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VAREKAI: ARTE EN MAYÚSCULAS




Crítica al nuevo espectáculo del Circo del Sol


Cuando Ícaro desciende de los cielos al mundo oculto de Varekai (“dondequiera” en el lenguaje romaní de los antiguos gitanos), el espectador apenas es consciente de que, lo que a continuación va a contemplar, es una maravilla visual digna del mayor espectáculo del mundo.

Así, sin tapujos, el circo del sol consigue, con su nuevo espectáculo, transportarnos a un mundo extraño, ataviado con los ropajes de un frondoso bosque, donde todo es posible, incluso la excelencia escénica a la que, por otro lado, ya nos tienen acostumbrados. Varekai sorprende, sin embargo, por su cuidada disposición escénica, y por el hilo argumental, mucho más claro y conseguido que en anteriores trabajos, aportando a la representación, la clásica magia del circo del sol y, además, la sintonía total de los elementos que forman la escena. Nada sobra en la producción, y todo está al servicio de un “¿Quién da más?” que se va superando a cada momento.

Desde la original introducción, a los continuos números circenses, cada vez más arriesgados y espectaculares (cabe destacar, aquí, la impresionante danza georgiana, los malabarismos de Octavio Alegría, o la arriesgada puesta en escena y desarrollo del número de columpios rusos, sin duda uno de los más aplaudidos), pasando por las dos geniales intervenciones de la pareja cómica de la noche (en un original y sorprendente “playback” en busca de la luz, o la demencial aparición del mago y sus, aún más, demenciales trucos), o la labor orquestal y vocal que dan la nota, con acierto y riguroso directo.

Lo que el espectador contempla no es más que un espectáculo mayúsculo, presentado con la humildad de los antiguos artistas circenses, a quienes el montaje rinde homenaje y eterna pleitesía. Todo deslumbra, la gran carpa (Grand Chapiteau), el recibidor, la atención al público, los elementos técnicos, la música, el color, el vestuario, el maquillaje... el propio escenario, ya de por sí, es digno de pertenecer al mayor teatro, con sus diferentes niveles, que suben y bajan, de acuerdo a la escena, sus cientos de “árboles” y columpios, sus escaleras churriguerescas y exóticas... Una delicia para los sentidos.

Tal vez la única pega a tan magno espectáculo sea el lugar en el que el circo del sol viene instalando, últimamente, su carpa, y, sobretodo, el acceso en coche a la misma y posterior aparcamiento; detalles que escapan a la grandiosidad de Varekai, pero que no son dignos, siquiera, de una compañía mucho más modesta.

En definitiva, pura magia, puro espectáculo y, después de verlo, la excusa perfecta para hacer ciertas esas palabras del mundo del circo: “el mayor espectáculo del mundo”.

LO MEJOR:
-El aspecto visual de todo el conjunto.
-Detalles escénicos y visuales milimétricamente estudiados.
-Los números circenses.
-La música en directo.
-La escenografía y las luces.
-La pareja cómica.
-El trato al público.
-La grandiosidad y comodidad del Grand Chapiteau.
-El Circo del Sol en mayúsculas.

LO PEOR:
-El acceso en coche al recinto.

CALIFICACIÓN FINAL: 5/5 ABSOLUTAMENTE IMPRESCINDIBLE

Esteban García Valdivia

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