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ZENON RECALDE “¡POR FIN ME TOCA UN ROL CÓMICO!”




Entrevista a Zenón Recalde, Monty en el musical “Fiebre de sábado noche”.


En un ambiente sabadero como pocos a pesar de ser un martes, rodeados de luces, música, fiesta y alegría, nos recibía Zenón Recalde, quien cada día se calza sus enormes plataformas y sus trajes ochentenos para dar vida a uno de los personajes más divertidos de “Fiebre de sábado noche”.
Durante una hora se nos permitió indagar y profundizar en la vida de uno de los actores que, a día de hoy, puede jactarse de haber participado en más musicales de gran formato.
Tras acomodarnos en su camerino y sentirnos como en casa, dimos el pistoletazo de salida a una de las entrevistas más chispeantes, interesantes y fiesteras de nuestro recorrido.

RedTeatral (RT): Hola Zenón. ¿Cómo te dio por meterte en este mundo? ¿Lo tenías claro desde pequeño?

Zenón Recalde (ZR): No, no lo tenía nada claro. A mí siempre me gustó la música. Me gustaba cantar pero tampoco pensé que me fuera a dedicar profesionalmente a ello. De casualidad, fui un casting para un espectáculo de jazz, en el año 94, que se llamó “New York, New York Swing and Blues”. Recuerdo que fui a la hora de comer porque yo trabajaba en una oficina… A mí me gusta mucho Sinatra, uno de los clásicos, y empecé cantando jazz. Realmente fui pensando que bueno… por hacer el tonto un poco (risas)… y me cogieron.

R.T: ¿Y no te asustaste?

Z.R: No. Yo fui más que nada para ver que se sentía porque me gustaba el repertorio. Fui con The lady is a tramp, que lo recuerdo porque es una de las primeras canciones que canté, y me dieron uno de los solistas varones. Fue una sensación muy rara porque tuve que renunciar a mi trabajo. Yo trabajaba en una obra social y, de repente, me dan un papel aquí donde me pagan 4 veces más. Pero lo que nunca pensé es que después de eso me iba a salir más trabajo. Tuve suerte.

R.T: ¿Fue después de cursar todos tus estudios? ¡Que son muchos!

Z.R: No, eso fue antes. Yo había estudiado canto, había hecho teatro amateur en el colegio, tocaba la batería... Mi pasión era la música instrumental. Me gustaba Led Zeppelin, que me sigue gustando, pero lo de cantar no. Empecé a tomar clases de canto por hobby.
Mi padre canta muy bien, toca la guitarra, y creo que de ahí me viene la pasión por la música. Y me costó años de haber trabajado para decir: -ya me dedico a esto-. Fue mucha casualidad.

R.T: Has estudiado canto, baile, acrobacia…

Z.R: He hecho un poco de todo. Lo que más he hecho es canto, música e interpretación.
Después he hecho baile porque para un casting había que moverse, y yo siempre fui duro para bailar (risas), totalmente. Eso que las madres dicen: -tú cantas bonito pero para bailar no sirves-. Y lo saqué adelante. Después me puse a hacer clases de jazz.
Yo rompí con el estigma de que mi madre me dijera: -tú bailando no-. Nunca seré Nureyev, ni me interesa, ni tengo edad, pero se puede mejorar. Un actor y cantante tiene que saber moverse con gracia. Ya hacer una triple pirueta no (risas).

R.T: Es como una carrera de fondo, ¿no?

Z.R: Claro. Un actor tiene que estar preparado, y más para hacer musicales. Porque no todos los musicales van a ser “Los Miserables” donde no tienes que bailar.

R.T: En “Los Miserables” interpretaste a Marius, ¿Qué nos cuentas del personaje?

Z.R: Es uno de los papeles más bonitos que me tocó interpretar.
R.T: ¿Aprendiste mucho del personaje?

Z.R: Sí. Yo había escuchado la obra muchos años antes, cuando aún no pensaba que me iba a dedicar a esto, y me parecía genial. Y cuando me enteré de que venía a Argentina… Fue genial. Vino Mackintosh al estreno, junto con Claude Michel Schönberg que ensayó con nosotros. Fue una experiencia muy enriquecedora, un grupo muy bonito, trabajé con muchos amigos. En el elenco había mucha gente que hoy está trabajando mucho: Silvia Luchetti era Cossette; Gerónimo Rauch hacía Feully, Elena Roger era Fantine, que se acaba de ganar un Olivier…

R.T: El primer papel que te llegó, así considerado importante, ¿fue el de “Los Miserables”?

