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INOCULANDO EL VIRUS DE LA FELICIDAD




Revisión de 'Garrick', el nuevo espectáculo de Tricicle (Madrid-2008)


Dicen que, cuando reímos, movemos al menos (agárrense) 400 músculos de nuestro cuerpo, así que, reír intensamente durante diez minutos, bien equivale a quince de bicicleta estática. Y todos sabemos que hacer deporte es sanísimo, pero ¿sabemos si reír lo es? Parece que los actores que componen el trío Tricicle, Joan Gràcia, Paco Mir y Carles Sans, convertidos en doctores esta vez, sí lo saben bien.

Siguiendo fieles a lo que llevan haciendo durante 28 años, los miembros de Tricicle se dan a sí mismos una vuelta de tuerca más con “Garrick”, pues hacen incursiones en campos en los no se habían adentrado nunca para no quedarse anclados. Algunos de estos experimentos consisten en representar ellos mismos una sucesión de viñetas de cómic, con la ayuda de bocadillos con mensaje, o cantar una canción sencilla pero pegadiza, micrófono en mano. Un riesgo duro, pero necesario, y corrido a sabiendas, que se convierte en un éxito aplastante.

Onomatopeyas, un fakir a prueba de fuego, gritos rurales, tres hombres embarazados, tipos de risas, saludos cordiales, repetitivos o verdes, un vídeo parlante lleno de neuronas y endorfinas, una cámara de fotos… Y, además, grandes escenas que pasarán a engrosar la lista de los mejores y más conseguidos logros de Tricicle, como la del hombre escayolado que pretende fumarse un cigarro (con la que Joan Gràcia arranca al público una de las dos ovaciones más impresionantes de la obra), la del cuento con voz en off (en la que Carles Sans y Paco Mir hacen un esfuerzo sobrehumano y se llevan el otro frenético aplauso) o el sketch de los dos médicos encerrados en un ascensor. La escena del museo (en la que utilizan unas máscaras blancas), sin embargo, resta cierto garbo al montaje, ya que esconden por completo las asombrosas dotes gestuales que poseen los tres actores y que los han caracterizado desde que Tricicle comenzó a rodar, allá por 1979. No se puede decir que sea un mal número, al contrario, arranca las risas del público como otro más, pero parece que no acaba de cuajar en la dinámica general. Puestos a hacer valoraciones, el sketch de “Manicomic” que retoman con esta secuencia cómica (‘Ecs!’) destacaba muchísimo más, pues las máscaras que sacaban entonces tenían hasta un empaque diferente, algo más carismático. Decir, aun así, que ser testigo de cómo consiguen, sin hablar y ocultando todos los gestos faciales de los que son capaces, hacer reír a un público entre el que muchas veces se encuentran espectadores escépticos dispuestos a ofrecer muy poca colaboración, es una de las experiencias más increíbles a las que uno puede someterse.

A pesar de que nos tienen acostumbrados a una calidad actoral fascinante, Joan Gràcia, Paco Mir y Carles Sans no dejan de sorprender, sobre todo, porque no decepcionan, porque mantienen los niveles a una altura inalcanzable para la mayoría, año tras año, función tras función, sin desfallecer lo más mínimo.

Por otro lado, fieles a su costumbre, los componentes de Tricicle hacen varios guiños a sus anteriores espectáculos (Joan Gràcia ataviado con el traje de payaso que Paco Mir utilizó en “Sit”; una cartera con fotos desplegables y un ladrón que roba cazadoras como homenaje a “Chooof!”; otra vez Joan Gràcia representando un papel de perro después de “Terrrific” y “Sit” o una mosca pegada en la pared que trae a la retina una escena de “Entretrés”, entre algunos otros que les dejo que descubran por ustedes mismos), que regalan a todos sus fieles seguidores un motivo adicional para reír. El hecho de introducir en un espectáculo secuencias cómicas ya vistas es siempre muy peligroso, pues se corre el riesgo de caer en la repetición, pero tantos años delante y detrás de los escenarios, han proporcionado a Tricicle las maravillosas tablas de la experiencia, y lo que podría ser un hastío para el público, se convierte en algo que en realidad agradecen los espectadores.

Como algunas veces han comentado los Tricicle, la cuarta pared no existe para ellos, si bien en “Garrick”, el juego que desarrollan los actores con el público es algo menor que en otros espectáculos como “Exit” o “Slastic”. Aun así, las risas están aseguradas con sólo ver a Joan Gràcia, Paco Mir o Carles Sans poner un pie en la escalera que conduce desde el escenario al pasillo central: todo el teatro estalla en carcajadas porque presiente que la tormenta de humor está próxima.

Mostrando una vez más el minimalismo de “Manicomic”, “Slastic” y “Sit”, todo el montaje se desarrolla en torno a un par de paneles multiusos construidos a base de madera que, decorados con elementos adicionales según convenga a la situación, permiten la creación de los diferentes escenarios de la obra (un restaurante, el ascensor, la esquina de una calle, etc.). Ambos paneles se distribuyen muy sabiamente y son colocados en escena con gran destreza por parte de los técnicos.

Muchas de las secuencias cómicas de la obra quedan redondeadas con música de fondo. Aunque parece que en algunas escenas no es más que eso, música de fondo (lo cual en realidad ayuda a que el público hile mejor los sketches que se van representando), hay ocasiones en las que juega un papel importante y es vital para el desarrollo de una acción, como es el caso de la canción mencionada anteriormente o la melodía que aparece en la escena del restaurante (el bolero de Ravel en diferentes tonos).

En cuanto a las luces, decir que son bastante acertadas, y destacan especialmente en la escena del cómic, en la que se utilizan a plena potencia para crear más contraste entre los colores de la ropa de los actores y equipararlos así a los de los tebeos de verdad.

Gracias al ingenio magistral de Tricicle, “Garrick” se convierte en un aterciopelado paréntesis para esas semanas duras, en un oasis de risas en el desierto devenir que es a veces la existencia del común de los mortales. Escena tras escena, carcajada tras carcajada, los tres doctores del humor, en realidad, no curan, sino que contagian al público asistente la enfermedad de la felicidad, el más dulce y apetecible de los virus existentes. Les aseguro que serán los 40º de fiebre más embriagadores y maravillosos que hayan sentido en sus vidas.


LO MEJOR
- Joan Gràcia, Paco Mir y Carles Sans.
- El sketch del escayolado.
- El sketch del cuento.


LO PEOR
- La hora y media que dura se pasa volando.
- Que en una escena escondan sus dotes gestuales tras unas máscaras blancas.


CALIFICACIÓN FINAL: 4/5 Imprescindible

Esmeralda López Muñoz

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