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VIVIMOS LA MAGIA DE LA CENICIENTA POR UN DÍA




Junio 2008-Crítica a la función infantil de “Cenicienta” en el Teatro Eugenia de Montijo de Madrid.


Todos sabemos de lo que se nos habla cuando oímos, la inequívoca palabra, Cenicienta. Sabemos, sobradamente, que se trata del personaje de una película de Walt Disney, en la que es una chica maltratada por la vida, pero gracias a su afortunado sino, acaba conociendo a su príncipe azul, que le saca de su malograda existencia.

No hace falta decir que, la fantasía, la magia, la música y la dulzura son ingredientes, imprescindibles, de este cuento que, tras más de 50 años desde su alumbramiento, sigue deslumbrando y creando sueños en su público.

No sería descabellado, pensar que, por un momento, este cuento se llevase a las tablas de un teatro para que, niños y mayores, pudieran disfrutar de la esencia de este impertérrito cuento.
Es, concretamente, en la zona de Carabanchel, de Madrid, donde pudimos ver cumplido nuestro sueño de ver a Cenicienta de carne y hueso. Es aquí donde el teatro musical, acompañado de los más conocidos cuentos de siempre, se funden para dar vida a semejantes interpretaciones en las que, los niños, son los verdaderos protagonistas.

Tras el telón del Teatro Eugenia de Montijo, los personajes de la película nos aguardaban y, aunque algo tarde, puesto que se retrasaron unos minutos, debido al exigente y menudo público, y a punto de que se rompiera el hechizo, brillaron con la misma luz de siempre, aunque con cierta y comprensible nostalgia, puesto que se trataba, en principio, de su última función.
Desde el comienzo de la función, y durante todo su transcurso, unos 75 minutos, nos vimos envueltos en la magia propia de los cuentos, esa que piensas que nunca podrás llegar a palpar. Desde la primera aparición de la protagonista, y sus aliadas las ratitas, te ves inmerso en una nube de fantasía, diversión y música, que no termina hasta que ves que se están despidiendo, y no te queda más que dejar el patio de butacas y volver a la realidad.

Al pensar que se trata de teatro infantil, podemos pensar que será algo banal, superficial, incluso pesado, para el público adulto…. Pero eso, amigos, dista mucho de la realidad. Los decorados, la iluminación, la música, los trajes… son sólo algunos de los muchos ingredientes que dan lugar a un maravilloso menú del que no se recomienda escapar. Los colores de la escenografía y las letras de las canciones, reflejan, y nos recuerdan, que nos encontramos en un teatro hecho por y para los niños, pero en el que pocos adultos, podemos salir confesando que no nos ha envuelto y llegado a devolver a nuestra más tierna infancia, en algunos, concretos, momentos.

Ese niño que todos llevamos dentro, sale a escena y se inmiscuye en la obra, llegando a perderle de vista, y dejando que se haga dueño de nuestro pensamiento y nuestra conciencia.
Sobre todo, con la música: toda ella, formada por composiciones originales y de letras fresquísimas y simpáticas, con las que los niños: ríen, cantan y bailan enloquecidos, y dando lugar a la segunda función dentro de la obra: la de ver a los niños disfrutando, como ellos mismos, y haciendo todo aquello que nos gustaría hacer a los de mayor edad.

En cuanto a los diálogos, son todos ellos modernizados, con un guión adaptado a los días en los que vivimos, y totalmente comprensible, tanto para niños, como para mayores. De la libertad de interpretación de los actores que nutren ese guión, depende que surjan novedades de rabiosa actualidad, y toques humorísticos que nos identifican, más si cabe, con la obra.

Lo que se mantiene intocable, muy acertadamente, son los objetos inertes que suponen las claves de la obra. Hablo de los zapatitos de cristal, la carroza y el vestido. El momento del vestido es, sin duda, de los mejores de la obra. En el escenario y, sin saber cómo, queremos pensar que es fruto de la magia, Cenicienta deja de vestir esos trapos de sirvienta, y se convierte en toda una princesa, con un precioso vestido, propio de nuestros más inalcanzables sueños. En cifras de segundo, la transformación de la protagonista cobra vida, dando lugar a que nuestra incredulidad, si ya no era poca, se haga dueña de nuestro razonamiento.
Todo está perfectamente medido, los momentos más estelares y los más complicados, han sido salvados correctamente, como en el caso de probar el zapatito a las hermanastras, o el momento en el que, éstas mismas, le rompen a Cenicienta el vestido que llevará al baile. Los ratones y el gato, puestos sabiamente para dar lugar a momentos de distensión y de risas en el que el patio de butacas se llena de nervios y risas ilusionadas.

Sólo nos queda decir que, a esta función, ya llegáis tarde, puesto que han dado las 12 y Cenicienta se debe marchar. Pero preparaos para sentir la magia y disfrutar del público infantil, porque, el próximo curso, vuelven con más encanto, más fuerza, y esperando que todos vayamos a verlos.

LO MEJOR:
- La música
- La escenografía
- La transformación de Cenicienta
- Los guiños modernos

LO PEOR:
- La maldad de la madrastra y las hermanastras
- La transformación de los ratones
- El excesivo toque “pijo” del hada madrina

PUNTUACIÓN: 4,5/5 CALIFICACIÓN FINAL: IMPRESCINDIBLE

Ana Isabel Auñón.

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