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HELLO DOLLY (NUESTRA CRITICA)




Un lugar al que pertenece…


Si hay algo que permiten los clásicos en cualquier arte es deshacerlos en los símbolos que cada observador siente contribuyen a alimentar la leyenda. Son ideales para encontrar arquetipos, explicar destinos, descubrir patrones, reconstruir la historia privada de cada época, recuperar en un recorte de contexto la historia pública.

Seguramente sus autores no buscaban un lugar en el acervo cultural de las próximas generaciones sino el impacto en la propia. No obstante, lo intuyeran o no, algunos estaban destinados a perdurar y ganar vida propia. Eso pasó con Hello Dolly!, un musical histórico que vuelve a la cartelera porteña con Lucía Galán en el rol de la casamentera Dolly Gallagher Levi, ese personaje femenino con la marcada ambigüedad de las mujeres autosuficientes de su tiempo. Una foto de tiempos idos, con problemas y aspiraciones muy distintos a los actuales pero con personajes eternos.

La historia que sirve de base a esta pieza emblemática ya ha sobrevivido dos siglos y no es casual que en su germen, una farsa del inglés John Oxenford, se titulara algo así como “Un día bien vivido”. En ese día, todos los personajes que Dolly toca directa o indirectamente emprenden un viaje que cambiará sus vidas, tomen ese tren de Yonkers a New York o esperen a los viajeros en la gran ciudad. Americanizada por Thornton Wilder, fue primero la obra The Merchant of Yonkers, y luego con el personaje de Dolly potenciado, se convirtió en The matchmaker. Una década después, en 1964 precisamente, ya convertida en musical con letra y música de Jerry Herman y libro de Michael Stewart, se estrenó en Broadway como Hello Dolly! Un éxito que mereció 10 premios Tony incluyendo Mejor Musical. Llegó a la Argentina en 1967 con Libertad Lamarque en el rol de Dolly dirigida por Daniel Tinayre en el Teatro Odeón. La repuso Constantino Juri en el ‘96 con Nati Mistral y Duilio Marzio como el inefable Horacio Vandergelder, el cliente “medio millonario” que hoy encarna Antonio Grimau al que Dolly busca casar -más que con las candidatas que le propone, con ella.

Dueña de su destino y no queriendo, Dolly la casamentera es mucho más que la muñeca enlazada en el nombre elegido para la hilandera de la trama. No parece un detalle menor. Desde el título final que eligieron autores y revisores, le dieron a Dolly la llave maestra de la historia. Dolly Gallagher Levi no pelea con el rol que en ese entonces se le asignaba a la mujer en el matrimonio y en la vida, o con el poder del varón con dinero sobre los demás, o con el significado del amor y las formas de buscarlo. Los usa a su favor. Le pide una señal a su difunto esposo, pero no se queda quieta esperándola. Quiere casarse para ser como se debía ser, esposa y ama de su casa, pero disfruta del poder de su independencia para decidir someterse. Es un personaje más potente de lo que parece al que Lucía Galán le presta la fuerza de su voz poderosa, la presencia en el escenario, el tono y los matices que Dolly necesita. Es impaciente y decidida con Ambrosio Kemper y Ermelinda Vandergelder, su cliente artista y la llorona sobrina de Horacio con la que tiene que lograr casarlo. Es pícaramente insidiosa e intencionada cuando le habla a Horacio de los antecedentes de su candidata “fija” Irene Molloy y lo tienta con el oro de Ernestina Money -siempre con la vista puesta en su plan de convertirse en esposa. Es soberbia primero y convincente después cuando hace esperar a todos, juez incluido, en el principio del desenlace del segundo acto, mientras come a dos carrillos en los Jardines de la Armonía, el restaurante al que vuelve y del que siente nunca se ha ido como refleja el tema emblema de la pieza, que, bajada de escalera incluida, hizo inolvidable una joven Barbra Streisand en la versión fílmica de 1969. Por ahí pasa el eje de la historia. Horacio, en busca de esposa; sus empleados Cornelio y Barnaby para vivir el mejor día de sus vidas y besar a una mujer antes de que caiga la noche; Ambrosio y Ermelinda, procurando ganar el certamen de polka para convencer al tío y poder casarse. Todos viajan a New York, donde lo sepan o no, los esperan Irene Molloy, ansiosa por encontrarse con su futuro esposo; Minnie Fay, sin mayores expectativas; y el restaurante Jardines de la Armonía, ese territorio de Dolly, en el que ocurrirá lo que tenga que ocurrir para que a cada uno le toque lo suyo.

