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LOS VERDADEROS PROTAGONISTAS




Reflexiones sobre un estreno


Han pasado ya unas semanas desde que ‘TRICICLE’ estrenó “Garrick” en Madrid. Yo estuve allí, por una de esas casualidades que tiene la vida, y, con gran satisfacción, me encargué de hacer la (objetiva, informativa y quizás por ello un poco fría) crónica de todo lo que ocurrió antes de la representación -a la que no pudimos asistir- para nuestra Revista de RedTeatral.
Sin embargo, llevo todo este tiempo pensando en aquel día y releyendo la crónica que escribí después, y francamente, no me quedaba nada tranquila. Llevo dos semanas escrutando los párrafos del artículo, contando con decepción el número de veces que utilicé la palabra ‘TRICICLE’ o los nombres de Carles Sans, Paco Mir y Joan Gràcia. Ya la primera vez que lo repasé, el balance me pareció tan nefasto en comparación con el resto de cosas a las que me había referido, que el ritual de echarle un vistazo cada día y hacer de nuevo el recuento era casi como un castigo que me había impuesto a mí misma.
Qué quieren, me sentía culpable. Y más que nada era por lo que le había comentado a mi jefe y director general de RedTeatral -que griposo y todo, hacía aquella noche las veces de mi acompañante e introductor en este loco mundo de los estrenos- justo antes del photocall (pero qué súper bien suena esta palabra, ni siquiera sé qué demonios significa en castellano), que es ni más ni menos que la ansiada llegada de los famosos a la alfombra roja, y los mil y un disparos de flashes de todas las cámaras con objetivos descomunales, y los “mire aquí arriba, por favor” y “a la derecha abajo” y “¡¡míreme a mí, a mí, a mí, a mí!!”… Si les parece, empiezo a contar la verdadera crónica de aquella noche ahora y dejamos el ya mencionado comentario, que es sobre el que se basa este artículo de pies a cabeza, para más adelante.

- “¿Te atreves a cubrir un estreno de grandes proporciones mañana por la noche? ‘TRICICLE’ va a estrenar obra mañana aquí en Madrid y RedTeatral tiene que estar allí.”
Esa fue la pregunta que me hizo el director de contenidos de España, por teléfono, la tarde anterior al susodicho estreno.

¿‘TRICICLE’?

Pónganse en mi situación: MI PRIMER PASE DE PRENSA, señores, eso con lo que ni siquiera un periodista con carrera se puede ni imaginar en sus mejores sueños; sin yo tener ni la más remota idea de qué hacer ni qué decir… Me tenía que plantar en el Teatro Gran Vía y contar después lo que había visto. Y además, a eso añádanle: ¡mi primer estreno iba a ser uno de ‘TRICICLE’, ni más ni menos! Les confieso que la envergadura de la empresa a acometer me superaba. Pero no sé cómo lo hace mi amigo, que siempre me acaba convenciendo… Le diré que haga lo posible por patentar su don para que se lo reconozcan como un superpoder más.
En fin, que al día siguiente allí estaba yo, delante del teatro en cuestión con mi libreta de anillas comprada en la papelería de al lado de mi casa, mi boli bic y mi cámara de fotos digital (de la que me siento muy orgullosa) sujeta con una goma para que no se despiezara como un vulgar Mr. Potato. ¿Les parezco demasiado poco profesional? Vaya, lo siento, es un defecto que tengo, trabajo en esto porque me encanta el teatro. Cuando llegué al lugar, el cartel rojo de “Garrick” y las caras de Paco Mir, Joan Gràcia y Carles Sans saludaban risueños desde la fachada, y la alfombra roja todavía estaba cubierta por un plástico transparente que evitaba que los profanos pies de los, por otro lado, ilusionados transeúntes la estropearan antes de la llegada de sus destinatarios reales. Mi jefe y yo no tardamos en encontrarnos a la puerta y no nos demoramos mucho fuera, porque aquella noche hacía un frío que congelaba las ideas. Si pensaban ustedes que podía estar nerviosa ya, les puedo asegurar que traspasar las puertas del teatro con la incertidumbre a cuestas no colaboró en exceso a que mi ánimo se relajara, más bien al contrario. Aun así, rápido me di cuenta de que estaba en buenas manos, porque en tres minutos, mi jefe lo había dispuesto todo de manera que enseguida me sentí campando a mis anchas entre los fotógrafos, presentadores, periodistas, etc., que ya se arremolinaban tomando posiciones en el lugar que se les había asignado, de cara a la pantalla blanca por la que habían de pasar todo los famosos minutos más tarde. Aquello era como una jaula (en la que me resistí a entrar tanto tiempo como pude), una isla en medio del vestíbulo del teatro (por cierto, es precioso, desde la decoración de las paredes hasta la impresionante lámpara de cristales que colgaba del techo y que cortaba la respiración). Y estando en estas reflexiones y contemplaciones, Carles Sans, serio y aparentemente concentrado en sus cosas, pasó a mi lado vestido con su chaqueta negra y su camisa oscura (me van a perdonar la falta de precisión, pero es que tengo un ligero problema con los colores). No pasó por el lado hacia el que miraban los fotógrafos, sino por el otro, por el que, no sé si deliberadamente o no, le hizo pasar desapercibido. No sé qué pensaron los fotógrafos que había por allí, pendientes de la llegada de los altisonantes nombres que iban a pisar la alfombra roja, del hecho de que un miembro de ‘TRICICLE’ acabara de pasar a su lado (ay, perdón, que no le vieron), pero yo me sentí profundamente emocionada por mi suerte. Sentí momentáneamente un impulso de pararle y pedirle que me permitiera hacerle una foto, pero teniendo en cuenta mi felicidad, creí más oportuno dejarle ir antes de que me traicionaran los nervios.
Aún seguía con la sonrisa en la cara cuando, al poco rato y en dirección contraria, se deslizó por la alfombra no roja Paco Mir, con las manos en los bolsillos de sus pantalones de cuadros escoceses. Los fotógrafos, de nuevo, a lo suyo. Unos le vieron, otros no. Para el caso, fue lo mismo. Seguían esperando a Paulina Rubio para preguntarle por un asunto sobre cierto visado. A mí, se me pintó otra vez la sonrisa, pero esa vez la noté diferente. Era un poco menos alegre que con el ‘momento Carles Sans’. Y, claro, no mucho después, cruzó a mi lado Joan Gràcia, un poco indiferente, y con razón, hacia todo lo que le rodeaba. No voy a describir las reacciones de los fotógrafos porque estoy segura de que las han adivinado. Y yo aquella vez ya no me reí. Me volví hacia mi jefe y pensé en voz alta:

