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QUISIERA SER...Y NO PUEDO




Crítica al musical del Dúo Dinámico


Amparado en el éxito de refritos musicales de grupos de éxito (Mecano, Abba, Queen...) en formato escénico, Quisiera ser, saltó al escenario del Nuevo Apolo con cierto bombo, seguro de repetir el tremendo éxito de otros montajes, siguiendo el caudal lento pero seguro de monstruos de la taquilla madrileña como Hoy no me puedo Levantar.

Pero, lo que encumbró a unos (pese a la poca categoría musical de una partitura metida con calzador), es, precisamente, el punto más débil de este último montaje: el libreto, la historia en sí misma, los personajes que la hacen real y propia, el sentimiento mágico que se esconde tras los éxitos de toda una época, que no pasarían de simple concierto agridulce, de no ser por un texto repleto de matices que, cuanto menos, provocan la diversión y la inmersión del espectador.

“Quisiera ser” peca de excesivo en todo su planteamiento, salvo en el más importante: la historia. Aún, quien suscribe, es incapaz de reaccionar ante la estulticia de un hilo conductor prácticamente inexistente que, en sus momentos climáticos, resulta, del todo, difícil de creer y, aún más, totalmente vergonzoso. Bajo la excusa de la historia de tres mujeres, separadas, entre sí, por motivos personales y generacionales, se suceden, sin capacidad dramática, cuadros musicales que apelan a sus recuerdos y que, poco a poco, nos van acercando a lo que podría haber sido una buenísima anagnórisis, de no haberse resuelto, con mala fortuna, al final del primer acto, y no donde correspondía, es decir, en el clímax final de la obra, transformado, esta vez, en una réplica celestial del ya desaparecido “Un, dos, tres, responda otra vez”. Y, por si no fuera poco, este hilo principal se ve consumido por historias de amor que nada aportan, pequeñas conspiraciones resueltas grotescamente en dos escenas, aspiraciones fatales de fatal resolución. Leo lo que escribo y, pese a lo que pudiera parecer, aún encuentro el texto demasiado condescendiente con un libreto digno de un estudiante de secundaria (en nuestro sistema educativo actual).

La ausencia total de interés es provocada por la carencia de objetivos: la historia navega a la deriva, los personajes no terminan de encontrarse a sí mismos, no hay conflictos que impregnen cada uno de los ciento veinte minutos de representación, lo realmente importante se resuelve rápidamente, como si no importara, dejando el resto de representación, a recuerdos que no aportan ni complementan argumento alguno, más bien abruman con un humor poco efectivo (pocas veces escuché en la platea risas generalizadas)... En fin, un despropósito.

Lo que más llama la atención es que, “Quisiera ser”, no nace con la humildad necesaria para dejarse sorprender. Todo lo que vemos es pretencioso, y, lamentablemente, por culpa, de nuevo, de la historia representada, innecesario. El concepto falla terriblemente ante una escenografía propia de grandes producciones londinenses: paneles a varias alturas que se mueven sobre un escenario con un fondo interminable (¿para qué esa ampliación del proscenio?), y que, a su vez, se divide en varias alturas. Pantallas con proyecciones, explosiones y grandes efectos, personajes en el techo del teatro que bajan cantando sobre el público, rampas, pasarelas... Todo innecesario. “Quisiera ser” es una mala historia que se podría contar en cualquier escenario. Da la impresión de querer justificar lo invertido en una faraónica escenografía capaz de arrancar el aplauso impresionado de los no iniciados.

Y es que, personalmente, y ante lo visto, “Quisiera ser” es un producto dirigido a adultos de edad avanzada, amantes de la comedia de enredo, que fingen con dulzura su nostalgia ante las revistas más puramente españolas, y a fanáticos del Dúo dinámico. Pero este público tan concreto, merecedor de todos los respetos, tampoco termina de tragar el “todo vale” que, en continuas ocasiones, subyace en lo mostrado sobre el escenario. Los argumentos de aquellas simpáticas revistas son bastante más inteligentes que el argumento de “Quisiera ser”, incluso el uso del espacio escénico, si me apuran, es más digno de alabanza.

Salvan la función algunos de los integrantes del elenco, que ahora comentaré, y, esto sí que hay que decirlo con total seguridad: las brillantes coreografías que acompañan cada uno de los números musicales, resueltas con energía e imaginación, y perfectamente conjuntadas con la escena. Gracias a ellas, el resultado, pese a lo expuesto anteriormente, es muy vistoso, bastante por encima de las coreografías que, actualmente, se pueden contemplar en la escena musical española (con permiso de “El rey de bodas”).

