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EL PERRO DEL HORTELANO




Crítica de la obra del grupo 'Santiago Rusiñol'


Podría decirse que ‘El perro del hortelano’ es una de las mejores y más conocidas obras de Lope de Vega, así como una de las más representadas. Nos encontramos ante una comedia de enredo en toda regla: personajes de clases altas y bajas entremezclados unos con otros, una historia interesante centrada en las relaciones amorosas y los celos (el perro del hortelano “ni come, ni comer deja”), y grandes dosis de comicidad e ironía. Esta vez es el grupo amateur ‘Santiago Rusiñol’ (con sede en el Círculo Catalán de Madrid y dirigido por Núria Soler), quien pone todo su empeño y talento en realizar esta gran obra de la literatura española.

Atendiendo al apartado más artístico, hay que decir que las interpretaciones de todos y cada uno de los actores son una verdadera maravilla, pues hacen un trabajo muy profesional y verosímil. Cabría destacar al protagonista, Teodoro (interpretado por el joven Guillermo Gómez, encargado además de la dramaturgia y la selección musical), que resulta ser un galán muy creíble y extraordinariamente expresivo, con mucha facilidad y naturalidad para la declamación y lectura de versos; y a su criado y compañero de fatigas, Tristán, que es un personaje hilarante y muy agradecido para cualquier gran actor, como es el caso de Carlos Moreno, quien consigue arrancar las carcajadas del público casi a cada frase, a cada gesto, con su apabullante vis cómica, además de mostrar una sensibilidad especial que se traduce en una increíble complicidad con Guillermo. Por su parte, los dos personajes femeninos de la obra, interpretados por Trinidad Hernández (que nos presenta muy bien a una condesa de Belflor de personalidad cambiante: muy celosa y altiva en ocasiones, pero zalamera en otras) y Conchy Gutiérrez (muy acertada como la joven e inocente criada Marcela) resultan perfectamente creíbles y se ganan sin duda todos los aplausos que reciben al final. Mención especial merece Mariano Medina como Ludovico, correctísimo en la declamación e impresionante en su interpretación.

Aparte de las actuaciones, si merece la pena destacar algo por encima de lo demás, son los asombrosos vestuarios que se ven sobre el escenario: es un verdadero despliegue de color y lujo, con detalles pulcramente cuidados (como los lazos de los zapatos de las damas, las barbas postizas de los caballeros interpretados por mujeres o la adecuación de las prendas a las diferentes clases sociales). En lo referente al atrezzo, no se puede evitar esbozar una realizadora sonrisa al descubrir cosas como papeles de verdadera apariencia antigua o una bonita caja de escribiente con pluma y tinta incluidas. En cuanto al escenario, compuesto por un fondo negro y cuatro butacones cubiertos con fundas de tela blanca, da una sensación minimalista bastante parecida a la que se mostraba originalmente en este tipo de comedias, y recuerda en ciertos momentos a algunos cuadros de Velázquez por los efectos del claroscuro.

Afortunadamente, el teatro amateur, a pesar de todas las dificultades que vive día a día, está en auge. Cada vez encontramos más grupos escondidos en rincones sombríos que merecen ser descubiertos por todos nosotros: prueba de ello son el grupo ‘Santiago Rusiñol’ y sus componentes, que con su entrega y buen hacer regalan tardes de felicidad a sus fieles espectadores de siempre y también a aquellos que, por casualidades del destino, caemos en sus redes a la primera de cambio.


LO MEJOR
- Los actores
- El vestuario


LO PEOR
- Que en el teatro donde representan no quepa más gente
- Al no tener micrófonos, a algunos actores se les oye poquito en las últimas filas

CALIFICACIÓN: 4/5 (MUY RECOMENDABLE)


Esmeralda López Muñoz

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