Z.R: Ahora mirando hacia atrás digo: -Es que he hecho mucho-. Después de ese debut fortuito que tuve, donde disfruté mucho pero era muy joven ya que tuve la audición con 19 años, hice “El Jorobado de Paris II”, el del director Pepe Cibrian, muy conocido y considerado el padre de los musicales en Argentina. Fue el autor de “Drácula” y lleva 30 años haciendo cosas, pero “Drácula”, en los 90, fue su obra más exitosa. Fue después cuando hizo “El jorobado de París”. Yo interpretaba a Pierre. Ahí conocí a Elena (Elena Roger), que hacía su primer trabajo y para mí era el segundo. Y ese fue realmente un papel importante, porque empecé siendo el cover y, a mitad de los ensayos, por cosas de la vida, pasé a ser el protagonista, a la edad de 21 años.

R.T: ¿Y él, del papel protagonista pasó a ser el cover?

Z.R: Sí. Y eso era de las grandes ligas, porque era en el Luna Park, con capacidad para 3.000 personas, era una brutalidad el escenario. Ese fue mi primer protagónico grande.
Después me llamaron para hacer “Todo corazón” donde era uno de los solistas. Era una obra de música latina y española.
Después hice varias obras. Hasta que llegó “La Bella y la Bestia” que fue la primera gran producción que vino de fuera. Ahí era el cover de Gastón, y era una obra donde toda la profesión quería estar. Recuerdo que seis meses antes de empezar los castings se puso una publicidad a toda página, en el diario, con el logo de la obra y decía: “Se viene la magia”. Y en Argentina hay mucho talento, mucha gente muy buena. Y todos querían estar, haciendo lo que fuera. Yo me lo pasé genial. Trabajé con gente muy conocida en el medio como Juan Rodó que hacía la Bestia y era el Drácula que yo me acuerdo haber ido a ver cuando tenía 17 años. Y después terminamos siendo protagonistas los dos en “Los Miserables”, él hacía de Javert.

R.T: ¿Qué te pasa por el cuerpo en ese momento?

Z.R: Es muy raro porque uno, en el momento que está trabajando, es un par del otro. Uno se da cuenta cuando lo ve de lejos, o cuando ve los currícula de la gente con la que trabaja. Y piensas: -qué compañía que tengo-. Cuanto mejores son tus compañeros más te dan. Y el viejo dicho de los actores es: “Uno no quiere una contrafigura mala para sobresalir, quiere una contrafigura buena para que saque lo mejor de uno y te potencie”. Eso pasaba en “Los Miserables” y en “La Bella y Bestia”, era elencos geniales. Todos han seguido haciendo muchas cosas. De hecho Carlos Vittori que era Valjean va a ser ahora el Fantasma de la Ópera en Argentina.
Es un clásico y está muy bien. A mí me encantó hacerla.

R.T: ¿Cuál, de todos los papeles que has hecho, te ha llegado más?

Z.R: El Marius fue muy fuerte. Yo tenía 25 años y cuando hice éste papel fue el punto de inflexión, porque dije: -soy un profesional de esto-. Y ya había hecho 5 obras. Es así, a veces uno se entera tarde.

R.T: Es el que más te ha gustado por lo que vas diciendo.

Z. R: Hay muchos que me han gustado. Este que estoy haciendo ahora, Monty, me divierte mucho porque es un personaje que rompe con lo que he hecho. A mí me encanta el humor, siempre me gustó más el humor que ser el galán de la obra. Tiene bastante de improvisado, una energía muy alta, es muy actoral… tiene mucho jugo, es muy agradecido. Son varios los personajes que me han dado mucho.
Hice también un espectáculo con Elena Roger y con Juan Esteban Cuacci. Invitaron a Elena a Australia a un festival, el año pasado, y le pidieron que hiciera algo de tango. Ella me llamó a mí para escribirlo, que yo también tengo mi veta creativa por ahí (risas). Y lo creamos entre los tres. Fue un placer enorme; iba como actor, como bailarín (en fin…), como cantante y como creador. Eso fue una de las cosas que más me ha llenado porque lo vimos nacer desde cero.

R.T: ¿Cómo fue?

Z.R: Me llamó un día Elena desde Londres, que estaba terminando “Boeing Boeing”, diciéndome que la habían llamado de Australia y quería hacer algo de tango. Me preguntó si me animaba a escribir algo y le dije que sí, pensando que no iba a prosperar. Y llama a los tres días y me dice: -me voy a Madrid en diez días-, y se plantó en mi casa con Juan, que es un excelente pianista que ha tocado con todo el mundo, desde Susana Rinaldi a Liza Minelli.

