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Red Teatral
locos por los musicales
Los Miserables
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Les misérables

Los Miserables 2010

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Pais: España
Ciudad: Madrid
Año: 2010
Teatro: LOPE DE VEGA (Madrid-España)

Direccion

Letras

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Datos Generales

En la Prisión de Toulon, el presidiario número 24601, Jean Valjean, recibe su pasaporte amarillo de libertad condicional tras 19 años de presidio de manos del policía Javert. Por su condición de ex-convicto se ve obligado a llevar una existencia miserable apartada de la sociedad. Tras un turbio episodio en casa del Obispo de Digne, éste gana para bien el alma de Jean Valjean, quien a partir de entonces, y tras una delirante y desgarrada reflexión, se convertirá en un hombre nuevo.

Ocho años más tarde y muy lejos de Digne, en un pueblo llamado Montreuil-Sur-Mer, una joven madre soltera llamada Fantine trata de sacar adelante a su hijita Cosette, a quien ha dejado viviendo con unos mesoneros en Montfermeil. Para ello trabaja en una fábrica propiedad del alcalde. Cierto día, sale a la luz que mantiene escondida una niña y, dado que en numerosas ocasiones Fantine se ha negado a complacer los burdos deseos del capataz, es despedida de la fábrica quedándose en la calle sin dinero. Ve una salida vendiendo su pelo, un medallón y trabajando como prostituta, pero enferma irremediablemente. En una ocasión, agrede a un cliente que se había propasado con ella y acude el jefe de la policía, Javert, que ha sido destinado allí, con intención de encarcelarla. En ese momento aparece el alcalde, que no es otro que Jean Valjean reformado, y lo impide. Javert cree reconocer en él al preso 24601, del que no había vuelto a saberse nada y que está buscado por las autoridades por haber roto el pasaporte, y sus sospechas se confirman cuando Valjean confiesa su identidad para salvar a un hombre que iba a ser juzgado injustamente en su lugar. En su último día en Montreuil-Sur-Mer, le jura a la moribunda Fantine que recogerá y cuidará a su niñita y emprende la huida ocultándose de Javert. Una vez en Montfermeil, Valjean paga a los hipócritas mesoneros Thénardier por todos los gastos ocasionados y se lleva a la maltratada Cosette para iniciar otra nueva vida.

Diez años después, Valjean y Cosette viven en París, donde se está fraguando una revolución. Lamarque, el único político que defiende los derechos del pueblo, cae enfermo y muere. En ese momento se inicia la rebelión de la mano de los estudiantes, liderados por el apasionado Enjolras. Entre estos jóvenes revolucionarios se encuentra Marius, quien cierto día conoce a Cosette y se enamora perdidamente de ella para desgracia de Éponine, una mendiga hija de los Thénardier y que adora en silencio a Marius desde hace mucho tiempo. En las calles se levantan barricadas y Marius, quien piensa que Cosette va a marchar pronto a Inglaterra, le envía una nota con Éponine, que es interceptada por Valjean. Éste decide unirse a los revolucionarios, entre quienes también se ha infiltrado Javert, para poder velar por Marius. A partir de este momento, muchas vidas se pondrán en juego.

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Datos de esta Versión

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Datos Adicionales

Orquestaciones: Chris Jahnke
Escenografía: Matt Kinley (inspirado en los trabajos de Victor Hugo y John Napier)
Iluminación: Paule Constable
Vestuario: Andreane Neofitou
Sonido: Mick Potter

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Elenco

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Crítica

LOS MISERABLES EN ESPAÑA – NUESTRA CRITICA

"Tuve la suerte de asistir a una de las previas de este musical, clásico y con renombre, con solera y con historia, una de esas partituras que provoca enorme respeto y admiración, un “peso pesado” del mundillo musical, con un cartel que, por sí solo, se ha convertido en símbolo que mueve y conmueve, si nos fijamos en los expresivos ojos de la pequeña niña, Cosette, que nos mira, implorando un poco de atención…

Los miserables, ese que, algunos dicen, es el “musical de musicales”, “el mejor musical del mundo”, “el sueño para cualquier artista”… ya está aquí… por segunda vez, todo hay que decirlo, que las huellas del elenco del 92 son demasiado importantes, en la historia del teatro de este país, como para andar olvidándolas o haciéndolas de menos… Pero no nos pongamos melancólicos, y ahoguemos la primera dicotomía (“versión del 92″ versus “nuevos miserables”), que ha levantado polémicas en “foros undergrounds”, en un mar de calma, para ser realmente objetivos. Olvidémonos de lo visto con anterioridad, del lujoso elenco que hizo historia en aquel escenario giratorio del Nuevo Apolo, de las acertadísimas traducciones, del conjunto técnico impecable que, incluso, deslumbró al “hombre” (cuando hablamos de musicales, el “hombre”, no es otro que Cameron Mackintosh), de las viejas barricadas articuladas, del vacío y la oscuridad de una escena perfecta que sugería en lugar de mostrar, de la calidad vocal, interpretativa y artística de aquel conjunto de artistas que abrieron, así, casi sin darse cuenta, la puerta al musical en España…

Pensemos que la versión del 92 no existió, será mejor, sobretodo si no queremos sentirnos tan viejos (el que aquí firma tuvo la suerte de ver esa versión en cinco ocasiones)… Ya está, se acabó; esos recuerdos desaparecen, entre la niebla de París, y nos dejan ante una nueva versión, orquestada y pensada para celebrar los 25 años de vida de este viejo musical, que cada día se muestra más y más joven. Dicen que la juventud se vive, realmente, desde el corazón… Y, de corazón, esta nueva versión de Los miserables deslumbra energía, talento, imaginación, calidad… y juventud, eterna juventud… Como si de un musical nuevo se tratara, Los miserables agarra de la mano (cuando no, del alma) a todo tipo de público: los “nuevos” que nada saben de la inmortal obra de Víctor Hugo, y que contemplan, extasiados, la aparición de “Gervasillo” en escena, sin saber quién es, ni para qué está ahí… O los “viejos” que todo lo saben, que han leído la novela, que se saben la partitura en varios idiomas y que viajan, periódicamente, a la tierra prometida londinense a redimirse en las barricadas de ese mañana que, bien claro lo dicen al final, siempre termina por llegar.

