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TANGO EN ROSE (NUESTRA CRITICA)




La vuelta de quien nunca se fue...


Es como espiar desde otra ventana del mismo barrio un pedazo de realidad. La realidad de un grupo de amigos de toda la vida que comparte una pasión, el tango, y una incertidumbre, el destino de ese bar que hasta hoy los reúne y está a punto de separarlos. Por amor. No es el tango el tema sino la excusa que elige Andrea Ghidone, creadora de Tango en Rose, para contar el reencuentro entre dos que decidieron separarse pero nunca dejaron de amarse más allá del tiempo y la distancia. Ellos lo saben, sus amigos lo saben. Son Rose y Tango. Ella (Ghidone) vuelve de Europa por unos días después de haberse ido hace muchos años. Él, un hombre melancólico e inspirado, en la voz del siempre solvente Guillermo Fernández. Ambos esperan su momento en la madeja mientras Sebastián Codega en el rol de Victor, su amigo común, toma la punta del hilo y, con soltura y simpatía, va enhebrando de a poco personas y lugares para tejer esta entretenida comedia romántica, sin enredos ni melodrama, que apunta a subrayar el impacto que cada decisión puede tener en el curso de nuestra vida.

A Víctor le preocupa el futuro del bar y del trabajo de todos, la nostalgia de Tango por Rose, y un amor secreto que ya no puede ocultar. No está solo. Lo acompaña en sus desvelos Liz, una Ivanna Rossi que se destaca y brilla en su versión de Pipistrela, amiga de siempre de todos y confidente de Rose. Tanto comparten que tienen su rincón “estratégico” en el bar, un detalle interesante en la escenografía que pide algo más de luz aunque allí se juegue con el secreto. Con una visión impetuosa y convencida de las cosas Liz siempre va por más y se arriesga, mientras Víctor sopesa y equilibra. En la pulseada con el Destino, Liz es de las que hacen, Víctor de los que deja hacer. Por eso es ella quien intenta que la recién llegada asista a la Noche de la Rosa, esa fiesta popular que el barrio repite cada año, para poder disfrutar de su amor por el Tango (en su doble lectura) una vez más antes de volver a Europa. El barrio, el bar y el portal concentran la acción. Los tangos cantados o bailados marcan el tiempo. Un vestido de antes y una rosa de ahora hacen posible la magia del encuentro. Sin olvidar esa luna siempre presente que “platea” todo desde un pedazo de cielo en la lograda ambientación, con un aire de otra época y, a la vez, de actualidad vintage. Quizá con el objetivo de recordarle al espectador que no es una más entre tantas historias que ya no existen sino, como reza el tango, una que vuelve a repetirse.

En un viaje absolutamente disfrutable, pasan por Tango en Rose tangos emblemáticos como Barrio de Tango, Melodía de arrabal, Arrabal amargo y el inmortal La Yumba de Osvaldo Pugliese, dicen los que saben “el” tango para bailar. Qué placer ver y escuchar a los jóvenes músicos llevar con pasión el ritmo de la historia a puro tango. A cargo de Pablo Valle, en un piano sutil y profundo, se nota el disfrute y el arte de Leonel Gasso en bandoneón, Facundo Benavidez en contrabajo y Mayumi Urgino en el violín. Supieron crear clima, subir la tensión, jugar a la fiesta, acompañar el romance, “hablar” con los personajes para que la música pintara a actores, cantantes y bailarines con el espíritu, el afán, la actitud ante la vida que cada uno representaba. Impecables los cuatro bailarines, cada uno en su rol. Un galán serio y otro juguetón (Alejandro Andrian y Fernando Aranda Martinez) alternan baile y soporte a la trama junto a las bailarinas Débora Agudo y Laura D’Onofrio, que agregan a la técnica, histrionismo y calidez.

La interesante búsqueda de Ghidone, y lo prueba su inusual diálogo de cierre con el público, no es exclusivamente acercarnos un buen espectáculo, intimista y creíble, sino también conectarnos con lo que nos trajo hasta aquí, a cada uno y a todos en conjunto. Conectarnos con nuestra propia experiencia, con las relaciones y los sueños, las aspiraciones y los desafíos, las decisiones y las dudas que nos son comunes. Es mirar desde el hoy el pasado que nos construye y nos une. Cualquiera sea el ritmo: tango, trap o pop experimental. Es una historia donde late el 2x4 pero sin el sufrimiento, la tristeza o la melancolía que usualmente se le asocia. Tal vez es por eso y no sólo por el personaje, el color en el título.

G.G.B.

NOTICIA COMPLETA

Una comedia romántica en tiempo de tango donde el teatro, la música y la danza se fusionan para dar lugar a una historia cargada de humor, emoción y ternura. Tras varios años en Europa, “Rose”, ha regresado al país. Al llegar al barrio, se reencuentra con un viejo amor, “Tango” y de un momento a otro se ve enredada nuevamente en las divertidas locuras de sus amigos de siempre, “Liz” y “Víctor”. Un simple malentendido, una noche de fiesta y una flor, enfrentarán a Rose con partes de su pasado que creía conocer pero que harán de esta visita un punto de quiebre en su destino.

Idea: Andrea Ghidone Dramaturgia: Mike Fernández
Andrea Ghidone, Guillermo Fernández, Ivanna Rossi, Sebastián Codega.
Bailarines: Débora Agudo, Alejandro Andrian, Laura D’Onofrio, Fernando Aranda Martinez
Músicos: Pablo Valle (dirección y piano), Leonel Gasso (bandoneón), Facundo Benavídez (contrabajo), mayumi Urgino (violín)
Dirección: Ignacio Gonzalez Cano
Dirección musical: Pablo Valle
Producción: Tashi Producciones

A partir de enero 2020, de miércoles a viernes a las 20.00 hs, sábados 19.30 y 21.30 hs, y domingos 19.30 hs, en el Teatro Multitabaris Comafi-Av. Corrientes 831-CABA.

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