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CUANDO LOS CLASICOS REVIVEN EN EL CONVENTO




En pleno microcentro porteño, en un convento que data de 1600, lejos del cosmopolita ruido, un grupo revive clásicos del teatro universal. Una audaz propuesta de la cuál conoceremos su historia y presente a continuación


Es imposible evitar comenzar esta reseña hablando del lugar maravilloso que es este convento que alberga clásicos del teatro. Un espacio detenido en el tiempo en el medio del enloquecido movimiento de la ciudad. Un lugar que casi roza lo místico, dónde la imaginación puede dispararse hacia lugares insospechados. Los silencios se multiplican en la madera de siglos, en los amplios pasillos coloniales. Qué mejor lugar para poder realizar una tarea artística, para desplegar el teatro en las centenarias paredes.

Dialogamos con Martín Barreiro, fundador y director del grupo, junto a Diego Verni uno de los integrantes de la compañía y protagonista de “Macbeth”. La pregunta inicial y obligada es a Martín:

¿Cómo nació la compañía?
Fundamos la compañía en el año 96, y nos establecimos acá. Tuvimos la suerte de conseguir este lugar, primeramente para ensayar. Pero el lugar es tan extraordinario que terminó siendo también el lugar de estreno.

¿En base a que objetivos decidieron fundarla?
La idea era constituir una compañía estable. Estudiar y profundizar en el teatro clásico. Un género poco estudiado en Buenos Aires. Ensayando aquí surgió la inquietud de poder realizar las funciones en este marco. Lo planteamos, nos dijeron que si, y comenzamos a utilizar la sala de abajo Allí estuvimos diez años. Así empezamos. Se formó una compañía que al principio fuimos 18 personas. Que fueron rotando. Entrando gente nueva. De los fundadores quedamos dos.

¿Con que pieza comenzaron?
Empezamos con una obra medieval “Cada Cual”. Una obra muy conocida en Europa, que se hace mucho en festivales. Aquí no era muy conocida. Eso nos abrió muchas posibilidades de trabajo e investigación.

¿Cuál fue el criterio para abordar la puesta?
Nosotros intentamos darle el perfil que le habían dado en Austria, originalmente el autor de una versión de principios del siglo XIX. Con esa obra viajamos, hicimos festivales. Nos dio la oportunidad de adquirir una experiencia en un terreno poco transitado. No existían, ni existen compañías, como hay en Europa, dedicadas al teatro clásico y a los orígenes.

¿Cuál era tu formación?
Estudié con mucha gente, y soy egresado de la EMAD (Escuela Municipal de Arte Dramático).

La puesta la basas en las estéticas originales, ¿experimentas otras cosas?
Fusionando. Trabajo mucho con el cuadro vivo, muy de la época. Con escenas simultáneas. Pero lo fusiono con el teatro moderno y con mis propias búsquedas arriba del escenario. Incorporo coreografías, proyecciones, herramientas que sean necesarias para cada puesta.

El grupo viajó numerosas veces a Europa participando en Festivales. A Chile. No sólo la experiencia quedó circunscripta a Buenos Aires.
Actualmente es un grupo de veinte personas, autogestionándose con lo producido por las funciones. Sin apoyo oficial. Y mantienen tres obras simultáneas en cartel. Con un esfuerzo mantenido en una calidad artística y en la continuidad de las búsquedas escénicas. Una búsqueda de una mística que intentan mantener viva en cada puesta.

Actualmente el grupo tiene en escena tres obras: los viernes va “El Avaro” de Molière, los sábados: “El Inspector General” de Gogol y “Macbeth” de William Shakespeare. Las tres cuentan con la adaptación y la dirección de Martín Barreiro.
Tuve la oportunidad de verlas, y es destacable el trabajo de reconstrucción de la estética, de vestuario, de espacio escenográfico. Con actuaciones frescas, actualizadas, pero sin perder de vista el sentido clásico que proponen los textos.
Me impactó especialmente la versión de Macbeth. Es un texto poco transitado, muy difícil, pero que ha sido eficazmente adaptado y montado, y con actuaciones impecables, especialmente la de Diego Verni como Macbeth.

¿Como llegaron a las tres obras que tienen en cartel ahora? Siendo temáticas tan disímiles.
Un poco fue la necesidad de ampliar la posibilidad de traer más público. Con una solo obra no dábamos abasto. Comenzamos con Macbeth, que fue una sorpresa para nosotros. La hicimos porque nos gustaba, pero es una obra poco transitada en el teatro, que pensamos que solo duraría seis meses. Después agregamos El Avaro, luego incorporamos Lorenzaccio (aunque no nos fue muy bien con esa obra), y seguimos con El Inspector General que es la última obra estrenada.

¿Fue realmente una sorpresa la repercusión de Macbeth?
Sí, totalmente. Más siendo una obra tan poco realizada en Buenos Aires. Y la sorpresa además fue la gran respuesta de la gente joven. Es una temática que no pierde vigencia más allá de las edades.

¿El elenco va rotando luego del estreno?
En Macbeth casi se conserva el elenco original, y solo cambiamos un actor. Aquí los reemplazos están a la orden del día. Intentamos mantener el elenco original, pero bueno, suelen surgir circunstancias que ameritan un reemplazo.

¿Qué otras obras han transitado en estos doce años?
Hicimos “Volpone”, una hermosa obra. Ionesco, con “El Futuro está en los huevos”. De Shakespeare “Noche de Reyes” y “Romeo y Julieta”. De Molière lo primero que hicimos fue “Tartufo”. También incursionamos en el teatro del barroco español con Tirso de Molina. En una adaptación que exigió un gran esfuerzo, por ser teatro en verso, pero que nos trajo muchas satisfacciones, desde la puesta hasta la repercusión con el público.

¿Hicieron obras de tu autoría?
Si, estrenamos dos o tres obras. Siempre mintiendo un estilo clásico. Hice “La daga y el ángel” basada en la vida de Tirso de Molina, y otra sobre la vida de Molère.

¿Están trabajando en algún proyecto nuevo?
Estamos ensayando Hamlet que la estrenaremos en el 2009. Seguramente será la obra que reemplace Macbeth que ya hace dos años está en cartel. Llega un momento en que uno tiene que renovar para brindarle cosas nuevas al público que nos sigue fielmente.

¿Cómo trabajas el texto?
A partir de mis búsquedas creativas. Y adapto la obra de acuerdo a la puesta que ya vengo concibiendo en mi cabeza. Pero soy absolutamente fiel a lo que el autor quiere trasmitir.

Martín Barreiro ha construido un grupo con mística, palabra que sobrevoló muchas veces la charla. Su sueño de compañía estable es una realidad. Es una familia. Donde todos cubren roles, se puede estar actuando en una obra, y estar en la boletería en la siguiente. Pintando un telón, o cosiendo un vestuario. Allí convive la pasión real por el oficio teatral. El amor hacia la tarea.
Y también logran un desafío. Que es mantenerse con su propio trabajo. Ninguno de los actores aporta un solo peso, más que el trabajo, y así pueden solventar los gastos de producción. No hay apoyo oficial ni sponsors. Sólo trabajo y la esperanza renovada cada fin de semana de que el público los acompañe. Y vale la pena acompañarlos.

PATRICIO LÓPEZ TOBARES

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