En cuanto al elenco, Paula Sebastián resuelve la papeleta de un personaje caricaturesco, principal absoluto de la representación, con la experiencia y la gracia necesarias para convertirlo, sin duda, en el más aplaudido, pese a las limitaciones musicales que, en muchas ocasiones, quedan en evidencia ante el respetable. Su contrapartida masculina, Bruno Squarcia, adopta varios roles diferentes, a lo largo de la representación, que, en definitiva, resultan ser el mismo, conjugando con acierto, eso sí, su gran habilidad para el teatro cómico (no así para el musical, como muestra en algunas de las canciones). Paco Morales y Susana Martíns cargan con el peso de los dos personajes menos complejos (si es que existe complejidad en el libreto) de toda la función, pasando sin pena ni gloria sobre el escenario (por culpa, de nuevo y por enésima vez, de un libreto que no les acompaña). Víctor Ullate vuelve a demostrar ser uno de los mejores actores de musicales, salvo que, en esta ocasión, sus habilidades quedan denostadas por un personaje carente, en su totalidad, de toda bis musical. En cambio, el gran descubrimiento de la producción recae en Nuria Sánchez, una jovencísima actriz de maravillosa voz, que derrocha energía y buen hacer sobre las tablas. No la perdamos de vista.

“Quisiera ser” bebe del éxito, como decíamos, de otros montajes similares, pero lo hace con una partitura, no nos engañemos, con menos posibilidades que las de sus colegas de escena, y pese a encontrarnos con un buen número de “éxitos dinámicos”, el oído musical llega a echar de menos la profundidad de un buen soliloquio musical, a la manera de los grandes. Esta vez no pudo ser... tal vez, visto lo visto, el título del espectáculo sea, realmente, lo único digno de hacernos quitarnos el sombrero.
Acierta de pleno.

LO MEJOR:
-Las coreografías.
-Nuria Sánchez y Paula Sebastián.
-Es un musical español.

LO PEOR:
-El faraónico e innecesario escenario.
-El libreto.

CALIFICACIÓN FINAL: 2/5 PRESCINDIBLE

Esteban García Valdivia

CONTRACRÍTICA DE "QUISIERA SER"

La verdad es que “Quisiera ser”, el musical, deja poco que desear al público más exigente, sobre todo al entendido público más veterano. Pero eso sí, hay que ver los números musicales por separado, comprender los gags de los actores y degustar las actuaciones una por una sin tener mucho en cuenta la relación interna que se da entre todo ello para convertirlo en un todo con un argumento, que por otro lado es totalmente comprensible, ingenioso y brillantemente madurado y trabajado.

Ya al poco de comenzar, descubrimos que el argumento es original, pues muestra tres historias paralelas que, además, tienen un nexo de unión del cual nos percatamos en una escena concreta llevada a cabo en la cafetería del tren, en el que viajan y donde discurren las historias de nuestros protagonistas. El argumento es un fiel testigo del paso del tiempo y como hace que acaben congeniando varias generaciones, aunque en origen parece que no estén del todo de acuerdo, siempre recreado en la época de los 80, cuando el Dúo Dinámico triunfaba entre los jóvenes. Que no se ambiente en la época actual no es obstáculo para que la energía y la vitalidad de los números musicales que se van sucediendo casi sin darnos cuenta, de lo bien ensamblados y concordados que se hallan, sea notable desde las primeras representaciones y mucho menos sea pasada de moda. No se utiliza el recurrente y odioso enlatado que tan de moda podemos comprobar que está sin tener que indagar mucho, y todos los elementos expuestos a disposición de la coreografía cumplen su función de modo excepcional. El vestuario, la iluminación, los decorados… perfectamente ensamblados para disponer el musical del mejor modo posible y lograr el mayor disfrute del personal.
Los estupendos bailarines hacen que no decaiga, en ningún momento, el espectáculo, ayudados de la inestimable profesionalidad de los prestigiosos actores.

Unos, como protagonistas de las historias a la par que cantantes individuales de muchas canciones. Otros, uniéndose al ballet y los coros demostrando su maestría en todos los campos. Haciendo una mención especial a Paco Morales, de los mejores actores del elenco y con una gran voz, sin menospreciar a Paula Sebastián, capaz de superar a sus compañeros además de por sus tablas, por la facilidad de su personaje para meterse al público en el bolsillo, sin olvidar a Bruno Squarcia, quien interpreta igualmente en calidad a los cuatro maridos que ha tenido la nonagenaria condesa de la Perla, a la que da vida Paula Sebastián.

Pero ahí no queda todo. En esta única puesta en escena es magnifico el libreto de Jorge Herrera que, a través de la historia generacional hila toda la música del Dúo Dinámico. 36 de sus más de 200 temas son recogidos en el espectáculo dándoles un sentido absolutamente distinto, en muchas ocasiones, que al que hasta ahora conocíamos. Plausible el trabajo de primera magnitud con el que nos obsequia.
Pero no podemos olvidar la guinda del pastel, elemento que suele ser accesorio y meramente decorativa pero sin la cual nada de esto funcionaría. Los ocho músicos que llevan el directo, no se sabe si con más precisión que calidad, pero sobre todo dando un resultado indescriptible. Y la destacable labor del director de todos ellos. Ramón Arcusa y Julio Awad componen un tándem como pocos dejando al musical, a este nivel, a la altura de muchas composiciones llevadas a los escenarios de Hollywood, pero sin salir de nuestras fronteras.

En conclusión, esta producción es el ejemplo de lo que es un buen musical sin escatimar en detalles. Todo un show que los aficionados no deben perderse y, no sólo ellos, sino cualquier persona con sensibilidad y que sepa disfrutar de lo que es un musical.

Ana Auñón

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