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¿PODEMOS SEPARAR LA FICCIÓN DE LA REALIDAD?




La realidad del actor, vista a través de un estudiante de interpretación


La palabra “actor” podría definirse como: “persona a la que le gusta fingir otras personalidades muy distantes, o no, a la suya”. Los actores acudimos a castings para poder fingir esa personalidad en un teatro y ser después aplaudidos por el público. Ese nuevo personaje puede necesitar de la imaginación del actor para crearse, o puede estar regido por una serie de pautas que otra persona, que ya ha interpretado a ese personaje, le dio. Esas pautas son la entonación de la voz, la forma de hablar y los gestos. Los gestos son una de las pautas más importantes para actuar.

Cuando un actor lee un guión de teatro o cine, su mente va automáticamente imaginando gestos que le vendrían bien para caracterizar a ese personaje. El texto que lee, lo expresa en sus acotaciones o, simplemente, en la forma en que ese personaje habla. Finalmente, el personaje se crea en la mente del actor y, cuando ensaya, lo saca a relucir. El director se encarga de corregirle esos gestos o de darle pautas para que cree otros diferentes. Poco a poco, la persona que interpreta va guardando esa forma de ser en su mente para volver a sacarla la próxima vez que se realice ese fragmento. De esta forma, todo lo referente a la obra se introduce en nuestro mundo, pudiendo llegar a afectar a la persona que realmente somos. Un ejemplo claro es la inercia que tenemos cuando oímos una palabra incluida en la obra, a decir en el trozo del diálogo que la contiene. Los gestos que hemos creado, o que nos han dado, para interpretar el personaje, también pueden introducirse en nuestra realidad, convirtiéndose en expresiones del día a día sin que nos demos cuenta de que los estamos realizando.

El tiempo pasa, las representaciones de esa obra finalizan y toca buscar un nuevo trabajo. En este nuevo proyecto volvemos a encontrarnos con la necesidad de crear un personaje, con gestos que pueden ser propios. El problema es que esa forma de ser, la hayamos heredado de personaje que hemos interpretado en el pasado. Se forma así, un círculo en el que la ficción se ve afectada por la realidad del actor, y la realidad del actor por la ficción. Por ello, no es de extrañar que nos encontremos a un Mario (“Hoy no me puedo levantar”) con gestos de Galileo (“Queen: We will rock you”) o a un Lumiére (“La bella y la bestia”) algo “Cabaretizado”.

Ésta es la realidad de un actor y a la que, sin querer, se ha de someter. Pero esto no es ningún pecado. Es sólo la forma que tienen las obras de teatro de conectarse entre ellas y la forma que tiene la realidad para cambiar. Pero, de todas formas, la vida es un teatro en el que cada uno ha de realizar su papel, aunque esté afectado por otro. Cada persona es protagonista de su propia obra. Ya lo decía “Sally Bowls” con la famosa frase recogida en la canción que comparte nombre con su musical:

“La vida es un Cabaret y yo amo este Cabaret”

Alberto Bravo Sánchez

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