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ALBERT BOADELLA-DÍA MUNDIAL DEL TEATRO




"Hay que hacerse muchos enemigos, tener mal gusto y ser un antiguo para triunfar"


En la segunda edición del Día Mundial del Teatro, muchos son los acontecimientos que pudimos ver por la calle, además de tener la oportunidad de acceder a funciones a mitad de precio por todo Madrid o de tener el privilegio, por primera vez, de poder entrar a museos y exposiciones de la comunidad de forma totalmente gratuita.

Se nos presentaba una tarde totalmente a contrarreloj, por lo que no se debía de perder ni un solo segundo en comenzar a recorrer las calles de Madrid, abarrotadas de gente visionando los diferentes espectáculos. El número que tuvo lugar en la Plaza del Carmen no tenía desperdicio. La compañía Kamchatka, con su teatro de calle, nos tenían preparado un espectáculo con maletas, compuesto por actores vestidos de época, con un teatro mudo que te atrapaba poco a poco. Acabaron haciendo que todo el público allí reunido les siguiera y acabase metiéndose en su juego.

Antes de acabar esta función, comenzamos a escuchar ruido de máquinas, de grúas, de demolición de obras…Provenían, nada más y nada menos que del escaparate de los grandes almacenes FNAC, donde un hombre estaba haciendo contorsionismos detrás de uno de los cristales que dan a la calle, acompañado por la singular melodía producida por las máquinas de la construcción, en plena faena. Se trataba del artista Nico Baixas, con su espectáculo de performance llamado “Gos-Com-Fiug, un espectáculo “raro como un perro verde”. Sin ningún tipo de atrezzo y únicamente ayudándose de su cuerpo, nos brindó este innovador espectáculo. Hubo varios pases así, que pese a ser muchos, todos pudimos disfrutarla.

Pero, sin duda, uno de los acontecimientos más divertidos, originales e inolvidables de la tarde fue la sin igual conferencia del actor y dramaturgo Albert Boadella, que tuvo lugar en la Consejería de Cultura y Turismo, en compañía del escritor y crítico Javier Villán, quien tomó las riendas de la misma.

El creador de la compañía de teatro Els Joglars cuando sólo contaba con 19 años de edad y activo autor del teatro español, nos dejó un toque de su sentido del humor y alegría, que en ningún momento dejó de derrochar. Ya a su llegada, nada más tomar asiento, como si estuviera en familia y en total confianza se tomó una medicina provocando las primeras risas de los allí presentes.

El director de la compañía Els Joglars, en la que desarrolla toda su carrera dentro de la profesión, y con la que ha estrenado más de una treintena de montajes, se caracteriza por acabar siempre creando polémica. Denominando ”titiriteros” a este grupo, entendiendo ese término como dedicado a inadaptados sociales crónicos, gente que va a la contracorriente propia de un gueto, pero que en muchas ocasiones han llegado a ser, dentro de su profesión, importantes dramaturgos o actores excelentes. Es por ello que, quien recibe esta definición, debe sentirse alagado y olvidar todas las connotaciones nefastas de la palabra.
Ambos contertulios de la tarde son grandes amantes de la fiesta nacional, aunque como bien dijo Villán “esto no es un mano a mano, hoy venimos a hablar de teatro”, y comenzó preguntando al protagonista, quien jocosamente contestaba dejando a menudo caer notas de su palpable humor.

Siempre considerándose a sí mismo como un bufón, de ahí que en sus memorias pusiera de título que son las de un bufón, comentó que, a él, llamarse así, le viene como anillo al dedo porque la considera una profesión digna y metafórica. El bufón es alguien que se ríe del poder, cosa que él siempre ha hecho aunque, irónicamente, reconoce que el don de la prudencia debe ser algo básico en los comediantes.

Hubo tiempo para comentar algunos de sus problemas con las autoridades políticas debido a que sus obras acostumbran a tener una fuerte carga crítica y satírica, especialmente con el poder establecido y con cualquier poder en general. Su defensa de la libertad y su crítica furibunda al dogmatismo le han creado muchos enemigos, aunque los considera necesarios. Su primer gran problema tuvo lugar en 1977 cuando, llegada la democracia, escribió acerca de una ejecución realizada en 1974. Fue encarcelado y sometido a un consejo de guerra por un presunto delito de injurias al ejército. Posteriormente protagonizó una espectacular fuga de la cárcel que pasó a relatarnos a modo de divertido cuento.

Ya en la cárcel, y con la ayuda de su esposa, fingió una enfermedad para poder salir, y poco a poco se fue ganando la confianza de los policías hasta que, sin mucho secretismo, pudo escapar disfrazado de médico y huir a Francia al exilio. Jocoso cuenta que ahí, sintió lo que era tener poder.