Y eso fue muy bueno, porque fue un poco de humor, un poco de parte seria: ella me dio todo el repertorio y yo empecé a escribir monólogos. Y como interprete también, fue un doble desafío. De hecho después de eso me puse a escribir un espectáculo que acabo de terminar.

-R.T: ¿Cuál ha sido el personaje con el que más te ha costado hacerte, meterte en el papel? ¿Tal vez Marius?

Z.R: El Marius estaba muy bien dirigido. El libro es muy bueno, denso, es largo, pero muy bueno. Muchos actores dirán que es más difícil hacer reír que hacer llorar, y todo depende del texto.
El Marius fue una experiencia fuerte: pero eso de los ensayos catárticos donde un día no sale nada y todos terminan llorando, te insultan… por suerte no sucedió. El que más me ha costado no lo sé…

R.T: Aunque sea por un pequeño detalle…

Z.R: Éste (Monty) me ha costado por el acento y por la ropa que tengo que usar (andar subido a unas plataformas de 10 cm…). Tengo que hablar con un acento castellano con deje madrileño (comienza a hacer la voz del personaje entre risas).

R.T: ¿Tanto cuesta cambiar el acento a los argentinos? Aquí, en España, vemos como los argentinos, tras muchos años en nuestro país, siguen con su acento…

Z.R: ¡Ya me dirás tú cuántos argentinos hay que pongan bien el acento! (risas). Según me dieron el papel comencé a hablar con el acento. Tenía que poner el acento como dios manda, no podía hablar en sudaca. (Risas)

R.T: En “Jesucristo Superstar” hacías a Pedro…

Z.R: Al principio era sólo Pedro y cover de Pilatos. Pero en los últimos cuatro meses de temporada, en el Lope de Vega, los domingos hacía de Pilatos.
“Jesucristo” es una obra que hay que hacer. La música es parte de todo el que le gusten los musicales, es un placer esa música. Incantable como pocas. Yo tenía un rol de los más accesibles, porque Pedro canta una balada y listo, pero Judas, Jesús, Pilatos...
Me encantaba hacer Pilatos. Era un rol en el que me lo pasaba genial.
Pedro está ahí, es el único apóstol que canta. No es un personaje que tenga demasiado jugo pero hay que tratar de hacerlo dignamente y bien. Pero no es el protagonista de la obra. Y si a uno le toca un papel pequeño no tiene que tratar de que sea protagonista, porque van a decir: -¿por qué Pedro se pone delante de Jesús cuando canta? (Risas).
Judas es el protagonista de la obra. Por más que se llame “Jesucristo Súperstar”, el que más canta es Judas. Jesús tiene partitura muy difícil, pero todo lo está desencadenando Judas, un personaje precioso.

R.T: Y cambiando un poco de tercio... ¿Cómo fue lo de “Mamma Mia”?

Z.R: “Mamma Mia” fueron mis grandes vacaciones musicales. Era cover de Sky y de Eddie. Es una obra muy divertida, y eran unas vacaciones constantes. Si hago musicales y me tengo que cuidar la voz ¿con qué obra me podría ir de juega? Con “Mamma Mía”.
Hice muchos amigos ahí: Leo Rivera, Carlitos Lazaro, David Ávila. Éramos una banda de buenos chicos a los que nos gustaba salir. Lo pasábamos bien, porque haciendo “Los Miserables” no se puede salir, con “Mamma Mía” sí.

R.T: ¿Me estas diciendo que llevas todo el día el papel metido en el cuerpo?

Z.R: Haciendo “Los Miserables” uno se tiene que cuidar. No puedes hacer una obra de más de tres horas, acostarte a las mil y al día siguiente cantar. Hay un momentos para todo. Haciendo “Hamlet” o “El Rey Lear”, una obra comprometida, uno no puede estar haciendo otra cosa dos minutos antes.
Por eso como uno no hace diez dramas seguidos sino que va intercalando: drama, comedia... y a veces lo que salga, evidentemente. Pero “Mamma Mía” fue una obra para divertirse y conocer gente.

R.T: Y después de hacer tantos papeles como has hecho, ¿hay alguno que te haga especial ilusión hacer y no hayas hecho?