Con la producción general de Angel Mahler, también su director musical, y Leo Cifelli & Asociados, y con dirección de Arturo Puig (Ambrosio Kemper en 1967), esta puesta de Hello Dolly! sorprende con el diseño de escenografía y el vistoso vestuario de la original en México. Un recreación de escenas de otros tiempos muy bien logradas (el almacén de Vandergelden y su simbólico sótano, la sombrerería de Irene Molloy; la escalera y los privados de los Jardines de la Armonía, un buen recurso), y otras no tanto (los “caballos”, por ejemplo, un toque demasiado naif). Un dúctil e histriónico Agustin Sullivan como Cornelius Hackl y Darío Lopilato, diestro como un hiperexpresivo Barnaby Tucker supieron unir los dos grandes momentos de la historia entre Yonkers y New York con soltura e ingenua simpatía. Laura Azcurra, da vida a una Minnie Fay de rasgos sorprendentes y Angeles Diaz Colodrero pone su impecable voz al servicio de la personalidad de Irene Molloy. La prestancia de Antonio Grimau, un actor que se arriesga al musical, abre la historia con su comerciante explotador, egocéntrico y avaro, y la cierra con un hombre entregado que reconoce sus debilidades y sobre todo su dependencia de Dolly. El gran trabajo del ensamble aporta frescura, expresividad, más fuerza e integralidad al todo, incluso cuando son soporte de otros roles, logrando “agrandar” el escenario y hacer lucir aún más los decorados. El trabajo de conjunto suaviza la afectación de algunos pasos de comedia clásicos, cierto quiebre del ritmo por repeticiones quizá sobreabundantes o extensas (como las del servicio en el restaurante o el certamen de polka), acercando más el corazón de la historia a su público, que la disfruta. Como Dolly, la obra vuelve al lugar que le pertenece.

G.G.B.

Noticia completa:
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Ambientada en Nueva York a finales del siglo XIX. Una casamentera, Dolly Levi, hace un viaje a Yonkers para ver al rico comerciante Horacio Vandergelder, que solicita sus servicios: considera que en su casa falta un "toque femenino". Mientras está con él, Dolly lo convence a él, a sus dos empleados, a la sobrina de Horace y a su pretendiente para ir a Nueva York. Allí la celestina emparejará a los empleados de Vandergelder, al mismo tiempo que no se detendrá hasta asegurar su propio futuro junto con Horacio.

ELENCO:
LUCÍA GALÁN: DOLLY GALLAGHER LEVI
ANTONIO GRIMAU: HORACIO VANDERGELDER
DARÍO LOPILATO: BARNABY TUCKER
AGUSTÍN SULLIVAN: CORNELIO HACKL
LAURA AZCURRA: MINNIE FAY
ÁNGELES DÍAZ COLODRERO: IRENE MOLLOY
NATALIA MOURAS: HERMELINDA
TALI LUBI: ENSAMBLE
KARINA BARDA: COVER IRENE MOLLOY
ELUNEY ZALAZAR: COVER MINNIE FAY
SOL GIULIETTI: COVER HERMELINDA
FLAVIA PEREDA: COVER ERNESTINA
VERONICA PACENZA: SWING
MATÍAS ACOSTA: AMBROSIO KEMPER
EZEQUIEL CARRONE: STANLEY
MARCELO AMANTE: POLICIA – COVER JUEZ
PEDRO FRÍAS: ESCRIBIENTE
PABLO GARCIA: JUEZ – COVER RUDOLPH
SANTIAGO ALMARAZ: COVER CORNELIO HACKL
JUAN MARTIN DELGADO: COVER BARNABY TUCKER
ANDRES ROSSO: COVER AMBROSIO KEMPER
DIEGO MARTIN: DANCE CAPTAIN
MARTIN MENA MAUGER: SWING

FICHA TÉCNICA:
LIBRO: MICHAEL STEWART
MÚSICA Y LETRAS: JERRY HERMAN
COREOGRAFÍA: ELIZABETH DE CHAPEROUGE
DISEÑO DE ESCENOGRAFÍA (PARA LA PUESTA ORIGINAL EN MÉXICO) : ADRIÁN MARTÍNEZ FAUSTO Y EMILIO ZURITA
DISEÑO DE VESTUARIO (PARA LA PUESTA ORIGINAL EN MÉXICO):
ESTELA FAGOAGA
ADAPTACIÓN DE CANCIONES: MARCELO KOTLIAR
PREPARACION VOCAL Y CORAL: DAMIAN MAHLER
ASISTENTE DE DIRECCIÓN: HERNÁN KUTTEL
PRODUCCIÓN EJECUTIVA: FEDERICO BRUNETTI
PRENSA: WE PRENSA
DIRECCIÓN MUSICAL: ÁNGEL MAHLER
DIRECCIÓN: ARTURO PUIG
PRODUCCIÓN GENERAL
ÁNGEL MAHLER, LEO CIFELLI & ASOCIADOS


A partir del 8 de enero 2020, los Jueves y Viernes 20.30 hs, Sábados 20.00 y 22.30 hs y Domingos 19.00 hs, en el Teatro Opera Orbis Seguros-Av. Corrientes 860-CABA.

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