Pero también reconoció que es necesario saber llegar al límite, aunque él mismo, reconoce que a veces no ha sabido hacerlo. La primera vez que pensó dedicarse al teatro, le llamaba la idea de ser una estrella: firmar autógrafos, pisar alfombras rojas y plasmar sus manos en la Gran Vía de Madrid. Pero lo que obtuvo fue todo lo contrario: creó la polémica y muchos son los que se pusieron en contra de él, por lo que poco menos que le toca salir por la puerta de atrás. Irónicamente, esto fue lo que más le gustó y, entre risas, confesó que, desde aquellos acontecimientos, le ha sido imposible dejarlo porque es con lo que le ha encontrado sentido a su vida.

Disgustado con la situación que, en Cataluña, tiene la cultura y el arte, cuando Villán le preguntó sobre el momento actual, expresó sus pensamientos. Ya en la presentación de su libro “Adios Cataluña”, explicó que su adiós a Cataluña no era metafórico, sino real: no volvería a trabajar en Cataluña, ante el boicot que sufren sus obras en la tierra que le vio nacer. Dijo que hoy todo ha cambiado pero, como en todo, no por ello a mejor. En Cataluña se tiende a la endogamia y eso tiene sus consecuencias. Criticó que allí lo más considerado es que una obra esté escrita en catalán, no que sea buena, y eso es una especie de censura, que en Madrid no tenemos, y por ello somos poseedores de una mayor pluralidad.
También se le preguntó por lo que quedaba del Boadella de los inicios, y volviendo a las risas, dijo no tener ni idea. Sigue siendo una persona crítica, que discute por todo y prefiere tener buenos enemigos a tener muchos amigos, porque si quieres llevarte bien con todos, no consigues nada.

En este momento llegó uno de los momentos más interesantes de la entrevista. Villán mostró su idea acerca del, a su juicio, panorama desolador de la cartelera madrileña, que comenta que tiene ausencia de autores españoles. Se les dificulta mucho el acceso y preguntó a Boadella por su opinión. Éste afirmó que la culpa es de los mecenas que son los que reparten los medios de forma desigual entre los distintos tipos de arte, y esto es un modo de censura. Se da más importancia a la televisión y por ello, los actores prefieren, a nivel profesional, una serie de televisión mala, a una obra buena; aunque a nivel de preferencias, se quedan con el público en directo. La Administración política, como en todo, se ha metido tanto en este mundillo que se invierte pero de modo distinto, dependiendo del color político. Lo peor de esto, es que no es una fórmula que se quede dentro de nuestras fronteras, sino que se extiende a toda Europa, y eso es lo que falla. Albert es un defensor acérrimo del liberalismo en arte y, aunque reconoce que el teatro debe recibir ayuda pública, también debe disponer de unas instituciones que lo protejan y lo liberen de prejuicios y creencias. El teatro, como patrimonio que es, debe ser intervenido pero con cuidado, cosa que no se cumple.

Pero, un hombre polémico como él, trasgresor en el teatro y, sin embargo, conservador en el arte, ¿cómo armoniza estas dos contradictorias ideas?

Para él, un buen actor debe ser armónico en todo pero, ¡ojo!, siempre que predomine el mal gusto, el fomento de los enemigos, y dejando de lado la modernidad y las modas, para él los peores enemigos de un actor porque están en constante cambio y si se guía por ellas está perdido; explicó que no se considera conservador en el arte. El arte siempre tiene referencias comunes, referencias culturales que se van cambiando, y los resultados son las nuevas obras. Ve diferencias en todo, pero lo coloca de modo distinto para que la gente lo entienda, a diferencia de los artistas que son muy caóticos, dijo. Quizá por eso sea por lo que se le juzga de conservador en arte.

Gran aficionado a la fiesta de los toros, y público defensor de la llamada fiesta nacional, Boadella no se esconde a la hora de superponer su emoción por el ritual taurino por encima del resto de las artes. Los considera un arte muy completo y que engloba todos los componentes de la vida. Su apoyo a las corridas de toros le ha supuesto tanto la admiración de las grandes figuras del toreo, como acerbas críticas por parte de sectores antitaurinos, pero siempre se lo ha tomado con deportividad.

Así terminaba la entrevista, conferencia, llámese como se quiera, a un polémico pero indudable profesional del teatro. Aficionado a crear controversias, discusiones, contradicciones, lo que le ha llevado a obtener una gran lista de enemigos, incluso a ser vetado en algunos programas de televisión, pero no por ello ha dejado de ganar premios, de escribir libros o de seguir ejerciendo de lo que más le gusta. Albert Boadella se despedía dejándonos un buen sabor de boca y habiéndonos hecho pasar un entretenido rato entre sus bromas y chistes.

Pero aún quedaba mucha noche por delante: la Noche de los Teatros. Se acercaba la hora de asistir a funciones teatrales en cientos de teatros a mitad de precio, de acudir a la exposición Picasso con entrada libre o de la performance Cabaret en el Círculo de Bellas Artes. Segundo año del acontecimiento, que ya va haciendo historia. Esperemos que el año que viene podamos seguir contándoos todo lo que ocurre en ocasiones tan preciadas como esta.

Ana Auñón

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