Z.R: No lo sé, siempre hay papeles. El que me encantaría, que vi el otro día, fue el Engineer de “Miss Saigon”. El que hizo Jonathan Price, que está bastante mayor que yo. Es un personaje increíble. Es el chulo, el que maneja las putas, la droga, todo eso..., es genial. Tengo años para hacerlo todavía. Lo que pasa es que “Miss Saigon” no es una obra que se vaya a hacer, me parece… es una obra cara. Pero ese es un personaje muy bonito. Es un personaje que lo tiene todo: mucha ironía, mucho humor, mala leche, tiene que bailar un poquito, tiene que cantar…
Tiene muchos matices.

R.T: Has trabajado, también, en muchos países ¿Con qué país te quedas?

Z.R: Me acabo de comprar un piso aquí. A mí España me encanta y la siento como mi tierra. Mi cuidad natal será Buenos Aires toda mi vida, está mi familia ahí, y siempre seré argentino, no es que venga aquí y hable de tú y me olvide de mis raíces.
He vivido en Londres y he trabajado ahí después de hacer “Grease”, pero España es muy bonita y se vive muy bien, haya o no haya crisis.

R.T: A pesar de la crisis somos de los que mejor se lo pasan…

Z.R: Yo he vivido crisis en Argentina así que cuando veo crisis en el resto de Europa... A mí me pilló ´el corralito` y perdí mucho dinero. Tenía que trabajar en 500 cosas para vivir decentemente. Aquí, en España, las instituciones son un poco más respetables. En Argentina creo que nos falta aprender muchas cosas, sobre todo a nivel de política porque tenemos unos líderes…, pero nunca se sabe si la culpa es de la gallina o del huevo: si tenemos los líderes que tenemos, porque somos como somos, no lo sé. Pero aquí, con la crisis y todo, agradezco tener trabajo. Aunque he estado por elección propia sin hacer una obra porque con “Jesucristo” no me fui de gira. Preferí parar un poco y poder vivir yo. Soy profesor de canto y toco el piano.

R.T: ¿Qué te falta vivir o aprender?

Z.R: Todo lo mismo que hago pero mejor. Yo empecé tocando la guitarra como mi papá y después me pasé al piano, que me encanta.

R.T: Y has dicho que la batería, ¿no?

Z.R: Dejé de tocarla por mis vecinos cuando tenía 17 años, pero veo una batería y se me va la mano.

R.T: ¿No hay nada que no hayas hecho y te haga falta?

Z.R: Sí, hacer mi propio espectáculo. Mío solo, sin nadie que me llame, que lo voy a hacer. Se llama “Y Dios creó el musical. Un espectáculo en un acto, de irresponsabilidad.”
Sería un grado de exposición muy grande porque ahí no hay a quien culpar: si le gusta a la gente, bien, y es tuyo; si no le gusta, también es tuyo. No hay una gran producción detrás, eso sí me falta.

R.T: Has mencionado antes el papel de Danny Zuko. ¿Has visto el “Grease” que hay aquí en Madrid?

Z.R: No, no lo he visto. Tengo muchos amigos ahí también, pero no lo he visto.

R.T: Y ¿te ha cambiado la idea que tenías cuando empezaste en el mundo del teatro?

Z.R: En un principio dices: -¡Ay que bien!, me pagan por cantar, conocer gente nueva todo el tiempo, pasármelo bien, que la gente te aplauda- porque eso es muy bonito. Pero cuando eso ya es la normalidad, vienen los problemas de que te cojan en una obra, negociar un contrato… uno después se da cuenta de que nunca se termina de hacer castings.
También hay que tener en cuenta que, cuantos mas protagónicos te dan, más difícil es volver a ser elenco. Si uno siempre ha hecho un papel secundario, normalmente hay camino para ir hacia arriba.
A veces uno dice: -¿hice un protagonista y ahora hacer un coro?-. Pero si tienes que pagar la hipoteca no es tan fácil (Risas).
Es un mundo muy particular. Conoces mucha gente y te haces muchos amigos: algunos te duran poco, y otros los conservas.

R.T: Mientras estás con esa gente hay buen ambiente… imagino que pasará como con todo en la vida…

Z.R: Sí. Uno también tiene que saber discernir con qué gente se queda a lo largo de los años, y quienes pueden ser muy buenos compañeros de trabajo, pero como Roberto Carlos, “Un millón de amigos”, no, porque ¿qué clase de amigos son? si tienes un millón no puedes verlos a todos.

R.T. ¿Qué es lo peor que te ha pasado encima del escenario?, ¿o detrás?

Z.R: De todo me ha pasado.

