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“4.48 PSICOSIS”, LA AGONÍA MÁS PALPABLE




Crítica de “4.48 Psicosis”, los últimos minutos tras la toma de una difícil decisión.


Un estudio estadístico de Inglaterra acerca del curioso tema de la hora a la que se producían más suicidios en el país, demostró que las 4:48 era el minuto concreto en que más gente en tratamiento se quitaba la vida, estando la explicación en que era la hora en la cual dejaba de hacer efecto la medicación tomada la noche anterior.
Partiendo de esto, Sarah Kane, quien decidió seguir esta tradición a los 28 años de edad, escribió una obra acerca de lo que pasaba por la cabeza de alguien que, como ella, sentía que su vida tenía poco sentido y ya no le servía la compasión de nadie, ni la suya propia. Una obra que supera la ficción ya que refleja su propia realidad y que, de otro modo, habría sido terriblemente difícil expresar en los escenarios.
Es la obra “4.48 Psicosis” una de las representaciones más, sino la más, angustiosa y desconsolada que pueden verse sobre unas tablas. Una de esas obras que, cuando consigues darte cuenta, te tiene absorbido y tremendamente afligido por la brillante actuación de la indiscutible y única protagonista.
Ni luces, ni decorado, ni atrezzo, ni siquiera vestuario notable acompañan a una persona cuyo suicidio es inminente e inexorable y ante el cual echa fuera todos los tormentos y fragilidades que le impulsan a tomar tan drástica decisión, una vez atravesados los umbrales del dolor, la tristeza, la autocompasión y la desidia.
Una única luz focal dirigida a la pálida tez de la protagonista y algún que otro murmullo, sonido y muchos silencios son los ingredientes de los que dispone la aclamada actriz Leonor Manso para exponer, cual persona en sus últimos minutos de agonía, sus emociones, sentimientos y muchas de las imperfecciones de la medicina que, en contra de lo que prometen, no ayudan sino a sentirse más desdichado y a verse más abocado al estruendoso abucheo de la vida.
Quizá el dulce acento argentino de la intérprete, le da un toque más leve que si se tratara de alguien con un acento más desgarrado, lo cual nos haría ver las cosas más graves si cabe. Es por esto que no llega a despertarnos el amargor más profundo que nos pueda llegar a tocar la hiel, o quizá sí, ya que ver el rostro de la protagonista: desencajado, aturdido y vencido, con ojeras y la mirada perdida, te llega a dar un golpe de una gran crudeza en lo más hondo del espíritu y te hace darte cuenta de lo que llega a pasar alguien que, sintiéndose innecesariamente en los últimos instantes de su existencia, prefiere dar el paso a la otra vida no sin antes despojarse de los ropajes que vestían su aparente conducta.
Obra esta para pensar, reflexionar, imaginar, y darse cuenta de ciertas cosas y elementos vitales. De una dureza indescriptible no apta para gente extremadamente sensible o aprensiva y muy digna del aplauso final del público en ese momento en que sale la actriz, visiblemente afectada y abstraída, a saludar tras la función. Es curioso esto último, ya que se puede apreciar cómo la protagonista vive su papel hasta las “penúltimas” consecuencias, ya que la última sería….

LO MEJOR:
- la interpretación
- el rostro y su modo de utilizarlo para darle crudeza
- lo que te llega a pasar por el cuerpo una vez te metes en ello

LO PEOR:
- si no te inmiscuyes en la obra desde el principio, no te enteras
- los sentimientos y sensaciones que despierta
- el acento argentino de la protagonista

PUNTUACIÓN FINAL: 3,5/5

Ana Isabel Auñón

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