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UN JUDIO COMUN Y CORRIENTE (NUESTRA CRITICA)




“El ser”...


En su tercera temporada, y con muy buenas críticas, se estrena en el teatro Chacarerean, "Un judío común y corriente".

Bajo una premisa muy sugerente y controvertida, esta pieza del suizo Charles Lewinsky, donde principalmente se nota la mano de guionista de televisión que posee, nos llevará sinuosamente a una historia que nunca se olvidará: "El holocausto". Pero si bien tratar esta temática no es digamos, algo fácil; se evita la pesadez que podría haber tenido el relato, para dar paso a momentos de brillantes reflexiones, e inclusive, de humor.

La obra está muy bien llevada y nunca deja de ser interesante, parte fundamental de ese logro es gracias al trabajo que efectuaron el protagonista y el director: Gerardo Romano y Manuel González Gil respectivamente.

La premisa nos presenta a un reconocido periodista, que recibe, por parte de un profesor de ciencias sociales de una prestigiosa institución, una invitación para que les hable a sus alumnos sobre lo que significa ser un judío en la Alemania de hoy. En un principio, este respetado ensayista, se niega a ser exhibido en un salón de clases de Hamburgo como una rareza, como una especie en extinción en un país políticamente correcto que casi borra del mundo a su pueblo; y la dramaturgia transcurre en la explicación que le dará al maestro de su negativa.

La obra dividida por segmentos y una musicalización sobresaliente de Martín Bianchedi, compuesta originalmente para la pieza, nos mostrará una semblanza de este hombre incisivo, herido que lo que más desea es ser un judío común y corriente pero que no puede escapar de las circunstancias de su historia personal y familiar.

La actuación de Gerardo es consagratoria, esta soberbio arriba del escenario y la pieza le cae natural; hasta los textos son fluidos en él, y me jugaría al decir que también tiene lugar para alguna improvisación.

La escenografía de Marcelo Valiente es increíble y está muy bien lograda, aprovechando al máximo el espacio escénico del teatro y un poco más, dejaré que lo descubra el espectador, pero es fundamental para el transcurso de la obra.

La dirección del experimentado Manuel está correctísima y logra el tono justo en su actor y en la puesta.

Definitivamente recomiendo la visión de esta obra, y como habrán visto, motivos me sobran para hacerlo; pero fundamentalmente ya que tiene la rara habilidad de hacernos reflexionar y nos deja pensando, pero a la vez de reír, y eso es mucho, no?

GUSTAVO MARTIN SCUDERI
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