Enviar
Red Teatral
locos por los musicales

Categorias


Noticias

Articulos

¿SON SOLO MÁSCARAS?




Reflexión profunda sobre lo que esconde una simple máscara sobre el escenario


Todo arte, como fin último, guarda en sí un pedacito de su creador. Más allá de su belleza o su capacidad para conmover, el arte es arte porque alberga un motivo que trasciende a cualquier tendencia e incluso, a cualquier persona ajena a su concepción.
Si nos paramos a analizar el teatro, al que no dudamos en calificar de arte, fríamente y sin prejuicios, sin dejarnos llevar por lo que pueda transmitir de forma directa, da vértigo caer en la cuenta de que una representación no deja de ser una historia narrada con efectos (dramáticos, acústicos, luminosos…) al fin y al cabo.
En este caso, debiéramos preguntarnos qué hay de arte en los “artistas” o actores que, vistos así, su papel se relega a la intermediación entre el texto (la genuina “obra de arte”) y el público. En comparación, bien podríamos decir que el actor viene a ser lo que una grafía en una novela.

Sin embargo, resulta difícil incluso escribir estas palabras. Es suficiente ver dos representaciones distintas de la misma obra para intuir que ahí hay mucho más arte que el propiamente literario. ¿Por qué hoy nos emociona una escena que ayer nos dejaba pasivos? Siempre influye el espectador, pero hay algo más. El brillo en los ojos del actor nunca es el mismo, los tiempos de diálogo varían, la complicidad… incluso surgen chistes nuevos, frases que no están en el guión, pero que noche tras noche ganan su instante de gloria… Es curioso cómo justificamos el “repetir obra” recitando: “Nunca hay dos funciones iguales”. De deberse esto tan sólo a errores, no se me pasaría por la cabeza ver un cine cerrado con un cartel que anuncie su próxima vida como teatro; pero así es.

Y aún así, tampoco podemos llamar al elenco “co-artistas” del gran autor. No. Su labor no es retocar el libreto respondiendo al momento; su labor es ser el libreto. Para ser artista, un actor se empapa del libreto, de la música, del escenario. Se sumerge en la cabeza de su personaje y deja de ser él. Este es el punto en el que la representación, como acto de representar una situación, deja de ser una acción para dar lugar a ese “arte” que se intuye entre los focos.

No obstante, si en cada obra, cada actor dejara de ser él mismo para ser ese alguien que aparece en escena, si tan solo se pusiera la máscara y diera voz al libreto, nada cambiaría de un día a otro, y el arte sería de nuevo destreza…

La máscara existe, no como maquillaje ni vestuario, ni siquiera como algo físico. La máscara es un cambio profundo que surge dentro de la propia consciencia. Es una nueva conciencia, que nace y muere cada momento, engendrada por el artista. Al nacer, al morir, no aparece sin más, necesita una madre que la nutra, una vida anterior que sepa expresar las emociones, que conozca al ser humano para poder hacer real la representación. Todo arte, como fin último, guarda en sí un pedacito de su creador. Este pedacito es su propia vida, sus vivencias: en un día emotivo, un actor se emocionará más. No debido a hacer mal su trabajo, sino a que la base del personaje nace ahora de esta misma emotividad y, manteniendo su carácter y su esquema narrativo, será el mismo, y al tiempo no lo será.

La máscara en un cuerpo vacío no es nada, una máscara vacía. Ha de fusionarse, entrar en contacto con un cuerpo que la acoja, que la comprenda, que sea ella. Un cuerpo que sepa extrapolar la propia máscara y, sobretodo, que sepa extrapolarse a sí mismo.

Javier de la Morena

google+

La Escuela del Musical -->
Vuelos, Hoteles, Vacaciones - www.rumbo.es Buscar vuelo
Origen
Fecha de salida Adultos
Destino
Fecha de regreso Niños
BUSCADOR DE VUELOS