R.T: Que te hayas quedado en blanco, por ejemplo…

Z.R: En blanco gracias a Dios no, pero sí he dicho cosas en desorden o he repetido letras.
Me acuerdo una vez haciendo “El Fantasma de la Ópera”. Media hora antes de empezar la función estaba yendo a peluquería, cuando me resbalé en la escalera, y me abrí la cabeza. Y no había cover, no había alternante, no había nada.
Teníamos a nuestra directora residente Moira Chapman con quien he trabajado mucho, y ella me dice: -No es nada mi gordo-. Me cortó el pelo, me echó alcohol y me lo selló; me pusieron una peluca que parecía un afro y me largaron. Y mis compañeros, Enrique del Portal y David Muro, me ven entrar en la escena en que yo voy a ver a Christine, se empiezan a reír, y me dicen: -Bueno Vizconde, lo dejamos con su prometida-. Y cuando se alejan escucho a Enrique que dice: -este muchacho va a perder la cabeza-. Se gira Christine, que era Julia Möller, y me ve con la peluca esa, que parecía el Puma Rodríguez (risas), y no podía disimular la risa.
Me pasé toda la función tomando coca-cola para que no me bajara la tensión. Yo creo que ahí me gané el amor de la productora porque les salvé la función.

R.T: Pero eso no es divertido, ¡¡eso es terrible!!

Z.R: Después fueron y me engraparon la cabeza, que fue lo más doloroso que me pasó. Porque ahora no te cosen, te levantan la piel y te engrapan.
Y en “Mamma Mía”, un día, no se movió la escenografía para el baile final y tuvimos que estar, los 35 de elenco, encima, no teníamos sitio. Yo tenía los rizos de Nina en el ojo (risas), y todos mirando como pensando: -hay que seguir-.

R.T: ¿Y el público no se da cuenta?

Z.R: La gente no se dio cuenta pero nosotros estábamos como si fuéramos 15 dentro de este camerino.
Leo, que hacía de Sky, yo era cover de él, en una parte se tiene que quedar en calzoncillos porque Sophie le pone el neopreno; y ese día se olvidó de ponerse los de la obra y salió con los suyos, que no eran los de la obra ni nada parecido, eran unos calzoncillos de andar por casa con un dibujito que no recuerdo. Y claro, todos riéndonos. Hay muchas de esas. Y en ese momento hay que tirar para adelante, pero es un momento en el que cinco segundos te parecen una eternidad.
Cuando uno piensa mucho la caga, porque cuando se llevan seis meses de obra el cerebro está demasiado acostumbrado, y si uno empieza a pensar que venía...
Sin ir más lejos, y llevamos solo tres semanas, en la parte de la disco 3 Monty tiene que presentar a la gente que va a concursar, y se me olvidó el nombre. Hay tres garitos y lo que digo es: -quiero dar la bienvenida a la gente del Revelación, el Golden y el Odisea 2001-. Y yo arranqué: -quiero dar la bienvenida esta noche….-, y pensé: -¿qué viene?- y dije primero el Golden, que sabía que era seguro. Revelación nunca me salió y dije Celebración.
Son detalles que, obviamente, el público no sabe, pero todos mis compañeros estaban con cara de extrañados, aunque con este personaje me puedo dar el lujo de improvisar.

R.T: ¿Te llevas bien con tu personaje de “Fiebre de sábado noche”?

Z.R: Sí.

R.T: ¿Se parece a ti?

Z.R: En algo sí. No diré que es el ligón por excelencia, pero es un ligón muy hortera, mucho. El gusto se lo ha dejado en Brooklin (risas), porque va como muy… terrible. Pero es divertido, es muy gracioso. ¡Por fin me ha tocado un rol cómico!

R.T: ¿Cantas alguna canción?

Z.R: Si. El Disco Inferno que es muy bueno, me encanta.

R.T: ¿Cuál es la canción que más te ha costado representar, llevar al escenario?

Z.R: La escena final del juicio de Pilatos era complicada. El Raúl no era tan difícil, el Marius estaba muy en mi registro… Pero a mayor riesgo, mayor la recompensa, si sale bien.

R.T: Y los ensayos ¿son muy duros?

Z.R: Sí. Sobre todo para los bailarines, que son ocho horas por día y los sábados media jornada. Después, una vez que comienza a representarse, ya se ensaya de noche. Pero es muy agotador, hay que aprender a estar en el personaje y es muy desgastante. Cuando empiezas con las funciones uno ya sabe, pero los ensayos son muy cansados.