Todos… TODOS terminan aplaudiendo esta nueva y soberbia puesta en escena, tal vez menos sorprendente en cuanto a diseño, incluso menos “mágica” (entendiendo por magia, aquí, ese “algo” especial que ciertos lugares tienen), pero, sin duda, muchísimo más espectacular, apabullante, técnicamente impecable, hasta el punto de resultar, en ocasiones, demasiado aparatosa o innecesaria (por parecer, a veces, demasiado efectista). Pero esa aparatosidad no es lastre ni carga; al contrario, impresiona por su grandilocuencia, hasta el punto de afirmar que en Madrid no se ha visto un musical más espectacular; a título personal, todavía sigo fascinado por la manera tan original e impactante de resolver las viejas escenas de “Las cloacas”, o “El puente” (por no desvelar más detalles)… Es demostración clara de que “hoy las ciencias (en este caso, las técnicas) adelantan que es una barbaridad”, si tenemos en cuenta, por ejemplo, la sobriedad de la versión original del 85. Mención especial para el diseño de luces, tan acertado que los propios focos parecen personajes más de la obra.Stage ha tirado la casa por la ventana con este montaje, ni siquiera “La bella y la bestia” de hace años (la primera que se presentó en España) se acerca al resultado vistoso de estos miserables.

En cuanto al elenco, cabe destacar la labor sobresaliente de toda la compañía. Como ya dijimos al principio, no entraremos en comparaciones con aquel lejano 92, por resultar demasiado fácil y poco beneficioso para alcanzar la objetividad en este texto. Lo que hay sobre el escenario del Lope de Vega es talento en mayúsculas; ¿que podrían haber realizado un mejor casting? Sí, claro… Siempre se puede realizar un mejor casting, en todos los montajes… Siempre podemos decir aquello de: “¿de verdad no hay en España alguien que lo haga mejor?”… Pero lo importante es si lo que hay, lo que ya no se puede cambiar, el producto artístico final que se le da al público, es digno, tiene calidad, funciona como grupo y, lo más importante, hace funcionar el texto y la partitura. En este caso no tenemos más que quitarnos el sombrero: el elenco de Los miserables es maravilloso: funciona, tiene calidad, da la talla (una muy alta, por cierto), soporta las grandes individualidades de la partitura, y alcanza cotas de gigante en las corales, respira la obra, la hace suya, interpreta, canta, emociona…

Mención aparte merecen Gerónimo Rauch (Jean Valjean), e Ignasi Vidal (Javert)… Jamás las paredes de ese teatro han escuchado voces tan inspiradas (sobretodo en “Sálvalo” o en “Estrellas”), ni siquiera en “Jesucristo Superstar”, donde estos dos “monstruos” de los musicales coincidieron, de nuevo como antagonista y protagonista. Las escenas en las que aparecen estos dos personajes, son deliciosas, magistrales, vocalmente perfectas, con una química muy difícil de conseguir. Arrancan aplausos y primeras lágrimas, emociones y ese sentimiento que solo provoca este musical (sea en la versión que sea…).

La orquesta es un lujo: suena potente, coordinada, resolviendo con sensibilidad y buen criterio los arreglos musicales de esta versión del 25 aniversario. ¡Incluso las proyecciones, basadas en cuadros del propio Victor Hugo (y que sectores radicales criticaron defendiendo la versión más oscura y negra de Los miserables “clásicos) quedan de maravilla! (Es un honor y ciertamente, algo mágico, el haber tenido la suerte de contemplar un escenario en el que el mismísimo Víctor Hugo colabora como “tramoyista” de su propia historia)…

Los cambios siempre conllevan entendimiento. Ahora entiendo por qué Los miserables es, digamoslo claro, EL MUSICAL DE MUSICALES (sí, yo soy uno de los que lo creen fervientemente)… No importa cómo lo representes, qué escenario, luces, vestuario o proyecciones utilices; hay cosas que son inmortales: los personajes, la partitura y la propia historia… Las tres maravillas que nos hacen sentirnos ante algo grandioso, pocas veces repetible. Tres conceptos que te atrapan, inexorablemente, y detienen tu reloj en las barricadas del mañana. Por eso Los miserables es un espectáculo que todo el mundo debería ver. Por eso Los miserables es una novela que toda persona debería leer… Porque tiene algo que los demás que no tienen, porque mueve, conmueve y promueve.

Hablar de Los miserables siempre es hacerlo de “palabras mayores”, de sueños, de emoción, literatura, música y teatro… de los buenos… Y sí, me gusta más la versión clásica, y hasta, si me permitís que me salte mis propias reglas, os diré que me gusta más la versión del 92 pero… ¡qué importa! La maravilla que descubrí sobre el escenario del Lope de Vega, se merece ser juzgada como lo que es: ¡UNA AUTÉNTICA OBRA MAESTRA!"

Esteban García Valdivia

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