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PRÁCTICAMENTE PERFECTA EN TODO




Revisión del musical Mary Poppins, un clásico que no caduca


Desde el año 1964, forma parte del imaginario colectivo universal la figura de la niñera perfecta que volaba con su paraguas, gracias a la película que Walt Disney hizo sobre “Mary Poppins”, una serie de historias escritas por la autora australiana P. L. Travers a principios de los años 30 del siglo pasado. Esta adaptación cinematográfica en clave musical se ganó el favor de todos los públicos por su dinámico guión, las inolvidables canciones, los escenarios fantásticos y las fabulosas interpretaciones de Julie Andrews, Dick Van Dyke o David Tomlison, entre otros. Podríamos decir que, desde 1964, prácticamente todos los niños del mundo occidental se han criado intentando deletrear o decir al revés la palabra “Supercalifragilisticoespialidoso” en las diferentes adaptaciones que cada lengua ha realizado de ella.

El carácter alegre y musical de la película pedía a gritos desde hacía mucho tiempo una adaptación al teatro, y dado que en los últimos años hemos comprobado que se pueden hacer musicales sobre casi todo, era sólo cuestión de tiempo que Mary Poppins alzara el vuelo sobre Londres. Efectivamente, en el año 2004, se estrenó en el West End dicho musical por obra, una vez más, de Cameron Mackintosh, que, si bien seguía la idea tradicional de la película, innovaba en ciertos aspectos relativos a la escenografía, los efectos especiales y las coreografías, así como en los matices de carácter de algunos personajes; muchas de las escenas de la película fueron eliminadas, pero se añadieron otras nuevas basándose directamente en la fuente original de las historias de Travers.

Afortunadamente, tuve la oportunidad de ver “Mary Poppins” en Londres no hace mucho. Sería un crimen no destacar las interpretaciones que Scarlett Strallen (Mary Poppins) y Gavin Creel (Bert) hicieron de sus personajes. Mary ha adquirido en esta versión teatral un carácter aún más fuerte que el mostrado por la de la película, y quizás sea por eso por lo que se resiente en cierto modo esa dulzura de Julie Andrews que todos tenemos en la retina, pero aun así, su actuación fue encomiable, pues estos nuevos matices del personaje no están en absoluto fuera de contexto. Bert, por su parte, sigue siendo ese ganso gracioso que ha llenado los corazones de todos nosotros durante tantos años, y demuestra unas dotes bailarinas que hacen de él un papel completísimo. El matrimonio Banks (Aden Gillett y Rebecca Thronhill) queda ligeramente eclipsado por los dos personajes anteriores y por los niños que interpretan a Jane y Michael (Liberty Cheesman y Daniel Barber el día que yo fui), que son una verdadera maravilla en todos los sentidos, si bien es verdad que Jane gritaba demasiado en algunas escenas habladas.
Convendría destacar también la calidad de las nuevas escenas introducidas en la obra, como aquélla en la que se encuadra ahora la canción de “Supercalifragilísticoespialidoso” ("Supercalifragilisticexpialidocious" en su versión original), que se desarrolla en una tienda de golosinas y que cuenta con una de las coreografías más impactantes de todo el musical, en la que prácticamente todos los actores del reparto bailan deletreando la palabra en cuestión a un ritmo vertiginoso; o aquélla en la que Jane y Michael conocen a los deshollinadores amigos de Bert, que hacen un baile coordinadísimo a base de pasos de claqué. Lo más triste de las escenas eliminadas es que hemos perdido la del tío Albert atrapado en el techo porque no puede parar de reír.
Analizando el apartado más técnico, es posible que los efectos especiales sean lo más impresionante de la obra: desde ver volar a Mary Poppins por el escenario y por encima incluso del público, pasando por los trucos de magia que se saca de la manga (o más bien, del bolso, del que extrae no menos de diez objetos de proporciones considerables, entre los que destaca una sábana que se convierte por arte de magia en una cama ante los atónitos ojos del espectador), o la recogida espectacular que hace de la cocina sin tocar ni un solo objeto roto, y llegando hasta observar cómo Bert comienza a andar por las paredes que enmarcan el escenario y se pone a bailar en el mismísimo techo mientras todo el público contiene la respiración…
En cuanto a los cambios de escenario, son también muy llamativos, pues los elementos escénicos varían mucho para representar todos los lugares de la historia (la casa a tamaño real decorada con todo lujo de detalles que aparece deslizándose desde el fondo del escenario; la habitación de los niños, que baja desde la parte alta del escenario y lleva una azotea incorporada; las escaleras de la catedral, el parque en movimiento...)

Reconozco que tenía mis dudas cuando asistí a la representación de “Mary Poppins” en Londres, pues había crecido viendo la película y conocía todas las canciones de memoria en castellano, así como cada expresión y gesto de Julie Andrews. Sin embargo, el musical no decepciona en absoluto, más bien al contrario, deja ese buen sabor de boca que caracteriza a todas las obras llenas de magia y alegría, y el musical de “Mary Poppins” desprende ilusión por los cuatro costados. El público se entrega al máximo en cada función recordando las canciones que en tantas ocasiones les han acompañado, lo cual es buena señal, pues significa que nuestra niñera favorita sigue siendo “prácticamente perfecta”.

LO MEJOR
- Las canciones
- Las coreografías
- La escena de “Supercalifragilísticoespialidoso” al completo
- La introducción de la escena de las estatuas móviles del parque
- Los efectos especiales
- Es Mary Poppins

LO PEOR
- Su excesiva duración (3 horas con el intermedio)
- Haber perdido escenas de la película como la del tío Albert o la del tiovivo


CALIFICACIÓN FINAL: 4,5/5 : IMPRESCINDIBLE

Esmeralda López Muñoz

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