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FICA-2019 “DE LA PURÍSSIMA” (NUESTRA COMENTARIO)




Reliquias del siglo XXI…


Desde las luces en la puerta, el bullicio divertido de personajes y público jugando a intercambiar roles en una mezcla ligera de sátira, homenaje y performance recibía en el Teatro El Picadero a los asistentes a una nueva edición, la cuarta, del Festival Internacional de Cabaret Argentina. En ese marco, desde España llegó para presentarse por última vez en un escenario “De la Puríssima”, el proyecto nacido en 2009 por inspiración de Julia de Castro y creación común con el contrabajista Miguel Rodrigáñez. Una fórmula musical única que recupera el cuplé para fusionarlo con el jazz y recrearlo con la potencia tan personal como actual de su vocalista. Después de 10 años de presentaciones en España y el mundo y con el objetivo original cumplido, la dupla decidió que esta actuación en Buenos Aires fuera la función de despedida. Corto y mordaz, con una inusual calidad vocal y musical, un fraseo ondulante entre notas, tiempos, silencios y ahogos justos, más un impecable uso de luces y sombras, el espectáculo capta la atención del auditorio, casi a nivel individual, borrando con ese zoom de los sentidos el espacio físico hasta crear una atmósfera atemporal.

En una puesta en escena intimista, el diálogo entre la interesante voz de Julia y el sutil contrabajo de Rodrigáñez va subiendo el tono y la carnadura buscando la variada sensibilidad del auditorio, que responde, desde la evocación musical, el humor como reflejo, la ironía compartida, a la experiencia de vida que se actúa, se narra, se canta desde el escenario. Porque eso es lo que De la Puríssima ha buscado en esta década de trabajo conceptual: recuperar la conexión con la corporalidad de las emociones, la sensualidad como promesa, la simpleza directa de lo erótico, los juegos de poder públicos y privados, la retórica crítica de la burbuja y la decadencia que, a principios del siglo XX, representaba el music hall, el varieté, el cabaret y el españolísimo cuplé y sus intérpretes.

No es casual que Julia se presente en escena, caminando entre las butacas, al son de La Violetera, un cuplé realista que reivindica la personalidad de las mujeres que asumían su identidad, su oficio, su posición en la vida sin remilgos. Tanto la del personaje retratado como la de la encargada de interpretarlo. Según contara Julia de Castro el cuplé la sorprendió mientras estudiaba en Londres cuando le preguntaron, por ser la española del grupo, que pensaba de “Rosa de Madrid”, de hecho, un chotis, similar al cuplé y típicamente madrileño. Se quedó sin respuesta, nunca lo había escuchado. No conocerlo la llevó a explorar el llamado “género ínfimo” y sus intérpretes. Descubrió un mundo con historia y significado, un mundo prohibido, cuando menos, censurado. También, una idea en germen. En las cupletistas vio esa potencia femenina que ya entonces supo arriesgarse a ser espejo de su propia realidad social. Y en el cuplé, escondidos, el momentum, el clima, el tempo, la improvisación típica del jazz. Se suele describir al cuplé como un género musical escénico, casi un reflejo de la teatralidad de la vida, en auge al mismo tiempo que el charleston, el foxtrot, el ragtime, el jazz y sus variantes. Todos, en su conjunto, eran un reflejo del ritmo casi desesperado de los convulsionados tiempos entre guerras. Música, letra, baile y bailarines se mimetizaban constantemente con ese vértigo que iba desafiando, y quebrando, la ingenuidad y corrección de usos y costumbres públicos y privados. En esos días lo que solía ser una fiesta terminaba siendo su propia parodia. Tal vez por eso, en la apertura, la arenga de Julia de Castro sorprende al preguntar, asistentes incluidos, si estamos listos “para ser reliquias, para ser protomártires del siglo XXI”, vestigios de un tiempo cada vez más velozmente pretérito. Invita a un ejercicio anticipatorio, evocando aquellos tiempos. Y responde con su presentación, donde abre “el relicario” y expone su propia experiencia vital al ritmo de un nuevo cuplé reversionado en clave de jazz. Que el cuplé ha muerto? De ninguna manera.

Dueña de la escena, cuando arremete, lo conceptual sale de escena y la interpretación de sus canciones gana el centro. Después de trabajar unos años sobre cuplés españoles y napolitanos, explorando posibilidades, en 2011 la banda empezó a componer sus propios temas. En este “último cuplé” de Buenos Aires, se sucedieron sin pausa “Santa Frívola”, “Luca”,” “José Alfredo”, “El infiel”, “Promiscuidad”, “El bebé”, entre otras canciones, cada una con una historia como excusa para un gran desenvolvimiento vocal y un rico contrapunto con el contrabajo de Rodrigáñez, que, en conjunto, resultan de una delicadeza voluptuosa. Gran expresividad de Julia, que usa su cuerpo como un todo al servicio de la música. Dominio total del contrabajo por parte de Miguel, quien sabe cambiarlo de plano para sumar intención. El espectáculo es provocador, una rara avis con más profundidad que la aparente. Tiene de cabaret el riesgo, la insinuación erótica, el dolor de la caída, la ironía y la sátira. Algo de humor triste. Mucha inspiración. Tanta que reclamó dos bises.

GGB.

ESPAÑA-Hay un momento de nuestra vida –dice el poeta Hugo Mujica– en que nos sentamos frente a nuestra propia vida y nos preguntamos si daríamos la vida por esa vida que llevamos, y entonces la besamos o la escupimos. Hace algo más de una década, Julia De Castro se sentó ante sí misma y se escupió.

Poco después De Castro conoció a Miguel Rodrigáñez, uno los mejores músicos y contrabajistas de este país, y tras una impro entre los dos nació en 2009 De la Puríssima, el crucial e inclasificable proyecto escénico y musical con el que han reactualizado el cuplé, reinventando su forma en clave de jazz, y que este año cierra una inspiradísima década y ritualiza su exhalación.

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