R.T: En la calle todo el mundo dice que los bailes de este musical son alucinantes ¿Por qué lo son?

Z.R: Porque lo son. Son todos números muy fuertes. Hacen Boogie Shoes, Disco Inferno, Night Fever...
Y el fuerte de esta obra es el baile y la música. El guión es un guión muy tranquilo: tiene partes más dramáticas, partes divertidas en las que en general estoy yo… Soy un poco el que hace de payaso para que la gente descanse, pero las coreografías son infernales.

R.T: Y el tema de los peinados…

Z.R: Yo nada. Me calzan el afro como si fuera un casco y ya estoy.

R.T: Ya llevas unos cuantos años en el mundo del teatro, pero ¿cómo fue la primera vez que te viste delante del público?

Z.R: Es como una droga. Uno necesita eso. Es un salto sin red, donde no puedes volver atrás. Los nervios llegan siempre tres segundos antes de entrar, pero unas vez que estas ahí, eres el amo y señor. No puedes entrar pidiendo permiso a un escenario, es tu espacio y, si estas ahí, es por algo. Si te sale bien y a la gente le gusta, bien; y si te equivocas, bueno, somos humanos. Pero la gente paga su entrada y tu trabajo es eso: salir a matar. Cuando termina la obra fueron dos horas, tres horas, de sudar la camiseta, pero es muy reconfortante sentir el aplauso.

R.T: ¿Cómo está respondiendo el público con este musical? ¿Se están cumpliendo las premisas?

Z.R: Están respondiendo muy bien. Se ponen de pie, aplauden. Y el boca a boca esta siendo muy bueno. Son tiempos difíciles, no son los momentos de gloria de hace seis años donde todos los teatros estaban llenos, ahora la gente está más reticente a gastar de más.

R.T: Seguiréis en cártel el tiempo que quiera el publico, ¿no?

Z.R: Totalmente. Podría decir que nos vamos a quedar tres temporadas pero si el público no viene....
Y tampoco puedes decir: -nos vamos a quedar dos meses más-. Ha sido un esfuerzo grande con lo cual, esperemos, que sea una temporada larga y divertida.

R.T: ¿Qué le dirías a la gente para que venga a ver el musical?

Z.R: Que es una pasada y que se van a divertir mucho. Y van a volver a escuchar una música que hoy no abunda, con una orquesta en vivo que suena genial.

R.T: ¿Es para todas las edades?

Z.R: Claro. Porque para los que no vivieron la música de los Bee Gees, o de Barry White, todas esas versiones han sido remixadas. Las chicas son súper guapas, bailan muy bien. Se van a divertir.

R.T: ¿Qué consejo le darías alguien que se está iniciando en el mundo del teatro?

Z.R: Si uno tiene realmente vocación, es igual que con todo lo que te gusta. Hay que darle para adelante. Claro que hace falta suerte, porque uno puede ser buenísimo y no encontrar el momento.
Lo que nunca hay que dejar de hacer es dejar de aprender, porque si dejas de tomar clases y ahí era donde las necesitabas…
Hay que estar muy preparado, como para todo. Éste es un medio muy competitivo y ahora no hay tantas producciones como en otros años. Y después está la dosis de suerte. También habrá gente que ha encontrado un papel sin estudiar, y será porque son talentos que nacieron así, o tal vez pegan ese papel y no trabajan nunca más en la vida. Hay que ser consecuente con la pasión de uno. Y después la vida te va llevando por donde quiere.
Que sepan que es una carrera muy incierta: uno puede estar en la cumbre un día y, si después no viene una obra con un papel para ti, no es que seas malo, es que no hay.
Hay que saber sobrellevar los cambios de humor de la profesión. Si de repente vienen todas obras para mujeres ¿qué vamos a hacer?

R.T: ¿Qué saludo le enviarías a la gente de tu tierra que te va a leer?

Z.R: Les mando un beso grande a toda la gente de Argentina, que es mi tierra. A todos mis amigos que están trabajando ahí, en especial a los de “El Fantasma de la Ópera” que acaba de estrenar. Muchos besos a todos.

R.T: Muchas gracias por todo, Zenón.

Y tomando unas fotos en distintas partes del teatro Coliseum, se puede decir que terminó la entrevista con nuestro invitado, aunque realmente solo fue un inicio de la historia con alguien que pasará a formar parte de nuestros ficheros de datos, eso sin duda. Mucha suerte te deseamos, Zenón, para nosotros: el rey del sábado noche.

Ana Isabel Auñón

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