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MAL DE PIERRES: LA EXQUISITA COTILLARD (NUESTRA CRITICA)




“Les avant-premières”, y un poco de amor francés...


Se estrenó, en Buenos Aires, esta pieza del más clásico drama romántico francés, ambientada en los años ’40, en el marco de la temporada 2017 de “Les avant-premières”.

Dirigida por Nicole García, quien vino a la Argentina a presentar el film, Mal de pierres (conocida en castellano como “Un momento de amor”) cuenta la historia de Gabrielle (Marion Cotillard), una joven de familia pudiente, con un comportamiento algo extravagante. Su afición a la poesía romántica, sumada a su deseo incontrolable de encontrar el amor, la sumerge en un mundo fantasioso que la impulsa a actuar de manera desenfrenada. Estas conductas inadecuadas para el contexto social de la época, llevan a su madre a buscarle un “buen marido” que sepa cuidar de ella y la fuerza a casarse con José (Àlex Brendemühl), un republicano catalán algo rústico que trabaja como recolector en la Provence.

José acepta casarse por conveniencia aunque, desde el comienzo, muestra interés en Gabrielle y, a lo largo del film, se va enamorando de ella de una manera absoluta, con un amor puro, desinteresado e incondicional. José es un personaje extraordinario y Brendemühl es perfecto para él: su rostro denota misterio y soledad. Es un hombre de trabajo, sufrido, que huyó de la guerra civil española y llegó a Francia con la esperanza de olvidar. Es un personaje noble; da muestras de una capacidad de albergar a su mujer de una manera conmovedora, cuidando siempre de no dejarla caer. Pero ella no es feliz en ese matrimonio.

Un día, a Gabrielle le diagnostican cálculos en los riñones (mal de pierres) y debe pasar una temporada en un hospital de aguas termales para curar su dolencia. Allí, conoce a un joven enfermo, André Sauvage, (Louis Garrel) de quien se enamora perdidamente.

Todo en este film es “de película”, incluido Garrel: su estilo lánguido de formas alargadas y rasgos finos, la tormentosa condición de desahuciado de Sauvage, imprimen a la historia la belleza y el dramatismo necesarios para desatar la pasión de Gabrielle, una Cotillard en su punto justo que siente, por fin, que le llegó su “momento de amor”.

Pocas veces me ha parecido, como ahora, tan acertado el título con que han rebautizado a este film. Ella tan solo deseaba vivir “Un momento de amor”. Muchas personas pasan por la vida sin conocer cómo se siente estar verdaderamente enamorado. Ella deseaba, con locura, vivir una pasión desmesurada y encuentra, en André, lo que buscaba. Pero el film arroja un desenlace inesperado, en el que la realidad y la fantasía se trastocan y confunden.

Nicole García trae, en este film, un poco de amor francés, a la vieja usanza. Una pieza elegante bien narrada y bien filmada, con un final -sin embargo- algo decepcionante.

Adriana Muscillo para Redteatral

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