podría haber escogido muchas más, pues, al estar basada en el libro romántico que todos sabemos, cada paso que da el musical es casi una lágrima en el camino del espectador. Después de la desigual lucha en las barricadas, el pobre Marius recuerda desde la soledad de su mesa, las de sus compañeros, que ahora aparecen vacías. El lamento del joven consigue inundar los ojos de los asistentes, que rememoran junto a él los nombres y hazañas de los heroicos estudiantes que dieron su vida en pos de un sueño imposible.


Esmeralda López Muñoz

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