- “No lo entiendo. Acaban de pasar por aquí los tres PROTAGONISTAS de la noche, los tres, y nadie ha movido ni un solo músculo. Todo el mundo está mirando hacia la calle a ver si aparecen Míster España o Eugenia Martínez de Irujo. ¿Pero todos estos periodistas a qué han venido aquí? Pasan los ‘TRICICLE’ a su espalda, los tres actores que van a estrenar esta noche en este teatro, y ellos se quedan tan indiferentes. ¿No es un poco…? ¿Un poco…?”

Buscaba algo que me sirviera para describir cómo sentía yo esa situación: una palabra, una expresión, pero no las encontré. ¿Triste? No sé, me parece que Carles Sans, Paco Mir y Joan Gràcia no estaban en absoluto tristes, y encima, la palabra no pegaba nada con una noche en la que se iba a representar una obra cuyo objetivo era hacer reír cada diez segundos. ¿Fuerte? Un adjetivo muy usado por el colectivo juvenil hoy día y que sirve para todo, pero yo quería algo más concreto. ¿Raro? Uuuuuffffff, para qué me iba a poner a hablar de rarezas en un ambiente como aquél, en el que yo estaba dentro de la isla de los fotógrafos, calentita y oyendo música, y el mismísimo Millán Salcedo esperaba fuera helándose de frío con su sudadera de capucha roja. ¿De locos? Pues miren, sí, locos estamos todos, sobre todo porque tenemos nosotros la culpa de que los periodistas busquen lo que buscan: lo sensacional, al famoso de líos más rosas, a la más guapa… y no al PROTAGONISTA (tres, en este caso), al alma y corazón del evento, al que debería ser el verdadero núcleo de la noticia.

No encontré, ni encuentro, la palabra que buscaba, o a lo mejor las encontré todas. El caso es que todavía no sé cómo tomarme mi primer estreno. Los ‘TRICICLE’ sólo fueron flasheados cuando el encargado de prensa del evento los presentó a las cámaras, ni antes ni después. Nadie pidió “una foto más aquí abajo a la izquierda”, como se hizo con las modelos, los empresarios y los nobles… pero yo sí. En aquel momento decidí que yo no quería contribuir a dejar en la sombra a gente válida y trabajadora como aquellos tres señores en beneficio de personajes que son famosos porque la sociedad los ha convertido en eso. Y ahora tengo una bonita foto en la que Joan Gràcia está mirando directamente a mi inigualable cámara de fotos descuajeringada con una cara la mar de divertida.

Y, por fin, gracias a esta crónica y después de dos semanas, voy a dormir tranquila otra vez.

Esmeralda López Muñoz

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